SHHH, de Magnhild Winsnes

 

 

Título original:
Hysi TPB
Sello: Aschehoug Forlag
Artista: Magnhild Winsnes
Publicación Noruega: Noviembre 2017
Publicación España: Septiembre 2018 (Liana Editorial)
Valoración: La edad de la inocencia

 


Qué tendrán los veranos
, que tendrán. Desde la nada más absoluta, hasta acontecimientos que recordaremos durante el resto de nuestra vida, pasando por una sucesión de hechos de lo más intrascendentes: todo tiene cabida en los meses estivales. Incluso algunas transiciones vitales como el paso hacia la adolescencia, un argumento que ya desarrollaron con maestría Jillian y Mariko Tamaki en el imprescindible Aquel verano  publicado por La Cúpula. Y esa no es la única, pues distintas obras se han aproximado a este paso que inevitablemente se produce, de múltiples formas y en diferentes instantes según cada persona, pero con el mismo resultado: tomar conciencia del fin de la niñez. De las más recientes …

SHHH
de Magnhild Winsnes

Shhh ha aterrizado en nuestro país de manos de Liana editorial un par de años después de su publicación en Noruega -país del que, reconozcámoslo, no es muy habitual encontrar cómics en las baldas de nuestras librerías- y con varios reconocimientos bajo el brazo. La labor profesional de su autora Magnhild Winsnes no se circunscribe exclusivamente al ámbito de la ilustración, sino que es reconocido su trabajo en el campo de la animación bien como animadora, productora o directora (si sentís curiosidad por asomaros a algunos de sus cortos, este podría ser un ejemplo  y este otro).

De hecho, la autora reconoce en alguna entrevista que la animación es su medio natural y no es de extrañar que, en este su primer cómic, se observe algún mecanismo propio del séptimo arte. Más aún, inicialmente la idea de Shhh tomó en su mente forma de película de animación. No obstante, Winsnes finalmente optó por el noveno arte para plasmar la historia que quería contar; apostando por el control sobre el resultado y el proceso de ejecución del cómic frente al de la animación. Así pues, tras un par de años en los que alternó el trabajo en el cómic con otros de animación, Shhh fue una realidad. Una obra con una historia tan bien trabada y de semejante factura que, independientemente de que esté dirigida hacia el segmento del público infantil y juvenil, el lector adulto, con su bagaje emocional y vital, disfrutará sobremanera de lo que subyace en su argumento.

Cuando bucear era todo un reto personal.

Tremendamente emocional y sensitivo, concibo Shhh como la evidencia del abandono del estatus infantil, la pérdida de la inocencia o de la ilusión. Un tebeo que capta a la perfección esa sensación tan parecida a esa otra que se te queda en el instante en que dejas de creer en los Reyes Magos o en el ratoncito Pérez, en que te percatas de que los unicornios no existen. La vida se va abriendo ante ti con la llegada de la adolescencia: nuevas sensaciones, mayor comprensión hacia el funcionamiento del mundo, experimentación de cambios fisiológicos, desarrollo de capacidades y nuevas inclinaciones. Pero se torna quizá en algo más gris, en un bocado que nunca habías probado y que te parece fascinante en los primeros bocados pero que deja el regustillo amargo de haber dejado atrás algo tan preciado como la inocencia de la niñez. La sinceridad arrolladora y la transparencia de la que hacen gala los más pequeños deja paso a la mentira, a guardar interesados silencios, a traspasar límites que se antojaban infranqueables, a adquirir nuevos intereses y a denostar aquellos pequeños placeres.

