PROMETHEA, de Alan Moore y J. H. Williams III

 

Título original:
Absolute Promethea 1-3 HC
Sello: America’s Best Comics
Guionista: Alan Moore
Artista: J. H. Williams III
Entintador: Mick Gray

Colorista: Jeromy Cox
Contenido: Promethea #1-32 (Ago. 1999 – Abr. 2005)
Publicación USA: Sep. 2009 – Dic. 2011
Publicación España: Jun. – Sep. 2016 (ECC)
Valoración: El divino arte

 


No nos andemos con tonterías: Alan Moore es el mejor guionista de cómics que de todos los tiempos. No sólo por sus archimencionadas obras de las que todavía sobreviven más de una editorial en todo el globo, sino por la increíble trayectoria que posee y el altísimo nivel intelectual y narrativo que tienen cada una de estas obras menos conocidas. Me parece algo increíble ser capaz de sacar varios trabajos notables, con algún que otro bajón cualitativo cuando la cosa no está boyante. De hecho, respeto enormemente a autores como Claremont, Morrison, Ennis, Ellis, Carey o Milligan; pero mantenerte siempre en la cresta de la ola, inclusive cuando has pasado desapercibido, me parece una genialidad. Eso sólo puede hacerlo un mago como Moore, que ha encontrado en sus obras más “desconocidas” el auténtico pilar de que se trata del mejor de mejores. Es por eso que hoy vengo a hablaros de, quizá, su segunda mejor obra (después de From Hell). Hoy vengo a hablaros de…

PROMETHEA
de Alan Moore y J. H. Williams III

El cómic nos transporta a un 1999 muy distinto al que muchos hemos conocido. En este mundo el famoso futuro de las películas ochenteras es una realidad, en el que podemos ver vehículos voladores, una ciudad de Nueva York con un aspecto futurista y materiales tan geniales como el elastigel, un compuesto capaz de servir como base de creación de cualquier objeto debido a que se trata de un material gelatinoso e inteligente. También tienen superhéroes, que se encargan de luchar contra villanos y psicópatas que amenazan la tranquilidad de los ciudadanos de la polis. ¡Si hasta tienen un alcalde con trastorno de identidad disociativo! Salvo estas pequeñas cosas, todo es más o menos igual que en nuestra realidad. Inclusive los trabajos universitarios, en los que nuestra protagonista Sophie Bangs se encuentra inmersa en pos de investigar sobre la figura de Promethea, un personaje que ha perdurado al paso de los siglos siendo parte fundamental del arte y mitología universal. Lo que no sabe nuestra protagonista es que el poder de Promethea reside ahí, en el arte, y es mediante éste que Sophie se convertirá en la nueva avatar de la guerrera mitológica, comenzando así una aventura más atípica de lo que cabría esperar…

En contra de lo que demasiada gente cree, a Moore siempre le han gustando los superhéroes. En especial aquellos que pertenecieron a la famosa Edad de Plata, intentando huir de esa oscuridad que vino posteriormente y que intentaba huir de la magia clásica de los cómics. También era cuestión de tiempo que, tras guionizar a personajes como Batman o Superman (amén de que también pasaron por sus manos Miracleman y Supreme), buscara cerrar el círculo de la famosa trinidad de DC de alguna manera. Y por aquel entonces ya había renegado de las grandes editoriales como para verle escribir historias de Wonder Woman, por lo que la vía de escape fue esta Promethea. De hecho, recuerda en varios aspectos a la famosa amazona deceíta y sus distintas encarnaciones, pero pronto empieza a dejar claro su sello y encamina la obra hacia derroteros más acordes al escritor británico. Para ser exactos, nos encontraremos con tres actos muy diferenciados, en el que el primero servirá como introducción de la protagonista y los distintos personajes, el segundo como viaje espiritual y crecimiento de la historia y termina con una deconstrucción de los personajes.

¡Hora de volar!

