PESADILLAS, de Katsuhiro Otomo


 

 

Título original: Domu (童夢)
Sello: Futabasha
Género: Seinen/ Terror/ Sobrenatural
Mangaka
: Katsuhiro Otomo
Publicación Japón
: Ago.1983

Public. España: Dic. 2003 (Norma)
Valoración: Brutalismo ilustrado / 10

 


La auténtica pesadilla sería vivir en un complejo de edificios colmena como el que protagoniza este cómic. Pasillos, galerías, balcones y cantidades ingentes de apartamentos clónicos. Agobiante y claustrofóbico. Un lugar deprimentemente estupendo para que una oleada de suicidios se desate y nos veamos envueltos en una investigación policial, a través de la que iremos descubriendo los miedos y frustraciones de los personajes y una gran crítica al ritmo acelerado de la vida de hoy, mientras averiguamos que lo que hay detrás de estas muertes no son suicidios sino los poderes psíquicos y las turbias intenciones de alguno de sus vecinos. Imaginaos una junta vecinal, eso sí que deben ser auténticas…

PESADILLAS
de Katsuhiro Otomo

Es la primera vez que reseñamos a Katsuhiro Otomo en la Zona, pero no creo que haga falta presentar a alguien tan conocido e influyente a lo largo y ancho del globo, y no por esta obra en concreto, sino por la que parió justo después, Akira. ¿Quién no conoce Akira? Es la inspiración de incontables dibujantes, objeto de estudio y de culto, un manga imprescindible que cuenta con una versión animada que no te cansas de ver, pues, a pesar del tiempo que tiene, sigue presumiendo de gran calidad de movimiento.

Pero para llegar a la distopía de Akira y a los poderes psíquicos que poseen sus increíbles personajes, Otomo primero experimentó con los poderes de los personajes de este cómic, incluso con el diseño de alguno de ellos. Hasta la violencia extrema y las escenas de destrucción tienen el mismo ritmo in crescendo en ambas historias. Pero, si ya te has adentrado en el mundo de Akira, estas características resultan apenas unos bocetos, unos conceptos que borbotean en la mente del mangaka pero que aún están por madurar.

En este pasillo lo raro es que no te pase nada…

Todo esto, claro, si ya has leído Akira, porque Pesadillas se hizo por sí misma con el Gran Premio de Ciencia Ficción de Japón (de los más prestigiosos, por no decir el más, de sci-fi japonesa) en el año ’83. Sí es cierto que los personajes no están del todo desarrollados al menos no en profundidad, pero el dibujo lo suple todo. El dominio de las líneas y las expresiones faciales es lo que imprime a cada personaje su fuerza, su carácter y sus intenciones, al menos las que el autor nos quiere dejar ver, y en los primeros planos, repletos de detalles, es dónde Otomo nos cuenta parte de la personalidad de cada uno.

Pero hay un personaje al que el mangaka presta mucha más atención que a los demás, y ese es el complejo de edificios en el que suceden los aparentes suicidios. Poco a poco la propia historia nos va adentrando en sus pasillos de atmósfera opresiva y claustrofóbica, combinando una trama de terror psicológico y urbano, en el que tan cómodo se encuentra Katsuhiro Otomo, con una impecable técnica narrativa casi cinematográfica.

Si pasan más cosas te da un infarto.

Nada más superar la introducción a la historia, nos enfrentamos a una doble página de brutalismo, y no, no es nada gore, ni de lucha, ni nada parecido. El brutalismo es una corriente arquitectónica que se puso de moda (o de necesidad) tras la segunda guerra mundial. Una combinación de funcionalidad y urgencia por reconstruir viviendas en tiempos récord hizo que grandes países como Japón, Rusia o Alemania construyeran enormes edificios de hormigón con las tuberías a la vista, esto es con los materiales “en bruto”, de ahí su nombre. Útópicamente, estos bloques mastodónticos se crearon para que sus miles de inquilinos fueran todos iguales, pero hoy en día es donde se hacinan las clases más bajas. Como para no suicidarse.

Katsuhiro Otomo aprovecha esta estética brutalista, de líneas rectas y uniformes para crear nuevos espacios verticales y horizontales en los que traumatizarnos, mientras critica a la sociedad. Por un lado, lo que se supone una comunidad de vecinos, acaba resultando  un sinfín de pisos iguales en los que cada individuo se aísla en soledad, haciendo que los interiores de este cómic cada vez resulten más claustrofóbicos. Para incrementar esta sensación de agobio, en ocasiones, Otomo acelera el ritmo narrativo, saturando al lector con páginas repletas de escenas que apenas da tiempo a procesar. Por otro lado, cada pocas páginas, a modo de entreacto, nos volvemos a enfrentar con diversas panorámicas en las que se nos muestra toda la magnitud de los edificios desde diferentes ángulos. Unos planos que plasman lo grandes, imponentes e inseguros que pueden llegar a resultar este tipo de viviendas-colmena, tan brutales (amén de brutalistas) que llegas a sentir la agorafobia del japonés medio y sólo ansías convertirte en un hikikomori.

Brutalismo ilustrado por Otomo. Brutal.

Únicamente me queda por añadir que la edición de Norma de 2008, que es la que tengo yo y la que se mantiene hasta hoy, a pesar de contar con un tomo tremendamente cuidado, con un diseño de portada impresionante en dos texturas y un papel de calidad, muy similar al japonés, curiosamente, el sentido de lectura es occidental.

Pesadillas es una lectura mucho más asequible en tiempo y dinero que Akira, la obra magna del mangaka más influyente a nivel internacional, pero no por ser más corta y más barata es menos atractiva. Los detalles de los dibujos, la atención vertida sobre el realismo de los edificios y el misterio que se encierra en ellos, hacen que este manga sea recomendable de la primera a la última página.

¡Nos vemos en la Zona!

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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