REDNECK, de Donny Cates y Lisandro Estherren

 

Título original:
Redneck, vol. 1-3, TPB
Sello: Skybound

Guionista: Donny Cates
Artista: Lisandro Estherreu
Colorista: Dee Conniffe
Contenido: Redneck #1- 18 (Abr. 2017 – Ene. 2019)
Publicación USA: Abril 2017 – en publicación
Publicación España: –
Valoración:
No hay finales felices cuando vives eternamente

 

 

Pese a mi constante insistencia, parece que, en la fecha en la que escribo esto, ninguna de las editoriales de cómic españolas está por la labor de licenciar Redneck. Y es algo que me duele, pues creo que, aunque mi particular devoción por Donny Cates pueda nublar mi juicio, esta es una de las mejores series regulares que se están escribiendo a día de hoy, y más tras el inminente cierre de Gideon Falls. Quizá es precisamente por eso por lo que no puedo dejar de recomendar esta obra, ya que siento que nos están privando, a los lectores españoles, de una de los cómics actuales más potentes.

REDNECK
de Donny Cates y Lisandro Estherren

En Redneck, Donny Cates plantea una inversión al tradicional mito del vampiro americano que nos encontraríamos en la literatura gótica, pues en esta ocasión serán los propios vampiros quienes permanezcan bajo el yugo de los humanos, los verdaderos monstruos de esta historia. Aunque Cates no tardará mucho en recordarnos que esta sumisión es plenamente voluntaria y que, si se ven acorralados, los vampiros no tendrán reparos en demostrar lo superiores que son y el daño que verdaderamente pueden causarle a la humanidad.

Quizá esta es una idea que, por desgracia, ya hemos visto planteada en otras ocasiones, pero como suele suceder en las obras del texano, la virtud de Redneck no está en su planteamiento, sino en su ejecución. Cuando hablamos de Cates, no hay que poner tanto el punto de mira en la sinopsis macarra y grandilocuente que plantea, sino en los mecanismos narrativos que emplea para deformar esa idea inicial y en el discurso que hay detrás de todo ello. Por supuesto, todo esto lo hará en su amada Texas, cuya geografía iremos explorando en más detalle según avance la serie. Y, como no podría ser de otra manera, lo hace a través de una familia disfuncional, de grupos paramilitares y de sectas satánicas. Porque, de lo que realmente habla, no es de vampiros, sino de familia, pero no puede dejar de ser un macarra.

Abuelito dime tú.

Redneck es, en definitiva, un relato sobre la identidad y en concreto sobre la identidad familiar. Un cómic que reflexiona sobre el sentido de pertenencia, a un lugar, a unas personas, y también sobre los conceptos de unidad y de lealtad. Casi siempre se habla de Lemire, o incluso de Tom King, como esos guionistas del panorama mainstream actual que abordan sus obras desde una perspectiva familiar y normalmente dramática. Pero, aunque Donny Cates pueda engañar, precisamente por esa grandilocuencia temática, esa acción desbocada y ese ritmo frenético en su narrativa, en el fondo es otro de esos guionistas con la vista siempre puesta en la familia y, habitualmente, en la tragedia.

A lo largo de estos primeros dieciocho números, Cates nos hará recorrer una verdadera montaña rusa emocional que, conociendo un poco al autor, puedo afirmar que nada de lo que escriba para hacer que te sientas bien o sacarte una sonrisa lo hace únicamente con esa intención. Cuando te pone la miel en los labios es para, acto seguido, dar un giro completo a la historia que te dolerá tanto que querrás arrancarte el corazón del pecho. Sin embargo, y como ya le ha pasado en otras de sus series regulares como Babyteeth, el ritmo narrativo es muy dispar entre los distintos arcos argumentales, y en ocasiones parece que la historia avanza a trompicones, en contraposición a pasajes tan frenéticos que te dejan sin respiración. Con todo, merece la pena darle la mano y acompañarle en este viaje de locura y dolor.

Al cuello, a degüello.

Además, todo ello lo circunscribe en un riquísimo universo que el propio Cates ha construido desde cero. Y como reconocido fan del género vampírico que es, se divierte jugando y retorciendo conceptos del mito gótico tradicional. Veremos a Cates reinventando las “reglas” a las que están sometidos sus vampiros, y jugando con ellas a lo largo de toda la obra. De hecho, la forma que tiene de presentarnos algunas de estas normas, como qué puede matar a un vampiro y qué no, sirven además de recurso narrativo para lograr que la historia avance por donde él quiere. Una jugada muy inteligente y que, al final, integra una mitología propia que resulta muy orgánica para el lector, pero ante todo muy efectista, que es lo que busca el guionista.

El apartado gráfico no podría ser más adecuado. El dibujo de Lisandro Estherren, hasta ahora un completo desconocido para mí, encaja a la perfección con el tono de la historia. Pues a pesar de ser un estilo mayoritariamente sucio y abocetado, es capaz de darle la pausa que necesita en los momentos más reflexivos, y al mismo tiempo de plasmar secuencias de acción de las que te dejan con la boca abierta un par de segundos. Algo que solo se ve amplificado por la maestría de Dee Cunniffe al color, logrando representar ese ambiente árido de las llanuras de Texas, ese ambiente que, al fin y al cabo, no podría ser más Redneck.

Primero disparo y luego pregunto.

Muy probablemente estemos ante el mejor trabajo de Donny Cates hasta la fecha. Un cómic que en clave de thriller con tintes de terror gótico, no es sino un relato familiar sobre la identidad y la pertenencia, pertenencia a una tierra, a una familia, y sobre cómo la compasión y la empatía son las únicas formas de sobrellevar una vida eterna.

¡Nos vemos en la Zona!

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