PIRATAS DEL CARIBE: La Venganza de Salazar

Título original:
Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales
Año: 2017
Director: Joachim Rønning y Espen Sandberg
Guión: Jeff Nathanson
Fotografía: Paul Cameron

Reparto: Johnny Depp, Javier Bardem, Keira Knightley, Orlando Bloom, Geoffrey Rush, Brenton Thwaites, Kaya Scodelario, Kevin McNally, David Wenham, Stephen Graham, Adam Brown, Golshifteh Farahani, Martin Klebba, Goran D. Kleut, Jessica Green, Paul McCartney.
Valoración: Caribe Mix, Vol.5 / 10

Sinopsis: Secuela de la secuela de la secuela… Quinta entrega de la saga Piratas del Caribe, en la que el capitán Jack Sparrow se enfrentará a un grupo de piratas-fantasma comandados por una de sus viejas némesis, el terrorífico capitán Salazar, recién escapado del Triángulo de las Bermudas.

Una nueva de Piratas del Caribe. ¿Era necesario? Conviene recordar que la olvidadísima cuarta entrega sacó más de 1000 millones de dólares en la taquilla mundial. Sigue siendo una marca reconocible y atractiva, pero lejos de ser infalible, y es que el desprestigio tras la película de Rob Marshall preocupa a Disney más que sus abultadas e improbables cifras. Con un tremendo historial de live-actions originales fallidos (John Carter, The Lone Ranger, Tomorrowland…), readaptar sus clásicos parece ser su única baza firme. Y, como comprobamos con La Bella y la Bestia, calculando cada detalle al milímetro para asegurarse de contentar a propios y extraños y que no nos llevemos sorpresas.

Lo bueno, es que la cantinela de “volver a los orígenes” convierte a La Venganza de Salazar en una película más despreocupada, vivaz y colorista que las anteriores secuelas; lo malo es que el reciclaje personajes, historias y conceptos tan manoseados la aleja de toda la frescura que una vez pudo tener. Cumple todos los requerimientos para ganarse el pan mucho mejor que la anterior entrega (si una de las secuelas mereciera ser un taquillazo, sería esta), aunque sin dejar huella ni proponer algo verdaderamente original que, de verdad, insuflara nueva vida a la saga.

Se queda como un popurrí de los greatests hits de la saga: el capitán malvado y su maldición, el romance de jovencillos de clases sociales opuestas (sosillos pero funcionales y relevantes para la historia), el bromance de Geoffrey Rush con Johnny Depp, y éste en el ojo de la tormenta, sin hacer demasiado y saliendo airoso siempre. Varias líneas confluyen en una misma película, algunas cuajando mejor que otras, y anexadas por unas cuantas (demasiadas) casualidades y caprichos en el primer acto. Todo, cada escena, cada personaje, cada diálogo, está medido al milímetro para contribuir al argumento/humor/espectáculo sin acaparar metraje ni desequilibrar el conjunto. La película avanza rápidamente, entreteniendo siempre, pero sin salirse de los carriles, sin dejar hueco a sorpresas. Ojos más escépticos (o que tengan más trillado el tipo de película que es) tragarán peor esta monotonía, pero los chavales, que al final es el público objetivo siempre de una peli Disney, lo aceptarán con gana.

Muy a favor de la película juega su acabado técnico, sacando músculo con no pocas reminiscencias visuales a las anteriores entregas, pero también grandes nuevas set-pieces, que devuelve la gloria a las escenas de acción tras la planísima cuarta entrega. Como buena atracción de parque temático, en Piratas del Caribe veremos casas moverse, barcos hundirse, mares abriéndose, y el mayor hallazgo de la película, el capitán, su tripulación, su barco y sus tiburones fantasmas. En esencia, no deja de ser la traducción (con muy poca imaginación en algunos aspectos) de Davy Jones, pero con un acabado visual interesante, y un Javier Bardem que se divierte en el papel. Los efectos especiales son también de un gran nivel: algún “cromazo” canta demasiado, pero son detalles perdonables por el ambicioso diseño de las grandes secuencias climáticas, numerosas, variadas y bien resueltas.

Buen trabajo el de los directores Joachim Rønning y Espen Sandberg con un proyecto de encargo, claramente supervisado de arriba abajo, al saber dotarle de ritmo y empaque visual. Atrás queda la sobria fotografía y nulo sentido del espectáculo de Rob Marshall en la cuarta, y la épica y melodrama forzado, tan cargante en algunos tramos de la segunda y sobre todo tercera parte. Piratas 5 va como la seda, más ligera, más colorida (da gusto que los piratas del Caribe no se encierren todo el rato en bodegas, junglas y cuevas) y más divertida… aunque también predecible y muy poco espontánea. Cabe señalar, por último, que la película deja espacio para secuelas (tiene escena post-créditos), aunque sí se aprecian tímidos amagos de cerrar el círculo, de mover a los veteranos a segundo plano para hacer hueco a las nuevas generaciones, a la vez que se celebra y homenajea la saga (incluyendo guiños, remixes de la banda sonora y alguna aparición no-tan-secreta).

Su continuidad dependerá de la aceptación de esta entrega, algo que (si los piratas informáticos lo permiten) no debería ser complicado. Toma prestado más que lo que ofrece, que son muchos déjà vu, pero como producto de evasión orientado sobre todo al público joven, no se le puede poner ninguna falta grave. Todo está en su sitio, contribuyendo lo necesario a la película, que avanza sin sorpresas pero firme y aprovechando el derroche de presupuesto con efectos especiales muy destacables.
Si es de esta forma, la saga puede aguantar algunos asaltos más.

¡Nos vemos en la Zona!

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