SIEMPRE TENDREMOS 20 AÑOS, de Jaime Martín

 

 

Título original:
Siempre tendremos 20 años
Sello: Norma Editorial
Artista: Jaime Martín
Publicación España: Septiembre 2020

Valoración: Y los que hay han cambiado, han cambiadoooo…

 

 

«Españoles… Franco ha muerto». Con estas cuatro palabras todos podemos situarnos en un momento concreto de la historia de nuestro país. Y es en ese momento cuando empieza este álbum que ha conseguido emocionarme con su viaje a una época que no volverá, repasando la vida del autor hasta prácticamente el día de hoy mientras analiza la situación de la industria del cómic en nuestro país, así como las diferentes crisis políticas y económicas que se han ido sucediendo. Un viaje desde la niñez a la madurez y un poco más allá centrado especialmente en aquella etapa de tu vida que piensas que…

SIEMPRE TENDREMOS 20 AÑOS
de Jaime Martín

En la vida (hoy vamos a hablar mucho de la vida así como concepto universal) hay momentos en los que piensas que todo va a seguir igual por muchos años que pasen, que tu familia, tu pareja y tus amigos siempre estarán ahí, que podrás beber y desfasar cada vez que quieras sin consecuencias y que ciertos problemas nunca te pasarán. Solo hace falta que el tiempo haga su labor y vayan pasando los años para darte cuenta que nada más lejos de la verdad, si bien hay honrosas excepciones que no dejan de ser la confirmación de la norma. De todas estas tragedias inevitables quizás la que más duela es la amistad. Tener unos amigos que piensas que van a ser para siempre y darte cuenta como la vida te absorbe y arrastra hacia otros caminos que quizás no vuelvan a cruzarse con los suyos.

De todas las virtudes de este cómic, que son muchas y todas muy apreciables, el modo en como trata la historia de amistad de Jaime y sus colegas del barrio durante los años buenos y los no tan buenos es sin duda la que más me ha gustado, la que me ha tocado la patata hasta ponerme blandito y a su vez la que ha conseguido arrancarme más sonrisas cómplices. Cargadas de nostalgia de la que se te clava en el corazón pero sonrisas al fin y al cabo. Porque los amigos de Jaime fueron también mis amigos cuando los conocí hace casi 30 años en los comics de Los Primos del Parque. Unos amigos que por nada del mundo hubiera dicho que volvería a ver. 

Así lucían los primos en los 90

Los Primos del Parque eran unos personajes, en el sentido más despectivo de la palabra, que aparecieron en un par de tomos editados por La Cúpula en el año 1992 y que cayeron en mis manos de adolescente en plena ebullición hormonal. La pandilla la formaban cinco chavales que se pasaban el fin de semana bebiendo, drogándose, haciendo gamberradas y viviendo ese tipo de aventuras que solo puedes vivir en esa etapa de la vida en la que todo lo que no sea divertirte no te importa un carajo. La lectura ideal para los jóvenes que, como un servidor, empezaban a probar lo que era salir con los amigotes por libre y experimentar todo aquello que el mundo te ofrecía. Aquello sí que te hacía sentirte identificado y no los problemas de Spiderman y compañía. 

Pero Los Primos del Parque duraron lo que duraron y, aunque he visto que en 2004 apareció otro tomo, la adolescencia duró un poco más pero también pasó, lo mismo que los 20 y los 30. La vida, lenta pero inexorablemente, se iba abriendo camino y cuando te quieres dar cuenta todo aquello parece un recuerdo borroso del que podrías incluso dudar de su existencia. Entonces, en el momento menos esperado, un día vuelves a saber de esta panda de mendrugos y ves que, como tú, han envejecido y se han convertido en otras personas distintas de las que conociste. Y aunque al principio duele, en el fondo te alegras un montón de verlos porque era algo que ya no esperabas que te volviera a pasar en la vida.

Ojo, spoiler.

Como decía antes este es tan solo el aspecto que más me ha gustado de la obra pero hay muchos más que hacen de la lectura de Siempre tendremos 20 años una experiencia enriquecedora para el lector. Aclarar, a buenas horas, que se enmarca en lo que sería una trilogía donde el autor ha ido repasando la vida de su familia pero que puede leerse sin haber leído las predecesoras Las guerras silenciosas y Jamás tendré 20 años. Aquí asistiremos al repaso de lo que ha sido la vida de Jaime Martín desde la muerte de Franco hasta el emocionantísimo epílogo del 2014, así como todas las circunstancias que se sucedieron en nuestro país en el que nunca nada parece ir bien. 

Hay mucha crítica social en varios tramos de la obra, empezando con aquella premonición de sus abuelos que veían que había mucho camino por recorrer aún hasta la crisis económica del 2008 que de un modo u otro afectó a cualquiera que la viviera en edad productiva. El drama social se hace más evidente cuanto más se acerca el autor a los suyos, a su entorno. El retrato de como era la vida en el extrarradio de una gran ciudad a principios de los 80 viene marcado por la violencia, las drogas y el sentimiento de exprimir la tan ansiada libertad, algo que no siempre se ha sabido canalizar de un modo saludable.

Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

La carrera del propio autor nos servirá para ir conociendo los entresijos editoriales de nuestro país, destacando el panorama de efervescencia creativa de los 80 (Martín empezó como profesional siendo todavía un adolescente) a la precariedad de los 2000 en los que el mismo autor tuvo que emigrar artísticamente a Francia para triunfar. En este sentido una de las cosas que más me sorprendió fue ver el cartel de autores invitados al Saló del Comic de Barcelona de 1990 de los que citaré los tres más grandes: Lee Falk, Joe Kubert y Will Eisner. Casi nada. 

Llegamos al final y todavía no he hablado del excelente labor de Jaime Martín al frente del dibujo y el color, de como sigue siendo un experto en cuanto a la expresividad y la movilidad de sus personajes, llegando a dominar a la perfección el efecto goma, de su narrativa exquisita donde todo fluye con naturalidad y del virtuosismo que desprende con el color para completar un trabajo de auténtico lujo. Todo lo que diga se va a quedar corto y además soy sospechoso de no poder ser imparcial con un autor que veo más como a un colega.

Un colega que me ha hecho un regalo inesperado y que ha venido a recordarme en la vida no hay que rendirse y que aunque no siempre tendremos 20 años, los tuvimos y los disfrutamos. Vaya si los disfrutamos, pero eso amigos, es otra historia…

¡Nos vemos en la Zona!

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CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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