Satélite Europa #13: LUIS VA A LA PLAYA, de Guy Delisle

La semana que viene me voy de vacaciones. Por fin. Y no, no son las primeras del año pero sí las que entran en ese periodo por excelencia en el que todos, absolutamente todos, queremos desconectar más que el resto del año: El verano. Y quiso el destino hace escasos días, cuando me encontraba en esa red mundial llamada internet, plagada de información y de gente que “sabe” mucho, que me apareciese una imagen de este cómic. Así sin querer y de improviso, y rápidamente empecé a recordar, no sólo cómo di con él cuando apenas comenzaba en este mundo de los cómics, sino de una parte muy importante de mi infancia que no tenía olvidada pero sí aparcada en mi mente.

Luis es solo un niño con unas ganas de vivir más grandes que él. Ni siquiera ha amanecido y la desbordante inquietud le mantiene despierto a los pies de su cama esperando que salga el sol. Luis mira sin parar por su ventana esperando que los primeros rayos de luz marquen oficialmente el comienzo del día y el mundo empiece a rodar, aunque a él no le importa el resto del mundo, sólo su día, que empiece a brillar para dar rienda suelta a su ilusión. Hoy es un día muy importante porque…

LUIS VA A LA PLAYA
de Guy Delisle



Título original:
Louis à la Plage

Sello: Éditions Delcourt
Guionista: Guy Delisle
Artista: Guy Delisle
Colorista: Guy Delisle
Publicación Original: Ago. 2008
Public. España: Jul. 2010 (Kalandraka Editora)
Valoración: Mi infancia en viñetas /10

 


Guy Delisle
parece que ha pasado muchos años mirando a través de mi vida. Que se inspiró en mí y que yo, en cierto modo, soy Luis, o al menos dejadme que me lo crea. Este que os escribe, pese a ser un niño muy introvertido al que no le gustaba demasiado salir a la calle a jugar con los amigos, recuerda con muchísimo cariño los incontables veranos que pasó en Rota, pueblo de la bahía de Cádiz, rodeado de norteamericanos y gente de pueblo. Una extraña mezcla que ahora es algo de lo más normal pero que, para un crío de menos de diez años hace casi tres décadas, era otro planeta. Al igual que nuestro protagonista me pasaba horas y horas de un lado a otro de la playa llenando cubos de arena y haciendo fortalezas para ver como la marea las destrozaba bien entrada la tarde.

Cómo en ese idílico lugar la amistad se forjaba a base de patadas a un balón, de ver volar cometas a los niños mayores o de despedidas con un “mañana a la misma hora”. Chanclas que se llevaba el mar, juguetes olvidados en la arena o carreras al kiosco por un Mikolápiz o un Frigopie, ese era nuestro día a día. Luis tiene a su peluche y yo tenía a mis G.I. Joe’s, mis indios y vaqueros de plástico e infinidad de palas y rastrillos para que cualquier día en la playa fuera inolvidable. Mis veranos y el de Luis son tan parecidos que para mí no es un cómic, es un álbum de recuerdos.

¡Peluche al rescate!

La historia que nos cuenta el autor es todo eso resumido en un intenso día. Aventuras y desventuras con todas las letras donde nuestro pequeño protagonista apenas sale de una y se mete en otra mientras en su entorno los personajes secundarios, a cada cual más variopinto, entran y salen de la forma más graciosa posible dándole ese toque de humor que seguro hará reír a más de uno. Carritos de helados, cangrejos, los peligros de la mar cuando papá no vigila o algas bajo el agua que parecen monstruos marinos a punto de atacar cuando te rozan. Podría estar enumerando mil y una cosas más pero dejaré que cada uno descubra la obra cómo y cuando le apetezca, que el verano es muy largo.

Mención especial para el peluche de Luis, un burrito al que Delisle le da un particular protagonismo dotando a la obra de ese toque fantástico que encaja a la perfección en el conjunto. Le veremos entrar en acción en más de una ocasión convirtiéndose en el héroe que salva el día. Una historia en la que lo real es bonito y lo imaginario lo es mucho más. Es una maravilla ver cómo obras de tono infantil, donde se respira ternura e inocencia a cada viñeta y donde la historia es algo tan común, puedan transmitir tanto.

Un día de playa sin helado no es un día de playa.

La mayoría de las obras del autor canadiense cuentan vivencias tan propias como peculiares ya que su pareja, miembro de Médicos sin Fronteras, viaja por todo el mundo. Dadas estas circunstancias han salido historias como Shenzhen (2000), Pyongyang (2003), Crónicas Birmanas (2007) o la que le valió el prestigioso premio a mejor obra en Angoulême en 2012, Crónicas de Jerusalén. Todas ellas contadas, y ésta no es menos, desde la sencillez, enfocando conflictos y problemas desde una perspectiva simple y muy correcta, evitando grandilocuencias innecesarias.

Y que con un trazo claro e infantil más cercano a la caricatura, expresa perfectamente lo que nos quiere contar y rara vez deja a sus personajes inexpresivos. Que el dibujo no engañe a nadie, es sólo su forma de mostrarnos cómo ve el mundo desde sus ojos, sus experiencias y es en esta historia concreta donde ese estilo viene como anillo al dedo. La ausencia de texto pasa a convertirse en algo muy importante para el lector ya que aunque marca claramente una historia que, aun con guión no variaría en ningún momento, da una sensación de libertad, de invención o interpretación personal, que ha sido mi caso. Me ha resultado imposible no ponerle voz a Luis o frases que vagamente recuerdo de aquellos años de forma inconsciente y que, al acabar la lectura, me ha arrancado una sonrisa.

Haciendo nuevos amigos.

Esta pequeña joyita de Guy Delisle, sin pretensiones ni dobles lecturas, quizá pase desapercibida para mucha gente pero que para mí cuenta una parte de mi vida. Una muy importante. Un recorrido inocente y aventurero con aroma a los Goonies y a bocatas de paté. A reposiciones de sobremesa en la televisión y a coleccionar cromos cuando aún se usaba pegamento. Un placer del cual disfrutar, si la playa, el sol y la arena  fueron elementos importantes. Gracias, ‘jefaso’ por dejarme la libertad de usar esta obra para recordar mi infancia. Así da gusto.

¡Nos vemos en la Zona!

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1 respuesta

  1. Joe Runner dice:

    Me das mucha envidia, Fer. Yo y el sol estamos fuertemente peleados, pese a que he ido desarrollando cierto cariño por el astro con el paso de los años. Si voy a la playa termino socarrado como mínimo, pero he disfrutado de ella los días que no hace tanto sol gracias a su proximidad. Ahora tengo muchas ganas de leerme el cómic, encima de un tío que respeto enormemente desde Pyongyang y que se me hace rarísimo verlo en este tipo de vicisitudes. Gracias por descubrirme algo nuevo!

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