PUÑO DE HIERRO: ARMA VIVIENTE, de Kaare Kyle Andrews

 

 

Título original:
Iron Fist: The Living Weapon

Sello: Marvel Comics
Artista completo: Kaare Kyle Andrews
Contenido: Iron Fist: The Living Weapon #1-12
(Abr. 2014 – May. 2015)

Public. USA: Nov. 2014 – Ago. 2015
Public. España: Mar. 2015  Sep. 2015 (Panini)
Valoración: 8/10

 

 

Lo fácil es coincidir con todo el mundo y decir que algo es una mierda cuando el resto de la humanidad refrenda la misma posición que tú. Unirse a la masa para sentirse protegido es uno de esos tics lógicos que surgen de nuestros más profundo instinto de supervivencia. Es lo confortable del grupo: no tienes que destacar, tan solo asentir y no diferenciarte del rebaño.

Claro que, a veces, a uno le apetece levantar la mano y decir algo inconveniente o que se salga de madre. Al menos un poco. Todas la personas con las que he hablado de esta serie la odian. Les parece eso, una auténtica mierda. Yo intentaré explicar por qué me ha gustado.

(Vale, reconozco que el 8 de la valoración se lo he puesto para llamar vuestra atención y que comencéis a leer con el insulto hacia mí preparado en la boca. Quizá sólo dé para un 5 pero, qué coño, lo que interesa es generar polémica).

Os invito a acompañarme a recorrer el fascinante mundo del…

PUÑO DE HIERRO: ARMA VIVIENTE
de Kaare Kyle Andrews

Rabia y Redención

Daniel Rand, a.k.a Puño de Hierro, es uno de esos personajes surgidos en la década de los 70 que intentaba ocupar el hueco creado por cualquier cosa que partiera la pana en aquel momento. Las películas Bruce Lee, la serie Kung Fu protagonizada por Bill, digo… por David Carradine y el auge de las artes marciales en general eran buenas excusas para crear colecciones que, invocando a los instintos consumistas más bajos del personal, aprovecharan el tirón de la moda de turno. De ahí surgió Shang-Chi, maestro del Kung Fu, hijo de Fu-Manchú y agente secreto zen; una serie que nos dejó grandes momentos ilustrados por el siempre brillante Mike Zeck y una etapa clásica escrita por Doug Moench y dibujada por Paul Gulacy. De ese caldo de cultivo algo casposo nace también este Puño de Hierro, uno de los superhéroes con el traje más hortera de la historia: pecho al descubierto, cicatriz/tatuaje con forma de dragón, mallas ajustadas a mitad del gemelo y, sí, amigos, zapatillas amarillas de bailarina de ballet.

Power Man and Iron Fist #50 (Abr. 1978)

Con estos mimbres las cosas no pintaban precisamente bien, pero la llegada de dos autores míticos de la Marvel de los 70 y 80 cambiaron el destino de nuestro amigo Daniel para siempre. Chris Claremont y John Byrne pusieron a nuestra querida arma viviente con influencias de budismo nepalí en el mapa superheroico, posición que se acabó de consolidar con la llegada de Luke Cage (alias Power Man, personaje que fusilaba sin misericordia a Shaft y a la Blaxploitation) y el nacimiento de uno de los dúos más celebrados y recordados de la historia de La Casa de las Ideas: los Héroes de Alquiler.

Pasados estos años de magia, Puño de Hierro fue dando bandazos sin pena ni gloria, muriendo, cambiando el color de su uniforme y resucitando alguna que otra vez para cumplir con las reglas fundamentales de la editorial que lo vio nacer. Podríamos destacar algunos momentos puntuales como la vuelta del personaje a la vida en la colección de Namor guionizada y dibujada por Byrne, o la enésima encarnación de los mencionados Héroes de Alquiler dibujados por Pasqual Ferry, pero sólo fueron chispazos en un mar de negrura. No fue hasta el año 2006, cuando Ed Brubaker y David Aja (Matt Fraction también estaba ahí, pero me parece un guionista sobrevalorado e incompetente y lo odio profundamente como autor, así que voy a obviarlo por completo de los créditos) se hicieron cargo del personaje y crearon The Immortal Iron Fist, una serie llena de conceptos nuevos que jugaba con la idea de diferentes encarnaciones del avatar conocido como Puño de Hierro a lo largo de la historia. Recomiendo a todos los que aún no lo han hecho la lectura de esta colección, auténtica maravilla del siglo XXI.

Leedlo, y si ya lo habéis leído, leedlo otra vez.

Y con estos dos antecedentes, llegamos al 2014, a la nueva Marvel y a la nueva colección dedicada al señor Rand: Iron Fist: Living Weapon, de Kaare Andrews.

