POISON CITY, de Tetsuya Tsutsui

 


Título original:
Yuugai Toshi (有害都市)
Sello: Shueisha
Mangaka: Tetsuya Tsutsui
Publicación original: Abril 2014
Publicación España: Octubre 2017 (Planeta Cómics)
Valoración: ¿ES QUE NADIE VA A PENSAR EN LOS NIÑOS? /10 

 

 

Hablar de la censura nunca es fácil. Dejando de lado las razones obvias y los mensajes telegráficos y simplistas que nos tiene acostumbrados Twitter, al hablar de este espinoso asunto es obligatorio contextualizarlo y saber como afecta tanto a público como a los artistas para dar lugar a un comentario que aporte más que unos cuantos retuits y favs. Afortunadamente esta reflexión más que necesaria se ve reflejada en…

POISON CITY
de Tetsuya Tsutsui

Mikio Hibino, un joven mangaka, se encuentra a las puertas de empezar a publicar su primera serie prometedora cuando por sorpresa ve como su editor le advierte que modere la aparición de violencia en su obra. Esto se debe que, a las puertas de las olimpiadas de Tokyo de 2020, Japón ha decidido mejorar su imagen internacional y aprueba casi sin querer la creación de un comité que cataloga toda obra cultural (con especial inquina hacia los mangas) asegurándose que no sea dañina para los niños. Mikio tendrá que defender su obra de los censores y agarrarse al resquicio legal más insignificante para intentar que no sea automáticamente censurada pero, ¿a qué precio?

La censura no es una desconocida para Tetsuya Tsutsui. En 2009, 3 años después de su publicación, su obra Manhole fue censurada en la prefectura de Nagasaki por “incitación a la violencia y crueldad hacia los niños”. Conociendo esto es fácil entender lo que se propone el autor con Poison City y la rabia con la que presenta el cinismo de los censores que dicen hacer todo por el supuesto bien de los más jóvenes de la casa. Es cierto que en determinados momentos se deja llevar con exageraciones poco creíbles pero la forma en que va narrando como se incrementa la presión sobre Mikio, como paso a paso el comité avanza en su afán de controlar qué se publica llega a extremos insospechados que guardan una estrecha relación con la época que EEUU sufrió el temido Comic Code, época a la que hace referencia a lo largo de este breve pero intenso manga.

Todo por los niños utilizando a los niños.

A la hora de presentar esta suerte de “enfrentamiento” contra el órgano examinador Tsutsui hace un trabajo magnífico pero donde verdaderamente brilla es cuando pone el foco en la autocensura. Presentándolo como algo más dañino que la propia acción de los censores, la forma en que presenta esta lacra no deja lugar a dudas sobre la importancia que le da como autor. La defensa a ultranza que hace de la libertad de expresión deja claro que si hay algo peor que no poder crear por coacción de terceros es dar lugar a un mero producto servil con el pensamiento hegemónico y limitado por el qué dirán. Es posible que en este momento se pierda algo de conexión con el protagonista no por falta de empatía sino por la manera en que es presentado como un paladín puro que, pese a dudar, acaba incluso pecando de inocente mientras que el otro mangaka importante en la trama, un autor que a fue castigado y satisfactoriamente “rehabilitado” para que dejase de escribir lo que le diese la gana, me resulta mucho más interesante y me quedo con la sensación de que podría haber aportado más al respecto.

Esta obra en mi opinión sería perfecta si no pasase tan de puntillas por un tema que, por otra parte, tiene todo el sentido del mundo que Tsutsui desde su visión como artista no le conceda gran importancia. Hay que tener en cuenta el gran peso que tiene la industria editorial en Japón y como ha llegado a actuar como lobby de presión frente a leyes que podían llegar a dañar su imagen. Es en esos momentos puntuales en que se trata este tema cuando se llega a apreciar algo de un victimismo impropio de un autor que ha arremetido contra todo en obras como Prophecy, algo que no se si tendrá algo que ver con la conocida “fidelidad empresarial” del país nipón o simple inocencia, motivos igual de desconcertantes a muchos niveles. En cualquier caso, no creo que este tropiezo desvirtúe demasiado el mensaje que nos quiere transmitir y no sea más que ganas de buscarle tres pies al gato.

Usar la muerte de un niño como arma política está de moda.

Lo que en cualquier shonen de toda la vida sería comparar el dibujo del inicio del manga con las aventuras tras más de doscientos capítulos, en este caso solo hace falta echar un vistazo rápido a sus obras anteriormente mentadas como Manhole o Prophecy para comprobar la clara evolución del dibujo del artista. A pesar del entorno en que tiene lugar la historia y que la (poca) acción física no da mucho espacio para lucirse, el estilo sobrio y claro deja claro el tono de la situación y la seriedad que quiere transmitir Tsutsui. La tensión a la que está sometido el protagonista está siempre presente y se va incrementando a medida que pasan los capítulos como si de una huida hacia delante constante que se deja plasmada a la perfección en las viñetas.

Existen muy pocas razones y ninguna buena por la que no recomendaría hacerse lo más rápido pasible con los dos tomos que conforman Poison City. Pese a que el contexto de la obra es diferente y el tipo de censura que vivimos en nuestro país este orientada hacia otros ámbitos resulta difícil no unirse automáticamente a la linea de pensamiento que nos ofrece el autor. Más allá de buscarle dobles significados rebuscados como hizo un servidor en nuestra vuelta al mundo del podcasting, opino que esta obra es un imprescindible para a quien le interese el tema lo más minimo, ya sea solo para discutir al respecto.

Poison City es un canto a la libertad, una justa reivindicación a favor de la libre expresión en el arte. Algo que es tristemente necesario y que el gran Tetsuya Tsutsui sabe a la perfección.

¡Nos vemos en la Zona!

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Ferran

Hago como que estudio Química pero en verdad me inflo a cómics y videojuegos desde pequeño. Soy de esa gente rara a la que le gusta más el manga que el anime.

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