PALETOS CABRONES, vol. 3: “Bienvenida”, de Jason Aaron y Jason Latour

 


Título original:
Southern Bastards, Vol. 3: “Homecoming” TPB
Sello: Image Comics
Guionista: Jason Aaron
Artista: Jason Latour
Colorista: Jason Latour

ContenidoSouthern Bastards #9-14 (Jun. 2015 – May. 2016)
Publicación USA: Julio 2016
Publicación España: Julio 2017 (Planeta Cómics)
Valoración: Olé tus huevos, campeón /10

 


La gente. Mejor dicho: LA PUTA GENTE
. Las personas. Los homo sapiens. La jodida humanidad. Preocupada solo de lo suyo. Dispuesta siempre a romperlo todo. Capaz de pervertir las mejores ideas. Ansiosa de placer sin responsabilidad. Adicta la vicio de pedir. Inmune a la virtud del dar. Corrupta y repleta de podredumbre. Carente de moral o de ética. Sumisa solo por miedo a la pérdida. Hambrienta de dinero a cualquier precio. Brillante y opaca. Genial y miserable. Mordaz y cruel. Primitiva, temeraria, repugnante, orgullosa, depravada, sádica, odiosa. Creída, meliflua, narcisista, egoísta, patética, triste. Egocéntrica. Maquiavélica. Trastornada. Magnética. Malvada.

La gente. La PUTA GENTE. Esa que Jason Aaron sabe retratar con maestría, cogiendo lo peor de cada uno y lanzándotelo a la cara como un cubo lleno de mierda. Esa que, viñeta a viñeta, este excepcional guionista sabe retratar con precisión fotográfica en un descarnado retrato que nos lleva casi a lo antropológico. Esa a la que nos follaríamos con rabia y rencor llenos de remordimiento. Esa que nos asquea y nos atrae irremediablemente en cada uno de los capítulos de…

PALETOS CABRONES
de Jason Aaron y Jason Latour

Ya en los dos tomos anteriores habíamos podido constatar que Aaron estaba dispuesto a hacer otra declaración de intenciones, a trazar otra linea roja, otro Rubicón imprescindible con el que valorar su trabajo. Bien alimentado por sus trabajos en Marvel, el norteamericano puede dedicarse con tranquilidad a ir creando series más personales y trascendentes, poco preocupado por los plazos de entrega y mucho más centrado en tratar intereses personales, temas que le inquietan y realizar uno de esas radiografías escalofriantes del alma humana con las que ya nos ha regalado en alguna que otra ocasión.

En este tercer volumen se produce un alto en el camino. Uno de esos intermedios que recargan las pilas de la historia, cebándola para lo que intuímos será otro de esos golpes de efecto que nos dejan con el estómago lleno de clavos y una sensación desagradable pero placentera, como el que caga fuego después de haber disfrutado del picante. Saltando de personaje en personaje, Aaron cocina con calma lo que sucederá a continuación, y no me cuesta imaginar al barbudo escritor de Alabama removiendo una gran olla de chili con carne en la que los actores arden hasta la muerte con una lentitud satánica y fascinante. Llenos de aristas y volumen, lo protagonistas de Paletos Cabrones son una sinfonía compleja de personalidades diversas, un elenco de tarados que se sitúan a ambos lados de una frontera en la que los conceptos de bien y mal son, cuando menos, difusos. Siempre turbios, nadie se salva de llevar una ristra de espinas hundidas en la carne, suficientes para que comprendamos que, lejos del blanco y el negro, nuestra vida se desarrolla en una infinita y sucia escala de grises.

¡Ha llegado el Carnaval al pueblo!

Con el fútbol americano como pretexto de fondo, la idea de que somos capaces de convertir cualquier cosa en una excusa para delinquir y robar late como el pulso vibrante de una catástrofe nuclear. No hay labor o acción que no seamos capaces de reventar buscando beneficio económico. Ya sea humana o divina, espuria o benéfica, al final lo que nos la pone dura es el olor del fajo de billetes. A la larga, cualquier ideal acaba siendo fuente de ingresos en nuestras manos. Somos cieno sucio que se retuerce por dinero, y hasta los héroes de apariencia cristalina acaban moviéndose por motivaciones tan religiosas y tan poco cristianas como la sed de sangre y el ansia de venganza implacable. Aaron lo sabe bien, y con ese leitmotiv edifica un pueblo atestado de rednecks adictos al alcohol, la cocaína, las animadoras y la pólvora.

Como segundo pilar de este tebeo árido y sin concesiones, Jason Latour ajusta su arte a ese aura inmisericorde y brutal que se respira por doquier. Abrupto, bestial, directo… el artista y guionista sureño maneja el lápiz y la tinta como una navaja, acuchillándonos en las tripas con cada página. Lleno siempre de personalidad, lejos de un arte canónico y confortable, cada dibujo sirve para que todas las caras se nos queden grabadas a fuego en el lóbulo frontal. Cada mancha es un pirograbado con los rasgos de gente infame, como el temible y patético Euless Boss, marcados a fuego radioactivo en una cicatriz mental indeleble. Para rematarnos, Latour usa una paleta de colores casi planos en los que predominan rojos y ocres, una alegoría evidente de que todo lo  que vamos a encontrar en las calles de Castor County es sangre y mierda.

Hay conversaciones que mejor estar borracho…

Este tercer tomo de la brillante colección de Image promete emociones fuertes en un futuro cercano. Es un heraldo cuya tabla de surf planea pringosa de heces y vísceras sobre nuestras cabezas. Un volumen que transcurre en el ínterin necesario dentro del cual presentamos nuevos personajes mientras vamos poniendo naipes en un castillo barnizado en nitroglicerina. Un paso más hacia el infierno en una colección imprescindible que demuestra lo grande que es Aaron, para mí, de lo mejorcito que ha dado el mercado americano en los últimos años. Acompañado en esta ocasión por un Latour que (como ya pasara con Scalped y Guéra) se mimetiza con la historia y convierte lo diferente y extraño en algo indivisible y necesario. Un frenazo muy bien argumentado que nos recuerda que para saltar al vacío hay que dar un paso atrás para coger carrerilla.

¡Nos vemos en la Zona!

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