Sí. Es cierto. Lo de narrar la caída, muerte y resurrección del héroe cuando a uno le dan una colección y libertad completa para hacer y deshacer como se le antoje, no es precisamente el colmo de la originalidad. Si además lo haces dibujando con un estilo que recuerda poderosamente al usado por cierto señor llamado Frank y apellidado Miller en una obra llamada Elektra Lives Again, entonces, tío, se te ve el plumero. Para más inri, cuando tratas de remover los cimientos del protagonista de tu serie, lo haces usando a la familia, la muerte de tus padres y el sentimiento de vacío que deja en el ser humano la fría venganza. Para rematar las novedades argumentales, una vez culminada tu vendetta personal, te quedas sin objetivo en la vida. Lo de siempre. Más de lo mismo. Y no incido más porque no quiero machacar a la gente a puro spoiler. Digamos que la subtrama de la ‘amante/periodista rubia/hola, yo también he visto la peli de Iron Man’ es para ponerle un piso en el barrio de Salamanca y luego quemar todo el vecindario. Está claro que en la parte argumental, esta historia no pasará a los anales de la misma. Es lo que tiene que todos los orígenes del héroe basados en la venganza recuerden a Batman.

Y sin embargo…

Hay una apuesta por el riesgo indiscutible en este cómic, aunque pueda pasar inadvertida y oculta por tantos elementos mil veces usados con anterioridad. Es una apuesta, además, que es mucho más apreciable en le segundo tramo/tomo de la serie, con lo que es probable que muchos de los lectores, desalentados por lo apariencia plana de los primeros capítulos, nunca lleguen a apreciar. Pero está ahí. Y es cada vez más patente a medida que avanza la historia. Andrews es un dibujante que, más allá de las estupendas portadas a las que ya nos tenía acostumbrados, sabe mimetizar su estilo para que recuerde al de los que caminaron por su senda antes que él. Lo bueno es que, más allá de un simple plagiador que calca imágenes de sus maestros, Andrews arriesga en la composición y la estructura de la página, jugando con las onomatopeyas, los efectos de sonidos, los colores y el fondo de las páginas. No siempre acierta, lo admito. La gigantesca imagen dividida en tres splash pages dobles parece excesiva cuando estás pagando un dineral por cada número del cómic (6 páginas para el contenido de 1 viñeta), pero no deja de ser algo que no se suele usar como recurso en el medio. Otros autores fueron duramente criticados cuando arriesgaban con maniobras parecidas y la historia del tebeo está llena de números mudos, números narrados a base de ilustraciones a página completa y, aunque parezca increíble, números en los que más de la mitad de las páginas estaban en blanco. En su momento, todo el mundo escupió en la tumba de los ancestros de estos autores y, hoy por hoy, muchos de ellos, la mayoría, son considerados pioneros e innovadores.

Atormentado

No digo que el bueno de Kaare (telita con el nombre) vaya a pasar a la historia como el regenerador del noveno arte pero, desde luego, le reconozco la voluntad de intentar cosas nuevas y, ya que copia, copiar de los mejores. Puestos a fusilar, trata de parecerte a la gente que sabe. En eso hay que darle su punto de inteligencia. Además, el tío ha conseguido publicar como autor completo para Marvel y se ha currado doce números basados en ciudades en el Tibet que solo aparecen cada diez años, maestras del kung-fu macizas y ciegas, dragones y cyborgs que abren puertas dimensionales. Ahí es nada.

Pero aun así, y si esto os pareciera poco, esta colección contiene un homenaje bochornoso a Godzilla, a los malos gigantes de los Power Rangers y a las películas de los Cazafantasmas. A LAS DOS. Tendréis que reconocerme que hay que tener muchos huevos para hacer un guiño que recuerde a la segunda e infame parte de esta película de culto y conseguir que sonrías entre abochornado y complacido.

Puño de Hierro: Arma viviente es un experimento fallido pero un experimento valiente. Doce números con momentos brillantes y situaciones ridículas que se alternan en una montaña rusa que se antoja muy descompensada, pero que al final a mí me ha dejado con un sabor de boca agridulce como el cerdo del restaurante chino. Sabes que estás comiendo albóndigas de procedencia indeterminada con mermelada de fresa, pero al final siempre que vuelves, las acabas pidiendo.

¡Nos vemos en la Zona!

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2 Respuestas

  1. Iron dice:

    “esta colección contiene un homenaje bochornoso a Godzilla”

    Con esto has captado mi atención.

    “a los malos gigantes de los Power Rangers”

    Aquí la has perdido.

    “y a las películas de los Cazafantasmas.”

    ¿Como?

    “A LAS DOS.”

    ¡Compro!.

    No, probablemente no. Pero has conseguido picarme la curiosidad por una serie a la que, en principio, no me habría acercado.

    • Una serie que mezcla a Godzilla, a los Power Ranger y a los Cazafantasmas (y a Kung Fu, y Sahngri La y a Miller y el Steampunk y otras muchas cosas molonas) merece, sin duda, que le echemos al menos un vistazo…

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