NEONOMICON, de Alan Moore y Jacen Burrows


Título original
:

Alan Moore’s Neonomicon TPB/HC
Sello: Avatar Press
Guionistas: Alan Moore y Antony Johnston
Artista: Jacen Burrows
Colorista: Jacen Burrows
Contenido:
Alan Moore’s The Courtyard #1-2 (Ene. 2003 – Feb. 2003)
Alan Moore’s Neonomicon #1-4 (Jul. 2010 – Feb. 2011)
Publicación USA: Octubre 2011
Publicación España: Agosto 2011 (Panini)
Valoración: ¡Por mis barbas primigenias, Cthulhu!

 

Recuerdo cuando me propuse hablar de mi primer cómic de Frank Miller. Ni más ni menos que su colaboración con otro grande como Walter Simonson en Robocop Vs. Terminator. Para mí fue algo importante. Hay autores con los que aún siento vértigo al hablar de ellos por el simple hecho de que sean grandes y no consiga captar sus mensajes, sus historias. No os voy a mentir, sigo sintiendo vértigo y hasta dude de muchas de mis afirmaciones aquí, pero eso no quita que ahora inaugure mi rincón de Alan Moore con una historia que bebe de un titán inmortal como H.P. Lovecraft. Miedo, sí, pero hacia delante.

Aldo Sax es un agente del FBI que posee unas cualidades deductivas muy singulares sabiendo separar el grano de la paja cuando, en los casos más extraños e inconexos, nadie más consigue avanzar. Mientras está encubierto en una habitación de mala muerte, estudia cada foto y cada documento sobre quince crímenes exactamente iguales pero perpetrados por personas sin ninguna conexión aparente ¿qué terror se esconde tras estos brutales asesinatos? ¿Encontrará una pista que seguir o acabará perdiéndose así mismo? Bajemos a las profundidades del horror en…

NEONOMICON
de Alan Moore y Jacen Burrows

Si existe un autor que consiga integrar el vasto, complejo y aterrador universo de H.P. Lovecraft en un cómic sin despeinarse, es Alan Moore. Si además lo comprende a tantos niveles que da la sensación de que todo es suyo, es Alan Moore. Pero es que si encima no tienes el conocimiento de ese imaginario primigenio del de Providence de palabras impronunciables, monstruos con tentáculos y destrucción, ahí sigue Alan Moore para darte, lo quieras o no, una sobredosis en el callejón más oscuro de tu cerebro y acabes disfrutándolo tanto, que vuelvas por otra dosis.

Con un prólogo absorbente y de corte clásico con la ayuda de Antony Johnston, Moore nos empuja en The Courtyard directamente a los ojos de la bestia. Incluso habiendo dejado la historia ahí, seguiría manteniendo esa potencia con un misterio terrorífico y confuso. Una niebla entre lo real y lo que no incluso cuando lo tienes delante de tus narices. Un puñetazo directo que acaba en un combo cuando continúa en Neonomicon arrastrando las oscuras consecuencias de la primera historia. El terror ya no es ajeno a nosotros y acabamos metidos hasta el fondo en un pozo del que no sabemos si podremos salir.

Este está cuerdo, mis cojones.

Un origen que es un final, un final que aún no ha llegado. Moore juega con el presente, nos horroriza, incluso se permite ir más allá de la naturaleza humana sin excusas. Como me advirtió mi compañero de podcast Marc “Neonomicon tiene una de las escenas más asquerosas que he leído” y no mentía. Tan fascinante como desagradable, cuesta apartar la vista mientras que nuestra curiosidad muerde cada viñeta. Esto no es Crossed, aquí hay una oscuridad intencionada, no hay caos y eso lo convierte en algo más enloquecedor en las manos del barbudo gruñón.

Incluso se ríe del propio Lovecraft sintiéndose superior a él pero alejándolo de la ofensa. Moore puede hacer eso. Se permite el lujo de meter al propio autor como otro ser mundano bajo la influencia de R’Lyeh. Lovecraft vino después, no inventó nada. La historia es primigenia, única, inamovible y Nyarlathotep, avatar del mito, deja constancia de ello. Los adoradores se irán y otros vendrán pero no dejan de ser falsos ¿Qué es real? ¿Qué no? ¿Acaso importa? Y aún siendo sólo cuatro números, el guionista británico se encarga que al final todo tenga sentido, una intención. Como dije antes, nunca existió el caos, no para ellos y eso deja un pequeño resquicio que temer.

¡Te como la cara!

Es difícil mantener el nivel cuando tienes a Alan Moore sacándose la chorra hasta con los más mínimos detalles junto a que es bastante conocido lo del dibujante random que suele trabajar para Avatar Press. Sin desmerecer el trabajo de ninguno de ellos, es fácilmente apreciable las sorprendentes similitudes en estilo, trazo y color de todos sus dibujantes. Pero cuando hablamos de Jacen Burrows hablamos de unos peldaños por encima. El dibujante de San Diego, pese a mantener ese parecido con el groso artístico de la editorial, destaca gracias al detalle, tanto en personajes como en ciertas expresiones más allá del asco (mueca desencajada que abunda demasiado en los personajes de la editorial).

Burrows consigue un gran trabajo apoyándose en la estructuración de viñetas horizontales, grandes. En ausencias de fondos puntuales y colores artificializados que sin ser planos del todo no dejan de tener esa sensación de digital. Pero aquí nada de esto es malo, todo funciona y sirve de acompañamiento perfecto al genial guión del británico. Unas caracterizaciones conseguidas y ciertas composiciones caótico-lovecraftianas en los momentos de más desorden mental que funcionan más si cabe en las splashpages de cada número. Un trabajo redondo pero mucho más funcional que espectacular.

Consecuencias de no cortarse las uñas.

Alan Moore coge de la mano a H.P. Lovecraft para abrazarlo muy fuerte y luego empujarle al abismo más oscuro, mientras desgrana todo su universo cósmico y lo integra un cómic que bien podría ser mainstream y común sin estos dos bichos de la literatura inmersos en él. Un final normal, casi previsible pero que no por ello deja de tener unos portentosos ingredientes que harán las delicias de los fans de Moore más exigentes o de los amantes de los tentáculos. Un minucioso homenaje con todas las letras del mago de Northampton.

¡Nos vemos en la Zona!

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