ROMA. Una película para fotógrafos

Título original:
Roma

Año: 2018
Director: Alfonso Cuarón
Guión: Alfonso Cuarón
Fotografía: Alfonso Cuarón

Reparto Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf, Diego Cortina Autrey, Carlos Peralta, Daniela Demesa, Nancy García García, Verónica García, Latin Lover, Enoc Leaño, Clementina Guadarrama, Andy Cortés, Fernando Grediaga, Jorge Antonio Guerrero

Valoración: La película que emocionó a Ansel Adams

SinopsisCleo es la joven sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio de clase media-alta de Ciudad de México y esta es su vida. Conflictos domésticos y jerarquías sociales durante la agitación política de la década de los ’70.

Pocos años suelo estar de acuerdo con los premiados de la gala de los Oscars, al menos en los galardones que personalmente me interesan. A saber: mejor película, mejor dirección y mejor dirección de fotografía. Y ya. Y la verdad es que este año no tengo nada que objetarle a la Academia. Bueno, en cuanto a los premios otorgados, porque si nos metemos en los entresijos políticos que hay detrás de cada decisión no acabaríamos nunca.

Yo durante la gala de los Oscars.

Cuando dio comienzo la temporada de galas de premios cinematográficos y vi la cantidad de premios y elogios que iba cosechando Roma a diestro y siniestro, no tuve más remedio que ponerme a verla, que para eso pago Netflix, y efectivamente, me encontré con una obra de arte pensada como tal desde el primer plano hasta el último. Y no es una forma de expresión es exactamente eso.

Alfonso Cuarón ha firmado su película más personal, en la que rinde homenaje a su infancia y el momento político en el que se desarrolló. En un concepto muy alejado de lo que cabría pensar en un primero momento, se descuelga con esta obra ambientada en el México de los ´70 en la que entramos y salimos de la vida de dos mujeres muy distintas (una mujer de clase alta blanca y su sirvienta indígena que habla en mixteco) que se enfrentan a grandes acontecimientos personales y sociales que las obligarán a afrontar sus vidas de distinta manera, pero siempre juntas, hacia delante y sin perder un ápice de su fuerza. Un relato costumbrista de narración lenta, pero intensa, en el que tienen cabida un parto, un terremoto, un incendio, graves revueltas sociales y, probablemente, el rescate marítimo más poético de la historia del cine.

La vigilante de los payos.

Y es que Roma es sencillamente eso, poesía visual hecha para el más absoluto deleite del personal. Nosotros, como público, no estamos invitados a participar de la historia, sino que somos relegados al papel espectadores en sentido literal. Cuarón quiere que nos recreemos en cada imagen porque cada plano es una fotografía que cumple rigurosamente con todas y cada una de las reglas de composición de imágenes: diagonales, regla de los tercios, peso visual de la imagen, puntos de atención del ojo… un derroche de técnica fotográfica y composiciones al más puro estilo Alberto Schommer, al servicio de la historia que bien le ha valido todos los premios recogidos.

Porque detrás de cada uno de esos planos, hay un trabajo realmente increíble con el fotómetro, las distancias focales y la profundidad de campo, aguantando el primer plano de acción pero aportando más información desde el segundo plano, e incluso desde fuera de plano, aprovechando así el espacio total.

Lo de la profundidad de campo.

Con Roma Alfonso Cuarón, además de demostrar que es un gran director, deja constancia de su desparpajo fotográfico. Ha conseguido aportar a la historia del cine planos memorables en los que se ha medido la luz en una perfecta escala de grises que haría hincharse de orgullo al mismísimo Ansel Adams, consiguiendo que los negros mantengan textura y los blancos no lleguen a quemarse, ni siquiera rodando con el sol de frente. Impecable.

Cada elemento está colocado sólo para favorecer la composición, ya sean unas velas, unos coches aparcados, unos muebles… hasta las cacas de perro. Por este motivo casi toda la acción se desarrolla en plano general, dejando que la acción ocurra dentro del cuadro, pero sin dejar ningún movimiento interno al azar.

Lo de la composición.

Y llegados a este punto, me veo en la obligación de ensalzar el trabajo del operador de cámara, Galo Olivares. Porque una cosa es pensarlo y otra muy distinta, hacerlo. Y estoy segura de que, sin el pulso firme de Olivares, la película no hubiera lucido igual. A ver, que evidentemente ni un sólo plano lo realiza cámara al hombro, pero todos los movimientos de cámara resultan tremendamente sutiles en sus manos (y en las de sus trípodes y de sus grúas), empezando y acabando en cuadros impecables, ejecutándolos de forma suave y fluida y sin ningún tipo de corrección.

Este año tengo que darle la razón al resultado de los Oscars: Cuarón es un gran director de escena y de actores y un enorme director de fotografía. Y la historia que encierra Roma es sólo una excusa para demostrar que, técnicamente, su criatura no tiene rival y, de paso reivindicar que, sin luz, no hay imagen que valga. Si yo hubiera sido él, hubiera agradecido a la Academia por este premio durante la publicidad.

¡Nos vemos en la Zona!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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