Satélite Europa #11: OKKO, de Hub

Digamos que tienes que sustentar tus sueños más lúbricos de friki consumado con una combinación imbatible de conceptos que humedecen tus zonas bajas y hacen que salives de puro placer. Supongamos (es un suponer) que, además, todas esas ideas que siempre te han vuelto loco y han causado en ti una profunda fascinación están ilustradas por un artista superlativo cuyo talento, volumen a volumen, va tomando el pulso de su propio arte, mejorando en cada página ilustraciones que creías inmejorables. Imaginemos que, puestos a elegir, la mezcla sublime toma forma en un trasunto de Japón feudal lleno de demonios, fantasmas, magia, samurais, súcubos, conjuros, getas, ninjas y mechas accionados por un complejo mecanismo basado en los gusanos de seda.

¿Ya?

Perfecto. Bienvenidos al mundo de…

OKKO
de Humbert Chabuel (Hub)

 


Título original
: Okko
Vol. 1 y 2: ‘Le cycle de l’eau’
Vol. 3 y 4: ‘Le cycle de la terre’
Vol. 5 y 6: ‘Le cycle de l’air’
Vol. 7 y 8: ‘Le cycle du feu’
Vol. 9 y 10: ‘Le cycle du vide’

Sello: Delcourt
Autor: Hub
Public. Original: dic. 2004 – nov. 2015
Public. España: abril. 2015 – oct 2016 (Vol. 1-5 , Yermo Ediciones)
Valoración: Pero qué bonito es este tebeo…/10


Para alguien como yo, un gafotas taciturno que basó su sólida afición a los cómics en las mallas multicolores de los superhombres norteamericanos, la BD europea era poco más que el recuerdo infantil de los tomos de Asterix y Tintín que devoré en la biblioteca pública. Esta dieta monotemática me llevó a ser un experto más o menos consumado en un estilo de contar historias muy concreto, alejándome de otras gamas y texturas ajenas a mis filias por una mera cuestión de costumbre. Yo era joven, ignorante y necesitaba el dinero…

Con la edad, como con el vino, la mostaza y la ropa interior de felpa, uno comprende que verlo todo a través de la lente de un único cristal convierte la experiencia en un campo homogéneo y, a la larga, aburrido. Aunque esto puede resultar suficiente para nuestros apetitos, nos aparta de obras geniales y dibujos alucinantes. Diversificar fue una autoimposición que me forcé a realizar consciente de lo limitado del panorama que solía visitar, y poco a poco fui consumiendo obras de otros géneros, países y temáticas en un tarea costosa pero muy enriquecedora. El trabajo que tenía por delante era casi infinito, pero aconsejado por algunos amigos mucho más curtidos que yo en mercados como el francés, llegué a la obra que hoy reseño hipnotizado por el afán consumista que despiertan en mí los tomos monolíticos y de precio imposible con el que Yermo Ediciones nos jode la cartera y nos alegra la vida. El fetichismo basado en el cartoné y el olor a tinta fresca es una condena cara e irresistible a la que te entregas con una satisfacción culpable casi erótica. Es un hecho probado. Palabra de vicioso consumado.

¿Alguien dijo acción en los BD?

Dividida en cinco ciclos (Agua, Tierra, Aire, Fuego y Vacío), Okko (además de ser el apodo del protagonista) narra la historia de un ronin a medio camino entre el asesino a sueldo y el cazador de demonios. Un espadachín invencible que deambula por el ficticio Imperio de Pajan acompañado de un gigante demoníaco llamado Noburo, un monje borrachín y afín a convocar espíritus elementales que responde al nombre de Noshin y Tikku, el típico joven aprendiz que además acaba convertido en narrador. Evocando continuamente la fascinante etapa del Japón de los shogunatos, Hub consigue un pastiche en el que se deja llevar por sus muchas influencias y llena cada tomo de cuantas cosas le fascinan, aprovechando esta tierra inventada llena de archipiélagos para poblarla de cuantas licencias y anacronismos se le ocurren. Tras el trasfondo histórico hay toda una colección de misticismo y mitología local reflejada con rigor antropológico, homenaje a ese mundo que tantas veces hemos consumido a través de películas de maestros como Kurosawa o en mangas clásicos como los de Koike y Kojima. Además, la ficción es una excusa para introducir elementos típicos del nuevo folclore japonés, representados en unas armaduras robóticas a medio camino entre el steampunk clásico y los icónicos mechas nipones. Es una flecha directa a nuestra patata, un canto de sirena irresistible para una generación entera que, como yo, recuerda al insufrible Richard Chamberlain jodiendo en televisión la novela de James Clavell en la ya mítica Shogun y atesora en su memoria cada uno de los exoesqueletos que danzaban en el Appleseed de Masamune Shirow.

El dibujo de Hub es un ejercicio que aprovecha la excusa argumental para recrearse, evolucionar y lograr una perfección y precisión incontestables al final de la saga. Mezclando una línea mucho más clara para definir a los personajes para que contrasten con lo barroco y sobrecargado de los decorados, cada página es una explosión de talento digna de ese chovinismo gabacho insoportable y, en ocasiones, tan justificado. Juega con maestría con las luces y las texturas, usando paisajes estacionales extremos para componer una sinfonía de colores variable que se adapta a la temática de cada ciclo. Destaca sobre todo el uso del blanco níveo en planos llenos de bucólica poesía y lo acertado de las atmósferas en las que la belleza y la violencia actúan como elementos complementarios en lugar de antagónicos.

El caos y la destrucción hecha poesía.

Sin que sus guiones sean una revolución literaria, Hub va tejiendo una serie de historias entretenidas, muy en la línea de las grandes superproducciones de Hollywood. Son el vehículo perfecto para construir un mundo reconocible y único por el que se mueven personajes llenos de carisma, tan arquetípicos como las facetas del alma humana que representan. Okko es un estilizado guerrero con rostro de Clint Eastwood que se alimenta de honor; cruel, arisco y noble, la muerte no es más que el final de los múltiples destinos posibles. Noburo es el enigma de rigor; el compañero fiel; el músculo que actúa como una apisonadora; el contrapeso perfecto en esa “buddy movie” clásica en la que los héroes son invencibles y fascinantes. Noshin es el punto de humor; el mago poderoso pero lleno de vicios que relaja la estricta tensión que guía el camino de su jefe, amo y señor. Por último, Tikku representa la juventud; la fascinación del alumno que descubre el mundo de la manera más drástica posible y que, al final, como en todo clásico, escribe la historia basándose en la nostalgia y la admiración.

En  definitiva, Okko es un tebeo que huele a clásico, se recrea en los paisajes y te deja boquiabierto con el despliegue visual de colores y formas. Embriagador como el país en el que se inspira, es una obra sólida, sin sorpresas, que resuelve con efectiva pericia los giros argumentales que presenta mientras te emborracha en cada viñeta con flores de crisantemo, katanas empuñadas con imposible habilidad y abundantes tragos de saque caliente. Una maravilla visual llena de detalles, imaginería deslumbrante y ese regusto minucioso, sobrecargado y detallista que tienen muchos de los trabajos realizados por autores franceses.

¡Nos vemos en la Zona!

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