NEGALYOD, de Vincent Perriot

 


Título original:
Negalyod BD

Sello: Éditions Casterman
Guionista: Vincent Perriot
Artista: Vincent Perriot
Colorista: Florence Breton

Publicación Francia: Septiembre 2018
Publicación España: Febrero 2019 (Norma)
Valoración: Todo lo que te gusta

 


Sé que esto os va a sonar
. Pero es la verdad. Tengo un problema. Y gordo. Quiero escribir una reseña de unas 1000 palabras de una obra que puedo resumir con dos: Dinosaurios y Moebius. El epítome de la molonidad. El máximo. El puto súmmum. Por tanto, estoy en la mierda. En la más pura y absoluta mierda. Esto es así. Y lo digo porque si esos dos simples vocablos no son suficientes para convenceros de que tenéis que comprar este maravilloso cómic, entonces lo mejor que podéis hacer es meteros en una caja de cartón empapada en orín y esperar a que se abran todos los sellos del apocalipsis tras las apasionantes jornadas electorales que nos esperan. Que es lo que merecéis. Perdidos.

NEGALYOD
de Vincent Perriot

Ahora a ver cómo me las compongo. Si fuera un mediocre, usaría la reseña para explicaros el argumento del tebeo con pelos y señales y decir que me ha molado mucho. Y ya. Haría algo así como… Pastor de dinosaurios, futuro a lo Mad Max, gobierno granhermanoide que controla el agua, naves voladoras que parecen barcos de vela, héroe contra el sistema, bla, bla, bla. Pero para qué. Lo de contar lo que pasa cuando te preguntan por tu opinión es la más clara prueba de que no sabes de lo que hablas. Además, os lo vuelvo a repetir: dos palabras. Dinosaurios. Moebius. Una especie de vuelta al estilo de El Garaje Hermético coloreado por la colorista habitual del genio francés: Florence Breton. Todo ello editado en uno de esos tochales con los que Norma nos demuestra que cuando quiere, edita como los ángeles. De forma respetuosa. Sin reducir o trastocar. Copiando el original con pulcritud y acierto. Y ya está. Joder, no sé qué más queréis.

Es imposible pillar Negalyod, abrirlo y no quedar hechizado por el espectáculo visual que supone. Por su titánica estética. Por ese dibujo que desdibuja el argumento en aras de unos fuegos artificiales que queman la retina de pura gloria, dejando la historia como una mera excusa para la orgía, para el follar. Negalyod es como el gonzo, como el porno salvaje y pringoso, placer puro. Una historia que hemos visto miles de veces construida con un apartado gráfico que quita el sentido, un guión que te lleva de la mano por las páginas dándoles la cohesión necesaria para que haya un fondo por el que navegar. Vicent Pierrot es sublime en su arte, hábil en la narración y completamente magistral en los escenarios. Negalyod es una máquina que funciona, y funciona como un reloj digital recubierto de oro y diamantes. Plantea una incógnita y la resuelve mientras dispara sin cesar páginas que merecen aplausos.

Porque a un dinosaurio no se le dice “arre”, sino YABBA-DABBA-DOO.

Pues ale. Reseña ventilada. Ahora me quedan 600 palabras para hablaros de la vida, del amor y del poder de la memoria. De lo importante que es el agua para esa misma vida y de cómo os engañan a diario cuando os intentan convencer de que el futuro de la tierra está en el uso que hacemos de nuestro grifo cuando nos lavamos los dientes. Un Estado que te culpa de un problema del que apenas eres una parte entre un billón de billones en lugar de reparar las conducciones por las que se pierde un 50% del suministro no es un Estado. Es un grupo de hijos de puta con conocimiento de causa. Los que hacen. Los que no hacen. Los que se olvidan de hacer. Y mientras, calman nuestra conciencia capitalista y bien comida con mensajes buenistas que no afrontan la raíz del problema.

También os puedo hablar de los dinosaurios. De lo que mola en general la vida cuando los utilizamos. Sea para lo que sea. En películas, en cómics, en videojuegos, como patrones para el ganchillo, para sujetar el rollo de papel de váter… qué más da. Los dinosaurios molan. Son acierto seguro. Son la icónica imagen de la fascinación. Los dragones que nunca tuvimos.

Eso debe ser lo que llaman “carnívoros oportunistas”. Qué caradura el T-Rex.

Y luego tendría que acabar con Moebius, pero no es necesario hablar de los grandes maestros porque los genios son. Son inmutables. Son eternos. Y cuando alguien comprende su legado y lo imita con respeto y belleza, merece que leamos su obra. Y punto. La gente que no aprecia el arte de Moebius no merece llamarse persona.

Porque eso es precisamente lo que significa Negalyod. Un homenaje espectacular a uno de los grandes del cómic. Un apabullante espectáculo de luces y colores que nos recuerda al fallecido y añorado astro galo. Un magnífico ejemplo de lo mucho que se puede contar sin necesidad de romper las reglas del juego; más bien al contrario, cogiendo lo que ya sabemos y dándole un enfoque tan cercano y reconocible que pocos se habían atrevido a hacerlo. Amor puro, sentido, nostálgico. Amor del duro. Amor del bueno.

¡Nos vemos en la Zona!

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