PULP, de Ed Brubaker y Sean Phillips

 

 

Título original: Pulp HC
Sello: Image Comics
Guionista: Ed Brubaker
Artista: Sean Phillips
Colorista: Jacob Phillips
Contenido: Pulp #1
Publicación USA: Julio 2020
Publicación España: Julio 2021 (Panini)
Valoración: Yipikaiyei madafackas

 

 


Ed Brubaker
y Sean Phillips tienen nueva obra en el mercado. Efectivamente, esto no es noticia. Este dúo creativo se ha convertido en uno de los clásicos modernos del noveno arte. Lo que es realmente notable es que también ha dejado de ser noticia que esa obra, sea la que sea, es de una calidad incuestionable. Se da por supuesto que será, lo que menos, impactante. Y no decepcionan. Han creado una marca personal, una forma de entender el medio única, basada en la perfecta alquimia entre los textos de Brubaker y el arte de Phillips, mezcla espectacular de talentos.

Lo último que ha llegado a nuestras librerías de la dupla (casi) por excelencia es el ejemplo de todas las cosas buenas que la pareja es capaz de ofrecer, traducido en toneladas de premios y aplauso unánime de crítica y público…

PULP
de Ed Brubaker y Sean Phillips

Eso es así, se han escrito ríos de tinta acerca de este cómic, perfecto para ilustrar el término crepuscular en todo su esplendor. Quizá esta sea la enésima crítica innecesaria al respecto, porque, como no podía ser de otra forma, voy a dedicar los siguientes párrafos a lanzar encendidos elogios a Pulp y sus perpetradores. Pero, a pesar de eso, allá voy, mirando al atardecer, armado con mi sufrido teclado. Porque Brubaker y Phillips lo han vuelto a conseguir, maldita sea. Han apretado de nuevo la clavija, el resorte muchas veces inalcanzable para la mayoría de los juntaletras que pueblan nuestro querido medio. Otra vez ponen al lector en una extraña frontera que sólo ellos son capaces de cabalgar como forajidos, en la que conviven el cinismo desgarrador y la fe en el ser humano, donde no hay lugar para los finales felices, pero sí para la justicia poética.

Los dos autores construyen un mapa imaginario, repleto de personajes turbios, pasados brumosos, gestos adustos, ambiente gris plomizo y realidad salvaje. Esos lugares tan transitados en la producción de esta galardonada pareja artística que siempre resultan fascinantes y novedosos, a pesar de ser una constante. A partir de esa reincidencia, ambos son tan hábiles, tan perros viejos de su trabajo, que evitan el cliché y el aburrimiento. Al final, hay cierta sensación de regreso al hogar, aunque este sea hostil, violento, marcado por la ausencia de futuro. Aún así, Brubaker y Phillips siempre dejan un resquicio para la esperanza, en el eterno sabor agridulce que caracteriza su obra.

Ya es otoño en el Saloon.

Pulp juega con ingenio entre géneros, aunque predomina el sabor de la serie negra, como no podía ser de otra forma en un texto de Brubaker. Cuenta la historia de Max Winter, escritor de novelillas del oeste (de ahí el título) que sobrevive a duras penas en la Nueva York de los años 30. Permanece anónimo entre el acero y el cristal. Observa el mundo desde su vejez, un mundo que se descompone y se dirige casi inevitablemente hacia el abismo. Su propia vida se tambalea por las estrecheces económicas, pero eso se queda en migajas comparado con la imparable ascensión de los Nazis en Europa. Tanto es así que el enemigo, a lo mejor, ya está en casa.

Pero Max esconde un pasado. Hace años, con otro nombre, era leyenda. Antes de la civilización, de los rascacielos, cuando la única ley que imperaba era la del revolver. Max era un fugitivo, eco de aquella época mítica de pólvora y frontera. Sus novelas no son si no la memoria de aquellas correrías. Quizá, ahora que el mundo se desmorona, sea el momento de volver a aquellos tiempos.

Antes todo esto era campo.

Brubaker plantea espejismos con el recuerdo, a base de elementos metaficcionales, recuerdos de Max en forma de pasajes novelescos. La violenta extravagancia del salvaje oeste choca de manera frontal con la no menos despiadada realidad del siglo XX. Lo que ya es marca de la casa, el reconocido guionista es áspero y tajante, directo y sin paliativos en ese estilo que roza el puñetazo en la cara del lector. Se permite esta dureza porque es, aunque suene contradictorio, extremadamente elegante, conocedor de los tropos y lugares comunes de la novela negra, capaz de extraer humanidad del estercolero humano que es la jungla urbana. El exquisito esbozo de personajes, planteados desde el contradictorio código vital que los empuja, los hace cercanos y comprensibles.

Otra cosa que, personalmente, agradezco a Brubaker es su posicionamiento. En esta época líquida y pusilánime, en mi opinión, no hay lugar para las medias tintas o la equidistancia. Pulp, a pesar del contexto histórico, es hija de su época, la resaca del trumpismo y el auge de movimientos populistas en todo el mundo, a los que, en ocasiones, parece que hay miedo a señalar como lo que son. Brubaker se moja, y no se corta en mostrar los paralelismos entre ese momento en el tiempo y el actual. El guionista planeta que el enemigo está en casa, que el odio que desprenden contagia a la sociedad de manera casi imperceptible. Y que los nazis son nazis, por mucho que se disfracen.

Efectivamente, Hitler.

Sean Phillips, como siempre, espectacular. Incluso se permite juegos con una línea más clara de lo habitual en las recreaciones del oeste, un toque más luminoso respecto a la construcción de oscuros paisajes de ciudades decadentes y localizaciones sucias. Por lo demás, sombras evocadoras, rostros pétreos, dominio absoluto de la narrativa, economía de recursos siempre buscando lo mejor para la historia que tiene entre manos, sin aparentes alardes pero deslumbrante en soluciones. Realista hasta las últimas consecuencias, pero permitiendo algo de ensoñación en ese divertimento metaficcional que propone Brubaker en los pasajes de las novelas de Max. Otra demostración de poder e inteligencia por parte de un tipo que marca el pulso del cómic americano a base de sencillez aplastante. Me duelen las manos de aplaudir.

Pulp es homenaje a un género, desde el prisma de dos autores que son capaces de dar siempre la variación sobre el mismo tema que les sitúa en la vanguardia de la industria. Personajes invernales, en tonos arenosos de olvido y sensación de vidas perdidas en la vorágine humana. Historias de un don que mutan en explosiva épica. Lo de siempre, pero emocionante y revestido de novedad apabullante. Un imprescindible. De esos que llegan al corazón, de forma casi inesperada.

Porque los finales no tienen que ser felices, pero sí contundentes.

¡Nos vemos en la Zona!

Santi Negro

Lector. Cinéfago. Sueño en viñetas

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