NAMELESS, de Grant Morrison y Chris Burnham

 


Título original
:
Nameless TPB
Sello: Image Comics
Guionista: Grant Morrison
Artista: Chris Burnham
ColoristaNathan Fairbairn
Contenido: Nameless #1-6 (Feb. 2015 – Dic. 2015)
Publicación. USA: Marzo 2016

Public. España: Junio 2017 (Norma Editorial)
Valoración: Pajas cósmicas mentales de un genial mago calvo /10

 

Un meteorito con una extraña inscripción en su superficie se encuentra en rumbo de colisión contra la Tierra, lo que generará un evento de extinción global que acabará con la civilización humana. Un variopinto grupo de astronautas financiado por un filántropo billonario emprende una misión casi suicida para desviar la gran roca y evitar así el fin del mundo. Pero, como en todo lo que gira en torno a la obra del escocés Grant Morrison, nada es lo que debería ser y el letal asteroide (cuyo nombre es Xibalba, nombre del inframundo maya) resulta ser el último resto de una civilización de titanes que pereció en una guerra contra horribles demonios.

Y así comienza un auténtico descenso a un muy particular infierno, porque esto es el …

NAMELESS
de Grant Morrison y Chris Burnham

No voy a tirarme el moco ahora diciendo que entiendo a Grant Morrison. Para nada. De hecho, reconozco que tengo que leerme varias veces sus cómics para tratar de descifrar un diez por ciento de todo lo que contienen. Siempre que termino una de sus obras me aborda una sensación bipolar, ambigua, una mezcla de decepción y flipe que me empuja a creer que estoy ante un fraude genial, ante un tipo tan listo, que vive de vendernos sus pociones mágicas de pega, como uno de esos falsos médicos que vendían crecepelos milagrosos en cochambrosas caravanas. Más que un mago, Morrison es un tahúr, un prestidigitador de enorme talento que agita las manos frente a nuestros ojos mientras realiza sus trucos. Hipnotizados por el movimiento armónico de sus ágiles dedos, no nos damos cuenta de las cosas que pasan entre humos y espejos, y que acaban configurando el prestigio sorprendente con el que nos alucina. Todo es falso, pero tiene un extraño sabor real, como un ladyboy precioso de piel de porcelana, cuya belleza cegadora eclipsa el inesperado bulto que decora su entrepierna.

Nameless sigue a rajatabla esta norma, construyendo alrededor de un impresionante apartado gráfico realizado por del siempre brillante Chris Burnham, un despliegue de luces y efectos especiales bajo el que oculta conocimientos enciclopédicos de los arcanos del tarot, de la mitología pandimensional y de la cultura ocultista de los siglos XIX y XX. Lo que en principio parece una mezcla de películas como Armageddon, Event Horizon y El Príncipe de las Tinieblas, acaba convirtiéndose en un laberinto de realidades en la que las pesadillas convergen confundiendo la vigilia con la demencia alucinada de un loco. Nameless respira Lovecraft por los cuatro costados, ese tipo de terror que te horroriza a base de enterrarte en lo gigantesco, haciéndote consciente de tu propia insignificancia ante fuerzas universales para las que eres menos que polvo. Es una revisitación casi tópica del fin del mundo llena de gore, monstruos sin forma y asesinatos horribles, que poco a poco se va transformando en un aluvión de referencias sacadas de un catálogo de magia en el que intervienen ángeles, demonios y un muy interesante concepto del Dios juedeocristiano que ha regido nuestro destino desde hace más de dos mil años.

El conocimiento es dolor, por eso hay tanto inepto.

Morrison tiene un talento innato para erigir ambientes incomprensibles y opresivos, atmósferas que casi puedes masticar y te sumen en la desazón indefinible en la que te entierra todo lo que no entiendes. Es violento e inmisericorde, y establece sus líneas de conexión rojas sin importarle si el lector será lo suficientemente inteligente como trazarlas y unir los puntos claves que abren el puzzle con el que se resuelve la trama. Además, en este caso, tenemos la suerte de que contar con dos enormes talentos ilustrando las bombas psíquicas de guionista de Glasgow, y es que Chris Burnham, discípulo aventajado de la escuela de Frank Quitely, y Nathan Fairbairn componen una odisea de lápices, tintas y color que sublima el más profundo horror cósmico con el gore sucio del giallo, una perfecta sinfonía de tonos subsónicos cantada por terribles sirenas deformes. Esta vez nos libramos de dibujantes mediocres y confusos que en demasiadas ocasiones colaboran con Morrison, afeando con trazos sin gracia hazañas argumentales que merecían mejor suerte gráfica.

Quizá si esto hubiera sido todo, la trascendencia de Nameless habría quedado formada por un guión que baila entre lo onírico y lo terrible y un dibujo espectacular, pero es que el bastardo de Morrison, consciente de su superioridad insultante, nos muestra todos sus trucos en un apéndice final en el que anota los seis episodios que conforman el volumen recopilatorio con una explicación pormenorizada de los elementos utilizados. Como un prestidigitador que se complace demostrando lo mucho que sabe él y lo poco que sabemos los demás, en apenas cuatro páginas realiza un despliegue de sapiencia abrumador, de esos que te empujan a buscar en Google cada referencia, no vaya a ser que se esté inventando algo. Morrison se hace un Alan Moore en toda regla, un ejercicio onanista que evidencia lo lejos que estás de traducir las puertas insondables que rigen el indescifrable mundo de la taumaturgia verdadera. Resulta casi impensable llegar a entender esta fábula de duplas, monedas de dos caras y revolución feminista sin la ayuda inestimable del maestro, y la sensación de que te está ardiendo el cerebro al final de la lectura causa una placentera sensación de aturdimiento y embriaguez.

El ojo que todo lo ve te dice hola.

Como resumen, la idea general sería que Grant Morrison parece un cabrón pomposo, quizá porque es uno de esos cabrones pomposos que se pueden permitir el lujo de serlo.
Sus tebeos son pasadizos a lugares en los que no queremos estar, pero que, como pervertidos mirones que somos, nos encanta espiar a través de la seguridad impostada conferida por un portal con forma de página llena de viñetas.
Sus historias son larvas que anidan en nuestro cerebro y van trazando túneles en nuestra mente; diminutos mineros en busca de esas joyas de conocimiento que nos ascenderán a niveles de percepción superiores.
Es un alquimista que sublima las drogas que consume para ofrecernos su visión del mundo a través de los ojos de un chamán pasado de vueltas que comprende los caminos secretos de un mundo oculto.
Es un filósofo de la redirección, de la mutación, de la plaga, y su doctrina dinamita sin compasión la idea meliflua e inconsistente gracias a la cual creemos ser el centro del universo, dueños y señores de un mundo ideal que gobernamos con mano férrea.
Al final, lo que demuestran obras como Nameless es que, con suerte, y tal y como dijo el bardo inmortal, todo lo que vamos a llegar a ser es protagonistas de un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido (sic).

¡Nos vemos en la Zona!

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