Pero no os esperéis un cómics pijamero al uso, ya que Moore saca a pasear todas sus filias y nos introduce en el mundo de la magia, el misticismo, la religión o la mitología a un ritmo tan alto que puede llegar a atragantar al lector menos cercano a la filosofía o la teología. En mi caso personal, tras esta relectura realizada una década después ha servido para comprender más referencias culturales y enriquecer todavía más una obra que ya me pareció sublime en su momento, aunque no había comprendido ni la mitad de cosas que había leído. El escritor de Northampton es un erudito, sabe de lo que habla y lo hace con tal conocimiento de cause que absorbes todo lo que dice como algo natural. No te cuestionas nada, lo das todo por correcto y veraz. El maldito tiene ese don. Vuelve a hacer aquello de inventarse todo, mezclar ficción con realidad, esoretismo y sus propias creencias, como en la explicación de las cartas del tarot y su significado, actualizado a nuestra actualidad. Todo encaja tan perfectamente que crees a pies juntillas toda esta sarta de fantasía, luz y color. Y encima funciona. Está a ese nivel.

Me gustaría destacar algo que dijo mi compañero Ferran en el podcast relacionado al autor: «es una obra muy optimista». Creo que no le falta razón, ya que indaga en la capacidad del ser humano de trascender más allá de lo mundano y evolucionar como especie, creyendo que es posible. Tratándose de un autor que suele pecar de pesimista y bastante cascarrabias, con muchos toques de horror como aderezo, verle en una situación tan plácida se hace hasta raro. Quizá esta atmósfera de optimismo desbocado se deba a que en Promethea junta todo aquello que le gusta y le hace sentir bien, con especial hincapié en el personaje de cómic de superhéroes setentero. La magia es parte de toda la obra y la ficción es una herramienta más que usa para retroalimentarlo todo. 

Bienvenidos al mundo real.

Otra de las virtudes de Moore es juntarse siempre con artistas únicos y que se adaptan perfectamente a aquello que busca contar. En este caso contamos con J. H. Williams III, que hace el mejor trabajo de su carrera. De lejos. Mucho. Y eso que estamos hablando de un señor que tiene un largo historial como artista consagrado. Pero es que si el guion nos adentra en un mundo de magia y arte, Williams III hace poesía con todas esas páginas dobles en la que la narración juega a su favor mientras crea marcos forzados con aquello que aparece en la historia, llevándonos por donde él quiere. Da igual la figura que use, si es un uroboros, una cinta de Moebius o la entrada en escena de Asmodeo, todo lo que está dibujado tiene un uso y está cuidado hasta el último detalle. Creo que pocas veces puedes disfrutar tanto de un arte bien hecho y que, encima, usa tantos recursos de una manera tan inteligente. Todo ello aderezado con el finísimo entintado de Mick Gray y unos colores de Jeremy Cox que son totalmente esenciales para comprender qué está sucediendo con nuestra protagonista.

Me alegro mucho de haberme vuelto a leer este cómic gracias al podcast. Creo que tengo muchas relecturas pendientes, pero esta ha mejorado todavía con el paso de los años. Y estoy seguro que dentro de otros diez años la volveré a leer y le encontraré matices que otrora no pude. Es una auténtica gozada que encima está siendo reeditada en nuestro país y que se puede conseguir en tres tomos bastante cuidados. Sigo pensando que cuando tus obras menores están muy por encima del resto de obras, es porque eres el mejor que existe. Hay muchos guionistas actuales buenísimos, pero todavía tienen mucho que demostrar. Todo lo que ellos hacen, ya lo hacía Moore hace treinta años. E imagino que eso tendrá algún valor para aquellos que amen el noveno arte, ¿no?

Si yo soy tú y tú eres yo, ¿quién está más loco de los dos?

Sencillamente imprescindible. No es una lectura ligera, pero tampoco es un ladrillo y es como el buen vino, que mejora con los años (y con nuestra evolución cultural). Si no queréis acercaros a obras oscuras y siniestras del autor, esta es vuestra oportunidad. Es imposible ser más optimista siendo más escéptico con el ser humano. No sé qué hacéis que no estáis ahorrando para pillaros Promethea este mismo mes…

¡Nos vemos en la Zona!

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Joe Runner

Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Zona. Vivo mejor que quiero.

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