¿QUIÉN LE ZURCÍA LOS CALCETINES AL REY DE PRUSIA MIENTRAS ESTABA EN LA GUERRA?, de Zidrou y Roger Ibáñez

 

Título Original:
Pendant que le roi de Prusse faisait la guerre, qui donc lui reprisait ses chaussettes?
Sello: Dargaud
Guionista: Zidrou
Dibujante: Roger Ibañez
Publicación Original: Septiembre 2013
Publicación España: Noviembre 2013 (Norma Editorial)
Puntuación: No lo llames héroe sin capa, llámalo ser humano /10


Hijos cuidando padres enfermos
sin más medios que ellos mismos, madres solteras partiéndose la espalda por llevar a su crío a un buen colegio, curritos y curritas de turno que hacen más horas que un reloj para poder llevar la poca miseria que ganan para su familia o, simplemente, vivir de forma decente, hijos estudiando como unos cabrones para que sus padres no tengan que pagarles la universidad y poder conseguir una beca, un policía tranquilizando a una abuela que ha perdido a su nieto mientras moviliza a todo el mundo, un grupo de personas cantando espontáneamente en el lugar de un atentado e incluso un par de chicos que rescatan un perrete muerto de miedo de una tubería…

Existen tantos casos, como humanos hay en La Tierra. ¿Y todos ellos son héroes sin capa? NO. Son seres humanos. Luchadores del día a día que no aceptan una rendición como respuesta y que consiguen con su esfuerzo, un mundo un poquito mejor, sin esperar un premio, sin esperar nada a cambio. ¿Por qué? Porque son buenas personas en esencia que hacen de este mundo cada vez tan apaleado y depresivo un mundo mejor. No sin un coste, por supuesto. Al fin al cabo, son (somos) seres humanos y como tales, tienen (tenemos) sus (nuestros) altibajos. Esta historia de lucha y superación que os reseño es una entre millones, y tiene un título al que, si le das una vuelta, seguro que das con la respuesta…

¿QUIÉN LE ZURCÍA LOS CALCETINES AL REY DE PRUSIA MIENTRAS ESTABA EN LA GUERRA?
de Zidrou y Roger Ibáñez

Hace poco menos de cinco años, de hecho, la casualidad quiso que ocurriera el mismo mes y el mismo año que se publicó esta BD, se inició una debacle en mi vida en forma de accidente de bicicleta, mientras iba al trabajo, que casi me perfora la arteria femoral de la pierna izquierda. Por suerte, no estuve solo. En urgencias apareció mi amigo Antonio, con el que se supone que iba a quedar después de trabajar y que se quedó conmigo todas las horas que estuve en el hospital. Pata en alto, me fui recuperando poco a poco mientras pensaba en lo afortunado que era al tener amigos así, amigos con los que contar en lo bueno y, sobre todo, en las desgracias. Eso es para mí un héroe sin capa, un buen amigo. Y, ante todo, una buena persona que hace las cosas sin esperar nada a cambio. Y es que tragedias nos pueden pasar a mí, a ti, a él, a cualquiera. Eso es innegable. Pero ahí están las buenas personas que te rodean para echarte una mano, que seguramente serán pocas porque la hipocresía impera, pero, aunque sean cinco o seis, hay que cuidarlas como si fueran tu mayor tesoro.

La historia que nos ocupa, transcurre en la Francia actual. Catherine, viuda de 72 años, cuida sola de su hijo Michel, de 42, que por un accidente de automóvil se convirtió en lo que podemos llamar de forma políticamente correcta, un niño de siete u ocho años. No podemos hablar de retraso, porque seguro, puede haber algún ofendidito que salte, pero las cosas son así, esta señora cuida un niño pequeño dentro del cuerpo de un señor orondo de más de 40 años.

Lo que nos cuenta el álbum es el día a día de esta relación madre-hijo, principalmente. No esperéis un transfondo social ni nada parecido. Es Catherine cuidando de Michele. De sus recogidas en la parada del bus del centro de día, de las visitas de sus familiares, que lo tratan como uno más, de sus paseos en el parque y sus piques con los otros jugadores del cuatro en raya, de sus conversaciones con su tortuga, y sobre todo las refleixones de Catherine, esa mujer, que podría ser tu madre, la mía o la del vecino de enfrente. Pero, sobre todo, es una madre luchadora, que no se da por vencida.

Zidrou no nos muestra un drama lacrímogeno en el que Catherine parece ser la víctima de todo esto. La vida le ha dejado en esta situación y ella lo sabe y lo acepta. Michel, en su medida, tambien lo acepta. Ambos se quieren, se abrazan, se pelean y se reconcilian.

No esperéis que Zidrou muestre un atisbo de lástima o victimismo por parte de nadie, ya que el guionista francés, relata una historia tan real y tan cruda que nos puede pasar a cualquiera. En este cómic no vas a encontrar algo tan manido “que pena doy y que mal me ha tratado el mundo”. Es simplemente la vida.

Por supuesto, como dije anteriormente, Catherine, no es una heroína sin capa (ni con ella ), es un ser humano, y como tal, necesita sus ratos a solas, y son estas páginas las que nos dan más transfondo de la historia, el por qué el estado actual de Michel y las consecuencias de las personas que lo rodean. Zidrou, por lo tanto, no pretende ir a la lágrima fácil. Aunque eso sí, hace una historia tan humana y cercana que duele. Duele porque sabes que ellos pueden ser tu madre y tú, tu amigo y su madre, tu tía y tu primo y eso acongoja. Pero repitamos, no entra en el drama ni el llanto fácil en ningún momento.

Creo que al dibujo de Roger Ibáñez le sobran los adjetivos. Es tan fantástico el trabajo gráfico que realiza, las caracterizaciones, las emociones, el ambiente. Simple y llanamente un dibujo de diez y que sabe transmitir perfectamente lo que Zidrou quiere reflejar en esta Bande Dessinée.

Un cómic tan humano, que no te vas a sentir indiferente al cerrarlo, a no ser que seas un ser sin alma ni sentimientos. Amarás a Catherine, amarás a Michel, comprenderás sus penas y alegrías, e incluso, te puedes llegar a sentir identificado con los familiares de ambos, por qué no. Acaso, ¿no somos humanos? ¿Con nuestras virtudes y defectos, miedos y sueños?. Pero al leer esta BD te darás cuenta que aún queda esperanza en este mundo y que puedes ser mejor persona de lo que ya eres. El mundo sigue girando y las buenas personas (ésos llamados para mi disgusto “héroes sin capa”) giran al ritmo del orbe celeste. Y que no paren.

¡Nos vemos en la Zona!

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