ROBOCOP VERSUS THE TERMINATOR, de Frank Miller y Walter Simonson

 

Título original:
Robocop Versus The Terminator HC
Sello: Dark Horse Comics
Guionista: Frank Miller
Artista: Walter Simonson
Coloristas: Rachelle Menashe y Steve Oliff
ContenidoRobocop vs The Terminator #1-4 (Sep. – Dic. 1992)
Publicación USA: Julio 2014
Publicación España: Diciembre 2014 (Aleta)
Valoración: Vivo o muerto, tú vendrás conmigo /10 

  


Sí. Sobreviví a Metal. Quien me iba a decir a mí que acabaría echando bilis ante un guionista que me gustaba y defendía en mis círculos más cercanos. Pero lo mejor de deshacerse de la mierda es que ahora estoy mejor conmigo mismo, más liviano y qué coño, me he ganado una felicitación del gran Javier Marquina. Nada más que añadir, señoría. Ahora, ya metidos en faena, vuelvo con mi segunda incursión en los Crossovers Imposibles aunque en este caso ha sido una alegría de la mano de un grande entre los grandes como Frank Miller (¡toma ya!) acompañado de otro bicho del medio como Walter Simonson (¡Toma ya! Parte dos) y admito que reseñar al tito Frank me da mucho respeto porque, como lector siempre primerizo y que no deja de aprender y descubrir, puedo pasar por alto alguna intención del autor. Aún así, continuamos con los cruces locos. Frank, al turrón. 

La Tierra. 2029. Flo Langer, una soldado de la resistencia rebelde humana, accede al equipo de desplazamiento temporal de Skynet donde consigue enviarse a sí misma al pasado para acabar con la mente que lo originó todo dándole conciencia y todo el poder a las máquinas: el policía de Detroit, Alex Murphy convertido ahora en Robocop, el protector implacable de la ley. A ponerse la armadura metálica y a hablar como Stephen Hawking que nos vamos de cabeza a… 

ROBOCOP VERSUS TERMINATOR
de Frank Miller y Walter Simonson 

Esto por haber hecho ‘Pluto Nash’

Quizá pueda parecer fácil elegir dos de los iconos del cine de finales de los ochenta y principios de los noventa con muchos paralelismos para crear una cohesión plausible y creíble, que quizá Miller tirara por lo seguro y aprovechara los derechos que Dark Horse acababa de adquirir sobre los personajes, y por su implicación en el guión de las secuelas de Robocop, para ganarse unos dólares extra tras el soberbio despliegue de historias de calidad que hicieron de él años atrás un referente del cómic. Aquí el guionista de Maryland se mea directamente en la ciencia ficción en favor de la acción dejando los viajes temporales exentos de la esperada y sesuda lógica que ello conlleva. Pero consiguiendo que nos dé completamente igual mientras la batalla sigue caliente y las armas humeantes. Es Miller, no tenemos que dejarle, DEBEMOS dejarle. 

La historia es seria, directa a la acción desde las primeras viñetas, pasando totalmente de situaciones para perder el tiempo. La satisfacción de los momentos álgidos envueltos en ciencia ficción le dan a la historia el frenetismo que se espera de ambos titanes de acero y pese al tira y afloja de los mencionados viajes en el tiempo, sobre todo en el tramo final de la historia que parece que puede ser repetitivo, acaba finalmente dando la sensación de bien hilado donde quizá mi percepción como lector durante la misma me confundiera. Culpadme a mí, no a Frank. 

Lanzamiento de terrorista, deporte olímpico.

Miller consigue integrar al personaje de Robocop en el universo de Terminator yendo más allá para que el resultado final acabe siendo una colorida pirotecnia de explosiones para que la historia acabe por todo lo alto. Allana el terreno magistralmente para crear un conflicto donde involucra pasado, presente y futuro y ningún cambio temporal lastre la fluidez de la historia. Me imagino a Ales Kot intentando esto y seguro que el resultado es una embolia (o suya o del lector). Pero ante tanta ciencia ficción a pachas con la acción, hay espacio para el factor psicológico, para que los personajes se paren a pensar en cómo se ha llegado a eso, en la máquina con conciencia propia y en la humanidad casi extinta por éstos y que luchan a duras penas por sobrevivir. Unos textos en off y una introspección de Alex Murphy como máquina con conciencia humana, con retales de una vida entre tanto metal que son lo mejor del cómic. 

El cuerpo metalizado del policía de Detroit, su mente aún humana y consciente de ello pese a su vinculación artificial es la baza más  interesante que nos plantea Miller mientras la historia va avanzando con un trasfondo moral superficial aunque bien tratado. Los planteamientos se agradecen y dan un enfoque más profundo a la obra mientras que la acción no pasa nunca a segundo plano. El frenetismo no para pero hay tiempo para puntuales reflexiones. E incluso ambos autores se dan el lujo de marcarse unos guiños finales que los más viejos en estos lares sabrán identificar perfectamente. 

Reconocería ese ojo en cualquier parte.

Walter Simonson, que se sabe es gran deudor del arte de Jack Kirby, pese a no llegar al nivel demostrado en Thor, aquí se apropia de la acción y disfruta con grandes perspectivas y protagonistas metálicos en primer plano, ya sea por puro vacile como por la necesidad en la acción. Todo con un detalle minucioso que da un empaque enorme a ambos bandos de la batalla. La caracterización de Robocop, incluso con la cara reconocible de Peter Weller cuando no lleva el casco, no hace más que afianzar la solidez artística, muy por encima de los T-800. Poquísimos peros pueden ponerse al uso de grandes onomatopeyas, de explosiones y armas futuristas bien recreadas junto a unos personajes con mucha fuerza visual pero todo sin aspavientos gráficos que, sinceramente, no son necesarios. 

Pero tampoco hay que olvidarse del color. El trabajo de Rachelle Menashe, muy vinculada a la editorial Dark Horse con cómics sobre sagas de cine como Star Wars, Alien, Indiana Jones, Depredador o Species, en los dos primeros números y de Steve Oliff, conocido sobre todo por dar color a la creación de Todd McFarlane, Spawn, en los dos siguientes están al nivel de los dos grandes afianzando esa solidez global que, sin darle al cómic el título de imprescindible, sí que lo convierte en una lectura para cerrar el tomo satisfechos

¿La gorra de lado? ¿en serio¿ ¡BLAM!

Tenemos aquí el ejemplo perfecto de cómic bien hecho que se sabe tomar las licencias que el autor quiera o necesite sin que pierda cualquier calificativo positivo que se nos ocurra y que, pese a ello (y repito, ni lo necesita), esté encumbrado como una obra magna del género. Acción por la acción como cualquier película noventera del género que se precie y tirando millas. ¡Ah! Por cierto, yo soy más de Terminator. 

¡Nos vemos en la Zona!

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