PACIFIC RIM: INSURRECCIÓN. Mejor y peor

Título original:
Pacific Rim: Uprising
Año: 2018
Director: Steven S. DeKnight
Guión: Travis Beacham, Emily Carmichael, Kira Snyder, Guillermo del Toro, Steven S. DeKnight (Historia: T.S. Nowlin)
Fotografía: Daniel Mindel

Reparto: John Boyega, Scott Eastwood, Cailee Spaeny, Tian Jing, Adria Arjona, Levi Meaden, Charlie Day, Rinko Kikuchi, Burn Gorman, Ivanna Sakhno, Nick Tarabay, Dustin Clare, Karan Brar, Daniel Feuerriegel, Madeleine McGraw, Shyrley Rodriguez, Rahart Adams, Zhang Jin, Jaime Slater, Lily Ji, Luke Judy, Mackenyu.

Valoración: : Saturday Morning Cartoon /10

Sinopsis: 10 años tras la primera invasión que sufrió la humanidad, el planeta vuelve a ser asediado por los Kaijus que emergen desde un portal interdimensional con el objetivo de destruir a la raza humana. Los supervivientes de la primera invasión, además de nuevos personajes, tendrán que idear la manera de sorprender al enorme enemigo, apostando por nuevas estrategias defensivas y de ataque. Con la Tierra en ruinas e intentando reconstruirse, esta nueva batalla puede ser decisiva para el futuro.

Los fans de la frase segundas partes nunca fueron buenas estarán contentos, pues el dicho acierta de pleno con Pacific Rim: Insurrección, secuela en clara inferioridad a la cinta original de Guillermo del Toro de 2013. Pero los que esgriman ese ridículo argumento contra la película que dirige Steven S. DeKnight perderán muchos matices que cambian las tornas a favor de la secuela, empezando por las razones por la que la original se ganó su culto en primer lugar. Si Pacific Rim era un homenaje cuidadosamente pintado al cine japonés de mechas y monstruos, Uprising pasa directamente a adaptar esas películas al cine comercial occidental de hoy.

Soltando calambrazo en 3, 2. 1…

Así, incluso se podría considerar Uprising como más honesta con la intencionalidad de la franquicia de rememorar un género cuyas películas eran mayormente baratas, de personajes acartonados y caricaturizados y tramas absurdas y reutilizables. Casi todo, desde los decorados, la historia, la escala o la música ha sufrido un downgrade desde 2013. Por contra, aumenta el ritmo, la frecuencia y duración de las escenas de acción y, sí, la propia visibilidad en las peleas. Atrás quedan los sugerentes juegos de luz y agua de la primera, sacrificando estilo en favor de la carnaza a la luz del día.

No neguemos que, aun con sus muchas virtudes, la primera Pacific Rim arrastraba unos cuantos problemas de ritmo, con personajes que no cuajaban y una historia bastante estática. Además de que la acción quedaba, en cierto modo, en un segundo plano, como una degustación gourmet alejada de los atracones bayhem de explosiones que daban en la sala de al lado. Uprising satisfará a los fans de Transformers al ofrecer mayores dosis de pirotecnia (esta vez articulados para que exploten en el clímax y no a los dos tercios), en las que se las ingenian para exhibir nuevos movimientos y coreografías, manteniéndolas dinámicas y emocionantes. A la vez, corre mucho más rápido por las partes que no son CGI (que, todo sea dicho, es impecable), dosificando los encuentros monstruosos cada poco tiempo. Lo suficiente como para disimular dicho downgrade, que a nivel argumental le lleva a reciclar y simplificar situaciones de la primera, como ocurre con el puente neuronal, aquí poco más que un recurso caído del cielo para rellenar la exposición pertinente.

¡Adelante, equipo Actimel!

El guion, escrito sin mucha intervención de Del Toro, falla también en ofrecer una historia cohesiva, y a pesar de tener algunas ideas originales, da la sensación de dejarse muchas cosas en el tintero, y que unas manos más atrevidas podrían haber logrado algo más interesante. También tengo la sensación, aunque esto son teorías mías, que son varias las fuerzas externas que pelean contra los guionistas. Por un lado, está el hecho de que Charlie Hunnam, protagonista de la primera, se cayó del barco a última hora, lo que obligó a buscar un personaje sustituto. El elegido fue ni más ni menos que el hijo desconocido de Stacker Pentecost, el imponente personaje de Idris Elba en la anterior. Una idea que abría un montón de posibilidades, especialmente con todo con lo que implicaba el regreso a la secuela Mako Mori (Rinko Kikuchi), hija adoptiva de Pentecost.

