SHE-RA Y LAS PRINCESAS DEL PODER. Orgullo guerrero

Título original: She-Ra and the princesses of power
Primera emisión: 13 de noviembre de 2018
Estudio: Dreamworks Animation (Netflix)
Creadora: Noelle Stevenson
Temporadas: 5
Episodios: 52
Género: Aventuras/fantasía
Valoración: ¡Por el honor de Grayskull!

El auge de popularidad de He-Man y los Masters del Universo fue cuando yo ni siquiera había nacido y nunca me había interesado por la franquicia. Sin embargo, cuando Netflix anunció que iba a dedicarle una serie en exclusiva a su prima, She-Ra, acogí la noticia con interés dado la alta calidad de otras series animadas anteriores de Netflix como El Príncipe Dragón. Y la serie no me decepcionó en absoluto. Desde los primeros capítulos se intuye un lore muy rico e interesante, con las facciones de la Horda y la Alianza enfrentadas en el reino de Etheria. Pero el verdadero núcleo de la serie es la relación entre Gatia y Adora, dos mejores amigas que se ven separadas cuando la segunda abandona la Horda para encontrar la espada mágica de She-Ra y unirse a la Alianza.

‘Hey, Adora’ se convierte en el mantra de la serie.

Con Glimmer y Bow como principales aliados, el núcleo de personajes del lado de los buenos que rodean a Adora no pasa de ser simpático (aunque ella sí que es una protagonista bastante solvente). Es en el tratamiento de los villanos en el que la serie brilla: la relación de Gatia y Adora está maravillosamente tratada y la caída a la oscuridad de la primera es como un accidente de tráfico que no puedes dejar de mirar, Shadow Weaver teje una red de manipulaciones y una relación tóxica con las dos chicas que va madurando a lo largo de la serie. Escorpia es un raro ejemplo de personaje majísmo que se ve formando parte del lado de los malos por las circunstancias. Y incluso Hordak, que empieza siendo un villano de opereta más clásico, acaba teniendo profundidad gracias a su relación con Tecnia, otro personaje cuyo entusiasmo por la ciencia la convierte en un principio en alguien bastante asocial y amoral.

Después de sentar las bases de la serie en la primera temporada, la segunda es más de transición, debido a que se parte por la mitad en la tercera. Pero la tercera no defrauda en absoluto, dándonos momentos muy divertidos y también dramáticos con Gatia. Las relaciones entre los personajes van ganando complejidad hasta llegar a la cuarta temporada, quizá la mejor de toda la serie. Los misterios respecto a la anterior portadora de la espada de She-Ra, Mara, se resuelven de forma muy efectiva. El distanciamiento de Glimmer, Adora y Bow hace que su relación gane interés, mientras que Gatia está completamente sumida en el abismo, y todo ello lleva a un clímax desolador. Por el contrario, la quinta temporada es catárquica y da todo lo que llevabas esperando desde el principio de la serie.

Del amor al odio hay un paso y viceversa.

Ha llegado la hora de hablar del aspecto más flojo de la serie: la animación. Su baja calidad provoca que las escenas de acción, que podrían ser espectaculares debido a los poderes de She-Ra y el resto de las princesas, no sean todo lo resultonas que deberían. Cabe destacar que esto se ve bastante paliado por unos diseños de personajes muy currados y reinterpretaciones estupendas de los de la serie original, pero la serie podría haber brillado mucho más en ese sentido.

Su representación LGTB en una serie de animación para niños ha de ser celebrada como un éxito. Relaciones sin tapujos, en algunos casos de personajes secundarios y en otros casos tratadas con profundidad y desarrollo. She-Ra y las Princesas del Poder es una serie de aventuras entretenida que en lo que más brilla es en el desarrollo de personajes, en especial en todo lo que gira alrededor de Gatia. Su animación es algo pobre, pero eso no impide disfrutar de una serie que se une a otros hitos de la representación LGTB en series infantiles como Hora de Aventuras o Steven Universe. Recomendable para todos los públicos.

¡Nos vemos en la Zona!

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