El personaje de Hanna, delicioso y de una gran ternura, es la esencia destilada de todo lo anteriormente expuesto. El cómic recoge una semana de descubrimientos, un punto de inflexión que se produce en el que parece ser uno más de los veranos de su vida, durante el que tiene lugar la tradicional estancia de la niña en casa de sus tíos y junto a sus primas Siv, de su edad, y Mette, algo más mayor. Lo que vendría a ser el equivalente de esos veranos que muchos hemos pasado en los pueblos (o campings, casas de abuelos, etc), alejados del día a día escolar y de nuestro “yo” público y reconocido, con la libertad de no sabernos bajo la vigilante mirada de nuestros padres y en interminables jornadas estivales que amanecían como una promesa de mil aventuras. En la complicidad de primos, hermanos o amigos, cada día transcurría en la emocionante cotidianidad de las rutinas pactadas y de los sucesos extraordinarios que te podía ofrecer el entorno. Lo recordáis, ¿verdad? Se os ha escapado un sonrisilla al rememorarlo, igual que a mí.

Quien no haya hecho una cabaña (en un árbol u otro lugar), no ha tenido infancia.

Los rituales estivales de Hanna y Siv encuentran su cómplice en la naturaleza que les rodea. Pero parece que este año se verán interferidos por otro tipo de intereses, que nada tienen que ver con los habituales y que a Hanna ni siquiera se le pasaban por la cabeza antes de llegar a casa de sus tíos, deseosa como está de retomar el tiempo exactamente donde lo dejó el año anterior.

Lo cierto es que no hay que dejarse engañar por la contundente apariencia formal de sus 368 páginas. Se trata de un cómic de ágil lectura y de ritmos variables. Las viñetas a sangre, la inexistencia de límites regulares que encorseten cada viñeta, las splash page y las páginas dobles, así como el montaje, invitan a deslizarse a través del relato argumental sin hallar obstáculos que trunquen la cadencia secuencial. La elección de los planos, ángulos, escenas, transiciones entre viñetas y recursos gráficos empleados convidan al lector a detenerse y deleitarse en los momentos y en los sentimientos que sugieren, guiándolo a la hora de fijar su mirada en aquellos detalles esenciales en la construcción de la historia. Los escenarios y fondos de viñeta se reducen a la mínima expresión y únicamente cuando lo pide la trama, de manera que no nos desviamos de los instantes que estamos presenciando. La paleta de color, por otra parte, es armoniosa. La elección de tonos para personajes y entorno natural, así como la luz y las representaciones nocturnas, se basan en ese mismo principio de eficacia: significar pero no despistar. Me ha gustado especialmente la forma en que los personajes toman voz, cargada de intencionalidad, insinuando percepciones y proyectando caracteres a través de los efectos tipográficos o la representación de los bocadillos.

Esa ardilla parece que no está contenta con los nuevos vecinos…

La onomatopeya del título del cómic lleva implícito ese silencio que esperan de ti y que hay que guardar ante los secretos, pero también el eco de la soledad ante los cambios que ante ti se están produciendo y que no alcanzas a comprender.

Me da la sensación de que el cómic también propone una interesante reflexión sobre la percepción temporal, muy especialmente dirigida a los lectores que ya tenemos una edad. Mientras somos niños, todo parece inmutable en nuestros escenarios de infancia y da la sensación de que se detuviera el tiempo durante esos periodos temporales estancos (como el verano o las Navidades) construidos por rutinas y por la presencia de las mismas personas. Solo de mayores, con la perspectiva que da la edad, nos percatamos de la idealización de los recuerdos y de la tendencia del ser humano a homogeneizarlos, pues las pequeñas diferencias siempre han estado allí, aunque no fuésemos conscientes.

¿Quién quiere coche o moto pudiendo viajar en bicicleta con su primo?

Liana editorial cierra este 2020 engrosando un interesantísimo catálogo con obras más que destacadas, cuidadosamente seleccionadas y editadas, descubriendo a los lectores cómics de mercados que no tienen tanta presencia como los de mercados tradicionales, que la están asentando en el panorama editorial del noveno arte en nuestro país. Este título apto para lectores jóvenes y adultos es una prueba de ello: un delicioso relato narrado desde la cotidianidad sobre dejar la niñez y la forma en que tratamos de encajar en algo que no acabamos de entender del todo, pero a lo que no tenemos más remedio que irnos acostumbrando.

¡Nos vemos en la Zona!

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