PUDRIDERO, de Johnny Ryan

 


Título original:

Prison Pit: The Complete Collection HC
Sello:
Fantagraphics Books
Artista: Johnny Ryan
Contenido: Prison Pit #1-6 (Oct. 2009 – Jun. 2018)
Publicación USA: Julio 2020
Publicación España: Sep. 2012 –  Sep. 2020 (Fulgencio Pimentel)
Valoración: Golpea primero, pregunta después

 

 

AVISO PARENTAL (o  algo así)
La siguiente reseña puede tener trazas de palabras malsonantes, insultos, maldiciones y mierdas de esas que no son aconsejables para jóvenes o personas impresionables. Avisados estáis.

La vida es una puta mierda. Podría dejar ahí la reseña y no me faltaría ni un ápice de razón, pero quiero que os retocéis en el lodo conmigo un rato. Por gusto. Total, ¿tenéis algo mejor que hacer? Seguramente sí, pero no importa. Sabes tan bien como yo que la vida apesta a tal nivel que ningún mensaje motivador de chichinabo flower power lo arregla. Es que podría tocarte la puta primitiva y espicharla a los veinte minutos de la manera más ridícula posible. ¿Por qué? Porque la vida es una puta mierda. Eso es así. Y encima estamos en una época en la que el positivismo de los cojones es el mantra social diario, dejando de lado el gustico que da arrearle un sopapo al idiota de turno. Somos más cristianos que el mismo Papa y apremia poner la otra mejilla a mosquearse y prender fuego a la iglesia. Y no me refiero a ofenderse como los oligofrénicos de las redes sociales, esos guerreros de teclado y ratón que se escudan detrás de una pantalla y defienden aberraciones tan absolutas como el Snyder Cut. Por eso necesitamos mosquearnos más y por eso tenemos obras como…

PUDRIDERO
de Johnny Ryan

En el repaso a los mejores cómics que nos había dejado este fantabuloso 2020 que hicimos en esta humilde casa, nuestra Capitana General de todos los redactores (algunos la conocen por Teresita Sunday, pero os juro que aquí todos la llamamos por su posición en la pirámide interna) habló de una obra que yo no tenía ni idea de que existía, pero que viniendo de su zombífica majestad no podía ser mala. Pudridero se hacía llamar y trataba sobre la historia de un tío jodidamente agresivo llamado Carantigua que era llevado a un planeta que en realidad es una prisión en la que están reunidos los hijos de puta más peligrosos de todo el universo, teniendo que sobrevivir de la única manera que estos idiotas conocen: la agresividad. Además de cualquier tipo, ya sea esta gratuita, sexual, pasiva o fantástica. Lo único que urge es demostrar quién es el rey de la barraca, sacándole las tripas a tu rival por la cuenca de los ojos y con el pene a poder ser. Que no estamos para hostias ni medias tintas.

Me encantaría poder hacer un análisis sesudo y gafapasta en el que poder hablar de las situaciones freudianas a las que Johnny Ryan expone a su personaje, a los paralelismos anti-filantrópicos del ideal de Hobbes en una sociedad altamente competitiva o alguna chorrada relacionado con Nietzsche porque nadie comprende realmente al alemán y se le puede meter en cualquier sarao en el que haya esvásticas nazis, que en la obra las hay y a cascoporro. U otros nombres conocidos al azar. Total, al final cada uno ve lo que le da la gana en las historias. Sino que se lo digan a los autores de Abraxas y su «cómic prisma». Pero en Pudridero la cosa no funciona así. Se trata de tres tomos llenos de testosterona de rinoceronte, con el bestiario de un adolescente hormonado hasta las cejas y que le pone un poquito de LSD al colacao por las mañanas. ¡Y vaya si funciona la fórmula!

Sutil como una patada en los cojones.

No sé si será porque empiezo a estar harto de estar encerrado, de temer por mi salud, de no poder encontrar curro, de ver como mis seres queridos se mueren de hambre o de enfermedades o por leer a tanto impresentable en Twitter. Me la pela fuertemente. Lo cierto es que Pudridero ha sido el cómic que necesitaba leer, aunque fuera para ser esa catarsis mental necesaria para inflarme a golpes con el mundo y continuar dándole patadas al mismo cielo hasta que se me deformen los empeines. Pese a que encontrar el primer tomo sea misión imposible porque está descatalogado y te toque leer el principio de prestado. Porque si bien es cierto que Fulgencio Pimentel hizo bien en traernos esta maravilla, hacerse con la colección completa es una auténtica quimera, comprensible debido al tiempo que ha transcurrido entre el primer número original y el último. Que el bueno de Ryan se ha tomado su tiempo.

Visualmente hablando, el trabajo tan grotesco y basto del autor no podía ser de otra manera. El estilo underground de Ryan es una auténtica gozada y para los que me conocéis, eso es algo que me flipa a muchos niveles. Hace del garabato y de su dibujo feísta un medio para narrar la más macarra, sangrienta, visceral y bruta de las historias. No quiere entrar en detalles superfluos (o es que tampoco puede) y se centra en lo único importante en la obra: la acción. Porque no solo de pequeños diálogos llenos de palabrotas vive la obra, sino que se trata de una narración visual sencilla de un tipo abriéndose camino a través de sesos despachurrados y miembros amputados a mordiscos. Y eso en el mejor de los casos.

Como ir al Llongueras, pero mucho más barato. Aunque te sangran igual.

Lo cierto es que la sutileza brilla por su ausencia en Pudridero y eso está bien. Muy bien. Porque no todo en la vida va a ser introspecciones, crecimiento personal y búsqueda del yo. También necesitamos soltarnos con este tipo de obras que catalizan nuestra mala leche, la plasma en el personaje y se siente bien viéndole destruir cosas. Porque la vida es una puta mierda, sí, pero en ocasiones merece la pena por el simple hecho de sentarse a leer unos cómics así. No todo iba a ser bilis y mala sangre en esta vida, digo yo.

¡Nos vemos en la Zona!

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Joe Runner

Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Zona. Vivo mejor que quiero.

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