PONZOÑA. También se encuentra en el interior

Estoy en una edad en la que los amiguetes de toda la vida han cambiado las tardes machacando mandos en el Street Fighter por el noble arte de la doma de cachorros humanos. Las fases vitales, supongo. Uno, que vive en un Peter Pan galopante como filosofía inquebrantable, encuentra estas actividades algo marcianas. Aunque, a veces, aparece la duda en el corazoncillo que mira con algo de ternura la situación. ¿Y si te animas?, llega a decir alguno de estos felices y somnolientos despojos de lo que un día fue un tipo que se enorgullecía de beberse un litro de cerveza a trago…
…Luego David Luna Lorenzo escribe Ponzoña, te arranca de cuajo cualquier atisbo de instinto paternal y a otra cosa.

Con su última novela, el escritor toledano se adentra en los complejos mundos del horror, jugando astuto con diferentes palos del género, que van desde las oscuridades de la psicología de personajes a lo explícito y escatológico sin contemplaciones. Con la angustia de la maternidad como telón de fondo, visita los rincones más turbios del alma humana en un literal descenso a los infiernos, ligero y directo como un puñetazo.

¡Viva la Ponzoña!

En cierto modo, Luna es un debutante. Aunque es de sobra conocido por los lectores de ciencia ficción y fantástico, que es el terreno donde se ha forjado como escritor, es la primera vez que recorre los tenebrosos pasillos del terror con todas las letras. No ha tenido mal comienzo, puesto que las desventuras de esta madre en apuros han conseguido alzarse con el premio Ciudad de Utrera de terror, quizá el más importante del género. Gracias a la prosa ágil y la inmediatez repleta de referente visual del estilo de Luna, unido a la intencionada duración de la obra, Ponzoña es de esas lecturas que obliga a lanzarse a la página siguiente, casi imposible despegarse de la envolvente psicosis que rodea al relato.

¿Qué nos cuenta Ponzoña? Pues la caída en picado de Sandra, joven madre que nos cuenta en primera persona la experiencia poco edificante que la crianza de su hija Ana supone. El caso es que Anita es vivaracha, amable, obediente, risueña, y aparentemente feliz, a pesar de las circunstancias. No es fácil criarse en un hogar disfuncional, en una casa okupa, con una madre al borde del derrumbe y la figura paterna algo difusa por los hábitos nada saludables del susodicho.

Pero el problema para Sandra no reside en el degradado entorno. Ella es una superviviente. Lo que realmente quita el sueño a esta madre primeriza es que nada es normal desde incluso antes de que la niña naciese. Demasiadas cosas extrañas, caras desconocidas y conexiones como para que se traten de casualidades. Demasiados susurros en la oscuridad. Y, sobre todo, la certeza de que hay algo dentro de Ana, algo terrible, podrido, poderoso y malévolo, que poco a poco se hace dueña del alma de la niña. Sandra no está dispuesta a darse por vencida. Sola, convencida de la existencia de una conspiración que va más allá del plano mortal, luchará con todas sus fuerzas con el el mal absoluto para recuperar la esencia de su hija.

One of us.

Este es el planteamiento básico de la novela, a la que David dota de vida gracias a la rítmica narración en primera persona por parte de la atribulada protagonista, y a la inteligente estructura de la novela, construida para la lectura rápida y adictiva, tratando de manera bastante amable (y entiéndase lo de amable en este contexto de horrores mentales y físicos) al lector que busca impacto en esos malos/buenos ratos que exige un fanático del terror. Usa el valor añadido que, en mi opinión, otorga la cercanía del relato corto. No hablamos de centenares de páginas para dar vueltas alrededor de subtramas que no conducen a ninguna parte. Luna apuesta por la efectividad de la sencillez, y finiquita su relato en algo más de cien páginas. Soy de los que piensan que el estado natural del terror es el cuento o el relato corto, así que agradezco el esfuerzo de Luna por dirigir de manera tan directa el devenir de Ponzoña y el uso de los recursos sin caer en lucimientos innecesarios.

A pesar de la aparente brevedad, no olvida ninguno de los pequeños detalles que dan vida a la obra, y tenemos un buen puñado de secundarios que proporciona sentido al infernal viaje hacia los límites de la cordura de la joven madre. La construcción del malsano ambiente que rodea el día a día de la pareja protagonista es, sin duda, el gran fuerte de la novela, junto a la juguetona estructura temporal que nos lleva a distintos momentos de la vida de Sandra, piezas del rompecabezas que cobran significado en cada empujón hacia delante.

En Ponzoña prima la recreación de sensaciones, ambientes, entornos demenciales y decadentes. El abandono y la precariedad también se pueden considerar cierto reflejo de las circunstancias del histérico siglo XXI, aunque no os confundáis, la crítica social no es precisamente el foco de la novela. Ese gris plomizo constante como tono de la obra se tiñe de rojo carmesí en ciertos momentos en los que Luna renuncia al decoro y se adentra sin complejos en escenas de esas que provocan gestos inconscientes durante la lectura. El gore y lo puramente físico también tienen su dosis de protagonismo, y sacuden al desprevenido lector sin mesura.

VII premio «Ciudad de Utrera» de novela corta de terror .

Ponzoña es una lectura ideal para una tarde lluviosa. Tiene la longitud perfecta para acabar en un par de golpes de lectura. Incluso esa sensación de inmediatez se acrecienta gracias a la densidad de los capítulos, breves, concisos y llenos de impacto, lanzados como una puñalada al lector. David Luna se descubre como voz a tener en cuenta dentro del panorama terrorífico patrio. Así que… ¡a emponzoñarse, zhéroes!

¡Nos vemos en la Isla!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Santi Negro

Lector. Cinéfago. Sueño en viñetas

También te podría gustar...

Deja un comentario, zhéroe

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.