OBJETIVO HEDY LAMARR, de Ricardo Vilbor y Ángel Muñoz

 

Título original:
Objetivo Hedy Lamarr ESP
Sello: Grafito Editorial
Guionista: Ricardo Vilbor
Artista: Ángel Muñoz
Colorista: Abel Pajares
Publicación España: Enero 2019
Valoración: Menos mal que algunos aún creen en los genios

 

 

Hola, querido lector.

Gracias por estar ahí. Creo que te gustará saber que si estás leyendo esto es gracias a la protagonista del cómic que voy a reseñar a continuación y a su fascinante invento. A ella y a su inteligencia prodigiosa y a su voluntad insaciable de mejorar todo aquello que estaba a su alcance. Además, si te digo que esa misma persona ha sido una de las actrices más bellas de la historia, la primera en fingir un orgasmo en el cine y que su cara sirvió de modelo a Walt Disney para Blancanieves y los siete enanitos, espero haber creado la atención suficiente para que leas este artículo y, por supuesto, para que te lances como un ser enloquecido por al ansía a la compra de este tebeo llamado…

OBJETIVO HEDY LAMARR
de Ricardo Vilbor y Ángel Muñoz

Caballo ganador. A veces lo ves tan claro que tienes que hacerlo. Los herejes lo llaman llaman salto de fe porque creen que hay que estar loco para darlo. Como si te fueras a partir la crisma al llegar al suelo.Pero tú lo ves tan claro, que para ti hay un enorme colchón de aire lleno de éxito que va a frenar plácidamente tu caída. Es como un haz de luz cegador que te da en toda la cara y que, en vez de fundirte los ojos, te eleva a un estado de consciencia superior en el que todo está más claro. Es un sexto sentido que te dice que no vas a fallar. Apostar sabiendo el resultado de antemano. Jugar con cartas marcadas. Aunque claro, para ganar hay que comprar. Hay que sentarse en la mesa de póquer. Hay que arriesgarse. Hay que echarle un par. Algunos piensan que con la certeza es suficiente, pero o materializas tu pálpito infalible en un producto sólido, o puedes morir esperando las mieles del triunfo por evidentes que estas te parezcan. Como dirían los hijos del Brexit: «no pain, no gain».

De igual forma, unos buenos materiales no te garantizan un bonito edificio. O sabes cómo usarlos, lo que tienes que hacer con ellos y donde va cada uno, o tendrás una obra digna de un sueño megalomaniaco de El Pozero cuando lo que pretendías era edificar una casa en la cascada a lo Frank Lloyd Wright. Necesitas buenos artesanos, obreros cualificados, artistas de calidad que pongan las cosas en su sitio e ilustren los detalles de tu suntuosa mansión. Necesitas un plano, buenos gremios e inversión. Cambia edificio por cómic, y sabrás de lo que hablo.

Solo los genios son capaces de hacer grandes cosas con poco.

Si empezamos por el plano, Ricardo Vilbor acierta de pleno al plantear un guión ágil y sencillo, típico de la historias de “todo en un día”. Basándose en una ideal original de Yolanda Dib, es un guión que, por si fuera poco, sirve para educar mientras entretiene. A través de una trama básica de conspiraciones y espionaje, la acción circula con inteligencia a través de explicaciones someras pero ajustadas de los inventos de la actriz austriaca, sobre todo de la ‘técnica de transmisión en el espectro ensanchado’ que supondría el cimiento sobre el que se edificó la tecnología wifi, la droga dura del siglo XXI.

Esta es una historia de buenos, regulares y malos. Agentes dobles y triples disparando plomo sin contemplaciones en los decorados míticos del Hollywood dorado. Ametralladoras Thompson y edificios de cartón piedra en una época en la que todo parecía posible. Una historia de ficción por la que se mueven actores reales, en la que uno puede imaginarse perfectamente a la grácil Lamarr huyendo de los espías nazis para que su invento no caiga en malas manos y cambie el curso de la historia.

Son rumores, son rumores…

De igual forma, y siguiendo con los gremios, el dibujo de Ángel Muñoz cumple con una premisa limpia, tan efectiva y directa como el guión que ilustra. Deudor de la línea clara, elegante gracias a esa economía de trazos que se pone al servicio de la narración, el dibujo de Muñoz es un compendio de cine construido con elementos básicos que da frutos clásicos. Es fácil imaginar la película que podría salir de esta historia. No hay que hacer esfuerzo alguno. Si alguien se animara, tendría el storyboard perfecto. Todo funciona con una fluidez narrativa envidiable en la que los elementos se mezclan con naturalidad. La damisela en apuros, los héroes de acción, el giro inesperado y el nazi malísimo. Cada uno definido y reconocible, casi arquetípico, movido por ese talento que Muñoz demuestra para animar a los personajes y, a la vez, contar la historia secundaria mediante la que el lector va aprendiendo de ese fascinante personaje que fue Hedy Lamarr.

El trío creativo se completa con los colores de regusto añejo de un Abel Pajares consciente de la labor sorda del color en el cómic, un elemento al que pocas veces prestamos atención y que puede resultar definitorio. No solo sirve nos sirve para distinguir con más claridad a los propios personajes y vestir el mundo con la luz adecuada, sino que debe estar integrado con sutileza en el arte del dibujante para no aplastarlo bajo un excesivo protagonismo. Pajares cumple con creces con la labor de iluminar sin cegar, y sus colores básicos se ajustan como un guante al thriller sin respiros que resume todo lo bueno de esta historieta.

Da best promo ever!

Caballo ganador. Sí. Objetivo Hedy Lamarr huele a apuesta personal. A necesidad básica que había que satisfacer. A esas deudas pendientes que todos tenemos con personajes casi olvidados que cambiaron el mundo de forma altruista, legándonos el fruto de su genio para construir un futuro mejor. Quizá por eso el producto resultante es tan satisfactorio, tan grato de leer.

Educar entreteniendo. Recuperar figuras que merecen monumentos en plazas de todas las ciudades. Hacer un cómic digno, trepidante y peliculero. Son muchas las virtudes del tebeo de Grafito Editorial. Te invito a que lo leas y descubras la tuyas.

¡Nos vemos en la Zona!

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