No hay que echarle mucha imaginación para ver las posibilidades de conflicto que esta ortodoxa relación fraternal podría abrir, sobre todo en un contexto de invasión mundial. Sin embargo, la película pasa de puntillas sobre este tema, hasta niveles extraños. Como si, probablemente, hubiese sido demasiado tarde cambiar el guion significativamente para sacar partido de esto. Y aún a riesgo de quedar como esos listillos que se creen mejores que los guionistas por ser fans a tiempo completo de algo, sí que creo que la historia mejoraría notablemente intercambiando un par de roles aquí y allá y reajustando la trama (y no drásticamente) a estos cambios.

Velaske, yo soi guapa?

Varios de estos, por cierto, tienen que ver con la intrusiva presencia china en la película. Lo cual suena súper racista, pero venga, que todos sabemos de qué va esto: meter representación china para atraer al público del gigante asiático (que ha salvado los platos de más de una superproducción americana recientemente, Pacific Rim incluida). Pasó en Iron Man 3, en Transforers 4 y en Independence Day 2, y ahora en Pacific Rim 2, con el personaje interpretado por Jing Tian (que si te suena, es porque tiene un contrato con Legendary para estos menesteres, y ya salió en The Great Wall y Kong: Skull Island). Aquí llega Capitán Obvio: la diversidad en producciones para el público masivo es genial, y precisamente ambas Pacific Rim tocan el tema de la integración y la multiculturalidad. Pero esto es claramente una decisión comercial, inevitable viendo que la recaudación china de la primera superó la americana. Y que, desgraciadamente, da lugar a una trama confusa, con el personaje de Tian completamente hueco, y con diálogos enteros hablados a la vez en chino e inglés, algo que escama incluso aunque la película bromee sobre ello.

Aunque el guion haga aguas, la película se hace fácil de ver, sea por la velocidad a la que va, sea por el carisma de su elenco, sea porque, aunque sean personajes planos, el mundo de Pacific Rim sigue siendo apasionante. John Boyega convence de nuevo con una capacidad innata para caer simpático, aunque su papel se limite a vacilar al estirado de Scott Eastwood. Los científicos de Charlie Day y Burn Gorman vuelven a hacer de las suyas, como los “alivios cómicos, más o menos” con sorprendente hambre de comerse la pantalla. Cailee Spaeny lidera un grupo de cadetes que apuesta por atraer a un público más joven, y que aguanta el tipo como coprotagonista junto a Boyega, a pesar del evidente parecido de su personaje con el de la niña de Transformers 5.

Es llegar el calor y esto se pone de bichos…

Es decepcionante que ningún personaje tenga nada que recorrer, pero… no olvidemos lo que estamos viendo una serie B de 150 millones de presupuesto. Hay secundarios que directamente su única razón de ser es soltar un gag. Y aunque Boyega sea el protagonista, no monopoliza el tiempo en pantalla, y desde luego no dirige la historia. El peso se reparte entre un reparto amplio, lo que suele ser la decisión acertada en películas en las que lo que está en juego es el fin del mundo. Y lo hace sin más pretensión que un dibujo animado mañanero, algo que, a pesar de su notoria influencia, la aleja definitivamente de las recargadas Transformers de Michael Bay.

Sin duda, carece del “toque Del Toro” que, en 2013, nos hizo fantasear con que el kaiju eiga era arte y ensayo. Desde los decorados, más pasilleros e industriales; a la banda sonora insípida (salvo la escena que recupera el tema de Ramin Djawadi); y terminando por supuesto por sus personajes planos y un guion cojo y algo conservador en cuanto a ideas propias. Todo da la sensación de dejadez, de cortar el grifo y casi de achantarse por la ausencia del mexicano en el proceso creativo. A cambio, han dado en el clavo, aunque fuera accidentalmente, con un entretenimiento tan vacuo como divertido y heredero del cine de evasión más despreocupado. Si ver titanes liarse a mamporros entre edificios no te hace babear, ¿por qué has seguido leyendo hasta aquí?

¡Nos vemos en la Zona!

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