RAMBO: LAST BLOOD. A ver si es verdad

Título original:
Rambo: Last Blood
Año: 2019
Director: Adrian Grunberg
Guión: Matthew Cirulnick, Sylvester Stallone
Fotografía: Brendan Galvin

Reparto: Sylvester Stallone, Paz Vega, Adriana Barraza, Yvette Monreal, Sergio Peris-Mencheta, Marco de la O, Óscar Jaenada, Rick Zingale, Louis Mandylor, Jessica Madsen, Nick Wittman, Sheila Shah, Díana Bermudez, Atanas Srebrev, Aaron Cohen, Manuel Uriza, Owen Davis, Dimitri Thivaios, Genie Kim, Ricky del Castillo, Joaquín Cosio.

Valoración: Disparar primero, pensar después

Sinopsis: John Rambo está en horas bajas y viviendo en un rancho de Arizona, pero cuando recibe la noticia de que su sobrina ha desaparecido, tras haber cruzado la frontera a México, Rambo decide ir en su búsqueda.

Cuando Rambo: Acorralado Parte 2 se estrenó en 1985, Stallone se convirtió en el héroe por antonomasia de la era Reagan (aquel año se estrenó la hilarante Rocky IV, con Rocky derrotando a la URSS en el ring). El veterano que regresaba a Vietnam para rescatar soldados americanos en una indescriptible hazaña bélica era la revancha no sólo por la guerra perdida, sino más importante, contra el sector estadounidense que condenó la Guerra de Vietnam, el gobierno que los repudió y contra el cine que más duramente criticó esa crisis social (y en el que se podría adscribir el primer Rambo, estrenado tres años antes). De esa forma, América paró de autocompadecerse y pasó a la acción, primero en Vietnam y luego en una tercera secuela en Afganistán (en la que Rambo se aliaba con las guerrillas islámicas, futuros talibanes, para combatir a los comunistas).

¡Dios mío que vienen los «carlitos», wey!

Por eso, que en plena era Trump regrese John Rambo con una misión que le llevará a la frontera a luchar contra una red de proxenetas mexicanos parece poco menos que injustificable. En las primeras escenas de la película, antes incluso de cruzar la frontera y conocer a los malos de turno (entre los que está Óscar Jaenada), ya vuela la sombra de México como una tierra baldía, salvaje y peligrosa, a la que nueva ahijada de Rambo no debe entrar bajo ningún concepto. La película no tiene reparos en poner los estereotipos a plena máquina, lo que (comprensiblemente) escandalizará a muchos, mientras que a otros seguramente les complacerá ver a este implacable héroe americano enfrentarse a la amenaza mexicana.

Sin embargo, antes de saltar a conclusiones precipitadas, hay que conceder que Rambo V intenta ser algo más que un instrumento propagandístico… el cual, también sea dicho, dudamos que lo sea desde el principio. No veo a Trump metiendo a Rambo en algún discurso, y ni la opinión pública ni a su votante medio le va a importar mucho lo que ande haciendo ahora un veterano de Vietnam de 70 años que, literalmente, no tiene donde caerse muerto. El propio Stallone insistió, en mayo de este año, que Rambo nunca tuvo la intención de ser algo político, y sólo era una historia interesante sobre un hombre alienado, antes de que Reagan decidiera que era republicano.

Jaenada y Peris-Mencheta, más mexicanos que los chiles.

¿Es, por tanto, el contexto político lo que hace a la película, o es el contexto el que se apropia de la película? Pienses lo que pienses, poco va a importar a la hora de disfrutar o no de la película, la cual, en líneas generales, no es gran cosa, aunque tiene algunos puntos interesantes. Por un lado, se aprecia la intención de regresar “a los orígenes de la saga”, si es que definir de alguna forma. Aquí tiene más peso el drama psicológico del personaje de Rambo, intentando sobrellevar su pasado traumático e intentar pasar página a su manera, que los tiros y la ultraviolencia que ocupaban casi la totalidad del metraje de las anteriores secuelas (salvo la primera, claro). Para ello, se involucra a Rambo en medio de un drama familiar bastante aburrido que, francamente, ocupa más tiempo que el que necesita, pues solo sirve como excusa argumental para empujar a Rambo a una nueva carnicería.

Entre medias, hay algunos coletazos de lo que podrían haber sido subtramas que se acaban dejando por el camino (¿esa es Paz Vega?), porque lo único que importaba era llegar al tercio final de acción, que por cierto es como una versión R del final de Skyfall, que a su vez era una versión PG-13 de Home Alone. Rambo utiliza todos sus trucos en una secuencia absurdamente gore, que parece más propia de un slasher que de un drama psicológico. Y la verdad, mentiría si dijera que no la disfruté un montón, casi tanto como el propio Rambo, que parece que solo se siente realmente en su salsa ideando formas absurdas de matar. Un poco contradictorio si pensamos que un drama sobre los estragos de la guerra en una persona termina con una secuencia de acción involuntariamente cómica… aunque, sinceramente, yo creo que no es involuntario.

No siento los ojos…

La película intenta ser muchas cosas a la vez, y aunque se empeña en defender un aura “más psicológico y emocional”, cercano a la película y novela original (cuyo autor no ha tardado en desmentir), al final pesa más la ultraviolencia, la trama unidimensional y la acción sin pretensiones que ha caracterizado la saga. ¿Acaso debería sorprendernos? Los fans del cine de acción probablemente se distraerán con sus escenas de acción bien dirigidas y la intensa interpretación de Stallone, siempre que no esperen encontrarse con algo más que un ramplón entretenimiento de serie B.

¡Nos vemos en la Zona!

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