PROYECTO RAMPAGE. Mono grande, ande o no ande

Título original:
Rampage
Año: 2018
Director: Brad Peyton
Guión: Ryan Engle, Ryan Condal, Carlton Cuse
Fotografía: Jaron Presant

Reparto: Dwayne “The Rock” Johnson, Jeffrey Dean Morgan, Malin Akerman, Joe Manganiello, Naomie Harris, Marley Shelton, Jake Lacy, Jack Quaid, Breanne Hill, Matt Gerald, P.J. Byrne, Destiny Lopez, Jason Liles, James Sterling, Michael David Yuhl, Allyssa Brooke, Daniel Craig Baker, Anthony Collins, Laura Distin, Giota Trakas, Mac Wells, Pete Burris, Brad Spiers.

Valoración: Dwayne “The Kaiju” Johnson /10

Sinopsis: El primatólogo Davis Okoye tiene un sólido vínculo con George, un gorila de espalda plateada al que ha estado cuidando desde que nació. Pero cuando un experimento genético sale mal, se convierte en una enorme y embravecida criatura (el mono, no The Rock). Adaptación del videojuego “Rampage”, en el que simios y monstruos de todo tipo atacan y destruyen ciudades..

A estas alturas no hace falta presentar a Dwayne Johnson. El actor y ex luchador de wrestling se ha convertido en la estrella masculina insignia del Hollywood de ahora mismo. Un estrellato que ha ido alcanzando gradualmente, casi sin darnos cuenta, y por medio de una gran colección de películas comerciales que en su mayoría abiertamente mediocres. Incluso con los guiones más formulaicos, The Rock es capaz de hacer atractiva casi cualquier cosa con su carisma natural delante y detrás de las cámaras. Johnson se convierte en el activo más valioso del paquete, él mismo es el paquete, echando a un lado todo lo demás. En el caso de Rampage, son tres monstruos gigantes.

La Roca entre escombros.

Pocos se darán cuenta, y poco importa en la práctica, pero Rampage está basada en un videojuego arcade de 1986, en el que tres monstruos gigantes (un gorila, un lobo y un cocodrilo) arrasan con todo lo que vean por su camino. La premisa de basar una película en nada más que monstruos destruyendo ciudades haría salivar a cualquier ejecutivo de Hollywood, más aún si le podemos sumar a Dwayne Johnson como protagonista. Una fórmula con muchas papeletas para el éxito en taquilla que es casi imposible echar a perder. En ese sentido, no nos llevamos ninguna sorpresa con Rampage: no es más ni menos que la suma de sus partes. El póster, en el que sale The Rock con la camiseta gastada, un lanzagranadas, en una ciudad en ruinas y con un gorila gigante detrás, es plenamente certero. Para mucha gente, no haría falta decir nada más.

Quizás la aclaración más importante respecto a Rampage es que… no da vergüenza ajena. Lo cual no se puede decir de la anterior colaboración entre Johnson y el director Brad Peyton, el terremoto de San Andrés. La película se toma, en conjunto, bastante en serio a sí misma, más de lo que uno podría imaginarse echando una partida al arcade. Lo cual para algunos puede suponer una decepción, porque retrasa bastante la acción, prácticamente limitada al tercer acto en Chicago, el único en el que la película empieza a parecerse de verdad a Rampage y no tanto a un remake de Mighty Joe Young.

Que no me llamo Joe, que es Geoooorge!

Curiosamente, por su tono (y también algunas coincidencias argumentales), recuerda más a Godzilla 2014 que a Pacific Rim: Uprising o Kong: Skull Island, cintas que abrazaron sin tantos rodeos el desenfreno descerebrado en el que la acción era el único motor de peso. Rampage apuesta por la relación entre el personaje de Johnson y el gorila George como principal gancho emocional, y la verdad es que este frente no funciona nada mal. Será por los convincentes efectos digitales de WETA Digital (los de la trilogía de los Simios), por la también excelente interpretación de Johnson hablando con el gorila, o porque las historias de primates explotados como monstruos son mi debilidad. El caso es que esta premisa, junto con los mensajes contra el maltrato animal, dan a la historia un poso extra de humanidad, y ayuda a consolidar al personaje de Johnson como protagonista de esta, inexistente en el juego.

Pero, al contrario que el Godzilla de Gareth Edwards, Rampage no quiere privarnos de la diversión (requerimiento imprescindible para hacer justicia al juego), por lo que también puebla la cinta con personajes sobreactuados, tramas ridículas y Chistes Dwayne JohnsonTM. Jeffrey Dean Morgan recicla el manerismo de Negan en The Walking Dead y es gracioso porque es un flipado quedando como un flipado tonto. Dos hermanos dueños de una macroempresa dirigen un maquiavélico plan digno de un dibujo animado. Y The Rock hace migas con Naomi Harris que simplemente está, diciendo chascarrillos que podrían pertenecer a cualquier otra película de The Rock y que descuadran un poco con el personaje que se supone que interpreta en esta, pero que no dejan de ser simpáticos. Se aprecia cierta mesura para que el humor no se vaya de madre y desmonte toda la película, pero sigue quedando evidente su mayor problema: el desbarajuste tonal, la amalgama de elementos ya vistos en mil sitios antes mezclados con no demasiada pericia.

El médico me ha dicho que necesito hierro.

Como decía, hay mesura. El humor no desborda, e incluso las ideas más disparatadas se frenan a medio camino, como con miedo de no quedar demasiado en evidencia. Y las interacciones entre Johnson y George siguen siendo bastante adorables, haciendo inevitable que empaticemos con el gorila. No es un caso en el que el director arroje todo lo que se le ocurra a la cara del espectador. Algo que, viendo la naturaleza totalmente absurda del juego (de cuya premisa queda poco en el guión, más allá de algunos guiños), podría haber sido una opción más acertada en buenas manos. A esta Rampage le cuesta encontrar ideas propias y una verdadera personalidad, y a pesar de algunos buenos momentos, Johnson acaba volviendo a interpretarse a sí mismo, por enésima vez.

Sin embargo, este conservadurismo ayudará a que probablemente satisfaga a casi todo el mundo que vaya a verla sin más pretensión que pasar dos horas de evasión viendo cosas chulas. No es un frenesí de acción, que como dije, se reserva casi todo para el acto final, que afortunadamente sí está a la altura de las circunstancias, e incluye toda la destrucción que uno podría esperar de un juego que consiste en tirar edificios y helicópteros a puñetazos. Y ojo, que es bastante intensa en cuanto a desmembramientos y espachurramientos. Antes de eso, hay alguna secuencia breve de acción jugando al escondite con los monstruos, y un montón de escenas de militares viendo a los monstruos a través de monitores.

¡Yo también quiero un helicópetero para desayunar, Dwayne!

¡Já! Como defensor incansable de Godzilla 2014, sus similitudes me divierten sobremanera. Reconozco que esta tiene un poco más de acción y es más divertida, aunque sea a costa de mezclar escenas muy intensas, y hasta tiernas, con personajes y tramas realmente tontas. No tanto como para insultar la inteligencia del espectador, pero tampoco como para darle el subidón de adrenalina que una adaptación fiel, en sentido literal y metafórico, hubiera sido. Otro vehículo más para el lucimiento de Dwayne Johnson, al que ni monstruos de 30 metros se atreven a hacer sombra.

¡Nos vemos en la Zona!

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