OLEG, de Frederik Peeters

 

 

Título original:
Oleg HC
Sello:
Atrabile

Artista: Frederik Peeters
Publicación Suiza: Enero 2021
Publicación España: Abril 2021 (Astiberri)
Valoración:
Un cómic que es tú mismo, o se le parece mucho

 


Odio las fotos. Las odio. Son un reflejo distorsionado de todo aquello que pienso que soy. De esa imagen aceptable forjada tras años de autodesprecio. Son el fin de horas inacabables de trabajo psicológico dedicado a demostrarme a mí mismo que no soy un ser poco atractivo que no le interesa a nadie. Las fotos me odian a mí. Me deforman. Me transforman en la imagen pervertida que tengo en mi cerebro. Me reflejan como soy. O como ellas creen que soy. Me encuentran siempre en mi peor momento. Me congelan con la mueca, el gesto torcido, los ojos cerrados, la cara de bobo. Me devuelven la mirada como un espejo infecto que detecta mi aprensión y la usa en mi contra.

OLEG
de Frederik Peeters

Los cómics autobiográficos pueden causar un efecto parecido a las fotos. Logran que contemples al autor con las tripas abiertas y que, además, te identifiques con los tics y manías en los que te reconoces como en una radiografía. Son brutales, descarnados y evidentes. Son delatores. Te señalan. Te dicen lo que eres. Cómo eres. Te enseñan con calidad cinematográfica la clase de persona que los demás ven en ti cada día. Esta relación, esta empatía con el propio personaje tiene una relación directamente proporcional con el talento del autor. Cuanto mejor es el artista, el guionista, el dibujante, más certero es el retrato y más sencillo es identificarse con él.

En ese sentido, si hablamos de talento, Frederik Peeters juega en otra liga. Es de otra dimensión. Es como un galáctico del fútbol cuyos trabajos se esperan con expectación, sabiendo que van a llevarte un paso más allá, a un lugar al que muy pocos son capaces de transportarte con la lectura. Oleg es una segunda parte no oficial de Píldoras Azules, el cómic que lo transportó a la primera división de la BD, por seguir con el símil futbolístico. Peeters vuelve a aquella relación sentimental, a aquella pareja tierna y real que vivía la vida de manera natural y nos transporta en el tiempo, unos años más tarde, para narrar, de nuevo y con pulso maestro, una vida más adulta, mas atropellada por la realidad, con hija adolescente de por medio, pero que, ante todo, no ha perdido ni un ápice de pasión, amor, deseo y carisma.

Las nuevas generaciones…

Manteniendo ese estilo de blanco y negro poderoso, de tinta prodigiosa, de trazo espectacular que destila esa genialidad pura con la que uno puede identificar al maestro suizo, Oleg transita por el ritmo habitual de reflexiones de altura, de narrativa impecable y de metáforas visuales increíbles. Es un tebeo lleno de ternura, dulce, maravilloso en su hermetismo intermitente y brillante en cada escena en la que los personajes se relacionan. Oleg, a pesar de sus momentos de disquisiciones de altura que pueden parecer pedantes, de sus diálogos para expertos y de sus tics propios de la propia idiosincrasia autoral que los aficionados a su obra ya conocemos es, sobre todo, la historia de una vida. Un retrato de una porción de eso que experimentamos cada día. De lo que tenemos. Lo que hacemos. De los que nos inquieta, lo que nos hace reír, lo que nos hace sufrir.

Oleg, en definitiva, es la definición clásica de los que todos entendemos por novela gráfica. Una historia cerrada, biográfica, reflexiva, en la que se hacen menciones a temas de actualidad, a preocupaciones propias, a obsesiones intrínsecas con las que es fácil identificarse. Una nueva vuelta de tuerca a una historieta que marcó de manera definitiva una carrera y que transpira esa deuda, esa necesidad de volver a los mismos personajes para comprobar que siguen ahí y que, a pesar de haber cansado, siguen siendo los mismos. Un cómic que trata de contar, con páginas que huelen a verdad, una vida que, en ocasiones, parece demasiado ideal para ser cierta.

C’est la vie.

Publicado en el DIARIO DEL ALTO ARAGÓN el 25 de Abril de 2021

¡Nos vemos en la Zona!

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