PEEPLAND, de Christa Faust, Gary Phillips y Andrea Camerini

 

Título original:
Peepland TPB

Sello: Titan Comics
Guionistas: Christa Faust y Gary Phillips
Artista: Andrea Camerini
Entintadores: Cris Bolson y Jed Dougherty
Colorista: Marco Lesko
Contenido: Peepland #1-5 (Nov. 2016 – Abr. 2017)

Publicación USA: Junio 2017
Publicación España: –
Valoración: Sexo, mentiras y cintas de video

 

 

En palabras de la novelista, y una de las implicadas en el guión, Christa Faust “Peepland fue el deseo de compartir mis propios recuerdos de la ciudad de Nueva York en esa época loca”. La autora, originaria de la Cocina del Infierno, recuerda aquel subterráneo en la calle 42 donde fue arrestada más de una vez por saltarse las clases o, ya a finales de los ochenta, cómo acabó trabajando en un peep show donde, cuarderno en mano, escribió sobre todos los peculiares sujetos que pasaban por allí. Tal y como ella concluye este el el proyecto más autobiográfico que he escrito y para ello se apoya en el guionista Gary Phillips, autor bastante acostumbrado al tema policiaco-callejero con obras como Angeltown, Shot Callerz o The Rinse entre otras.

Nueva York. Diciembre de 1986. Roxy Bell sobrevive ganándose la vida en el Peepland, un peep show de Times Square, enseñando su cuerpo a desconocidos por unos pocos dólares mientras vive con su tío Leo, antiguo actor de teatro y enfermo terminal de SIDA, pero todo se irá a la mierda cuando una cinta de video casera acabe en sus manos y la Gran Manzana se convierta en el mayor depredador que hay conocido más allá del cristal. Tragad saliva y preparaos para…

PEEPLAND
de Christa Faust, Gary Phillips y Andrea Camerini

“En la profunda tristeza,
no hay lugar para el sentimentalismo”
                                    William S. Burroughs

Estamos ante un buen cómic. Sí. Pese al titubeante comienzo y a la sensación de falta de información que lo rodea, los autores aprovechan la combinación de ficción e historia reciente, con la ayuda incluso de un colaborador del New Yorker, para conjurar una historia sórdida envuelta en falsa purpurina pero en su mayoría equilibrada, siempre entregando el peso a la ficción, que al fin y al cabo es la que mueve la historia, mientras que los retazos de realidad decoran ese envoltorio de vomitiva brillantina urbana. Todo lleno de diferentes personajes y de detalles icónicos de la época, más como detalles que como importantes elementos de la misma.

Podríamos hablar de una pugna frenética, de una persecución incesante donde nuestra protagonista, Roxy Bell, se siente amenazada en todo momento y el lector aguanta la respiración mientras corre con ella pero acaba siendo una cadena de vidas desesperadas, de fantasmas de un pasado reciente que en su día nutrían a una ciudad tan viva como decadente. Unas desgracias personales personificadas en todos y cada uno de los protagonistas sin importar en el bando en el que estén. Muchas mudas, otras detalladas con flashbacks y alguna que otra como si se tratase de un leve vistazo a un desconocido que te cruzas por la calle. Aquí todos muestran su forma de sobrevivir. Y es justo eso lo que perjudica un poco el conjunto: tanto ir y venir de personajes acaba descontrolando el global de la historia.

¡Ay, estos críos y sus inofensivos e infantiles juegos!

Si bien es cierto que se basa en clichés, están bien tratados y en ningún momento se abusa de ellos. Los guionistas, en determinados momentos, parece que no controlan los tiempos narrativos y eso acaba traduciéndose en la mencionada ausencia de información que, aunque se intuye, parece que alguien ha eliminado intencionadamente alguna que otra viñeta. Las situaciones de mayor tensión están conseguidas, sin duda, pero las que no llegan a eso sufren cierta ausencia de empatía, de sentimiento aunque sigo debatiéndome mientras escribo si es más cosa mía que del cómic, ¿quizá me he convertido ya en un crítico del medio? JA. Luego se marca un número final con giros inesperados mientras ata todo (o casi) sin la necesidad de entrecruzar a todos los protagonistas y ponerlos bajo el mismo foco.

El cómic sabe golpear con fuerza mostrando la cruda realidad de la Nueva York de finales de los ochenta, la pre Giuliani antes del lavado de cara que sufrió y que ahora vende al mundo como destino turístico número uno. The Deuce, la famosa calle 42 y escenario principal de la historia, donde la explotación sexual estaba a la orden del día y donde sex shops, locales de striptease y cines X se agolpaban en unos 3,5 kilómetros y la supervivencia se hacía muy cuesta arriba. Un drama de historias cruzadas que me ha recordado a la película de Alejandro González Iñárritu 21 Gramos (salvando las distancias) pero con ese toque de acción extra que el formato necesita. Por suerte ninguno de los autores llega a descuidar el trato personal e íntimo sabiendo llevar de la mano ambas.

¡Ay, estos chavales y sus inofensivos e infantiles juegos!

El SIDA, la homosexualidad, el racismo o la brutalidad policial salpican dramáticamente la historia dotando de humanidad y miseria la acción. Una profundidad emocional desgarradora que se aferra firmemente al lector sin llegar a sensiblerías innecesarias. Te escupe lo justo en la cara. No hay que pensar en la lágrima fácil ya que la intención, o al menos su ejecución, se aleja de eso. Son leves retazos, simples menciones casi inocentes durante las conversaciones que acaban pesando en la mente del que lee como cemento armado, como puñetazos que van doliendo cada vez más, sobre todo, cuando acabas el último número.

Si tengo que describir el dibujo de Andrea Camerini en una palabra, sería cumplidor. El trazo de la dibujante, al que aparte de Peepland no se le atribuye ningún trabajo más en el mundo del cómic, le cede el protagonismo por completo a la historia. Y no por ello deja de ser bueno, en absoluto. Se acopla perfectamente a lo que se quiere contar mientras que el colorista Marco Lesko huye de neones y colores estridentes prefiriendo la sutilidad más suave como si supiera, al igual que Camerini, que es el relato el que manda y ellos son solo intérpretes de lo visual. Importantes, sí, pero meros espectadores. Ese final de año de 1986 no necesitaba extravagancias y estéticamente cumple esa función.

¡Ay, estos adultos y sus inofensivos e infantiles juegos!

Quizá Peepland no goce de la minuciosa complejidad argumental de obras policiacas noir de Ed Brubaker y Sean Phillips, más vinculadas a temas paranormales y de superhéroes, pero este título, dentro de la etiqueta Hard Case Crime, es un entretenimiento más que digno que hará las delicias de los amantes del género y que tiene detrás un poso de información importante. Atentos a Titan Comics que saben lo que se hacen.

¡Nos vemos en la Zona!

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2 Respuestas

  1. Julio dice:

    Que buena pinta !! Y para cuando en España ??

  2. arkhamkaveli dice:

    Muy buena pinta, sí señor y no es la única serie bajo el sello ‘Hard Case Crime’ que tiene Titan Comics. Ten por seguro que hablaré de más. Eso sí, por aquí las series de la editorial van con cuentagotas. Ojalá alguien se anime y empiecen a llegar de forma más fluida ¡gracias por comentar!

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