MOTOR CRUSH, de Brenden Fletcher, Cameron Stewart y Babs Tarr

 

Título original:
Motor Crush, Vol.1 TPB
Sello: Image Comics
Guionistas: Brenden Fletcher, Cameron Stewart y Babs Tarr
Artistas: Cameron Stewart y Babs Tarr
Colorista: Heather Danforth
Contenido: Motor Crush #1-5 (Dic. 2016 – Abr. 2017)
Publicación USA: Junio 2017
Publicación España:
Valoración: Y cuanto más acelero, más calentito me pongo /10

 

Que nadie se asuste. El sol sigue saliendo por el este y yo no me he olvidado de mi trilogía sobre crossovers imposibles. Todo a su tiempo. En este caso haré una pausa para meterme de lleno en una de esas series de las que llevaba tiempo leyendo buenas críticas con unos autores que se habían ganado el jornal con un personaje de renombre dentro de DC Comics: Batgirl. Un cómic que muchos de los iluminaos defenderían sólo por el hecho de estar protagonizado por una mujer lesbiana y lo usarían para izar la bandera. Pero si Zona Zhero me ha enseñado algo es, que etiquetas y envoltorios engañosos aparte, el contenido es lo que realmente importa.

Domino Swift tiene una doble vida. La hija del ex campeón del mundo Sullivan Swift es de día una promesa del motociclismo de Nova Honda dentro del World Grand Prix con un enorme afán de superación y una innegable calidad sobre las dos ruedas. Pero de noche, Domino participa en carreras ilegales llamadas cannonballs bajo el nombre de Grillo, donde todo tipo de bandas urbanas no solo corren para ganar, sino para conseguir el ansiado premio a base de violencia extrema. Todo por un potente acelerante ilegal y muy peligroso llamado crush ¿qué tiene que ver Domino en todo esto? ¿Qué relación guarda el crush? Poneos el casco y el mono de cuero que nos metemos en el circuito de…

MOTOR CRUSH
de Brenden Fletcher, Cameron Stewart y Babs Tarr

Los que ya disfrutaron de los autores en la etapa de Bárbara Gordon en Burnside durante dieciocho números en el tramo final de Los Nuevos 52, tienen aquí, en cierta medida, la misma fórmula a seguir. El trío consigue adaptarse a la perfección al estilo de Image (vamos, lo que viene siendo alejarse de Marvel y DC) dejando el tono cursi y cool de relaciones sociales superficiales para que el título sea más adulto, creíble y oscuro y donde las redes sociales siguen teniendo un gran protagonismo. Pero donde, desafortunadamente, todo se queda corto o al menos me lo parece a mí. Y tengo la culpa por dejarme llevar por opiniones ajenas, lo admito, pero había leído tantas maravillas y había disfrutado mucho de Batgirl, que una vez acabado el tomo, la sensación es más agridulce que otra cosa. Más dulce que agria pero no satisfactoria del todo.

El guión no es malo. Ni de lejos. Incluso me atrevería a decir que dentro del catálogo de las dos grandes, habría destacado sin esfuerzo. Pero hablamos de Image Comics y aquí el hándicap es más alto, ya que su surtido número de series tienen una calidad y una variedad muy superior. Fletcher, Stewart y Tarr consiguen crear la atmósfera perfecta para ejecutar una idea bien llevada en todo momento y aunque la personalidad tanto de la protagonista como de los que la rodean puedan pecar de estereotipados, están muy bien explotados y potencian lo que a priori podía parecer el motor, nunca mejor dicho, de la serie: las carreras de motos.

Parguelas a mí. ¡Tsk!

El combo de guionistas son, de principio a fin, uno sólo y conforman un mundo cyberpunk futurista pero sin mecanizarlo en exceso. Una combinación de reality televisivo al más puro estilo de Perseguido de Arnold Schwarzenegger con un videojuego de última generación. Un futuro próximo donde las máquinas tienen un papel importante en el día a día, sin que acabe siendo la Blade Runner de turno o la clásica Tron (por la propia estética motorizada), que recuerda mucho a la película de 1979 The Warriors, donde las bandas callejeras estaban diferenciadas de la forma más variopinta posible. Si este conjunto ya es atrayente para un lector medio que disfruta de la acción y la ciencia ficción, las relaciones personales van de menos a más cuando van apareciendo personajes en escena y los problemas salen a flote. La trama aquí gana enteros consiguiendo que el escaparate de carreras de motos deje de ser importante es pos de los protagonistas, pero fuera de esa zona, es el diseño y los colores los predominantes y los que captarán la atención del lector. Es un sí pero casi.

El enfoque de doble moral que nos pretenden enseñar entre tanta velocidad vertiginosa y gasolina está bien planteado. Una balanza ética entre carreras legales patrocinadas y carreras ilegales con extra de violencia donde lo ilegal, nuevamente, es el premio. Quizá parezca confuso al principio, incluso absurdo pero todo irá aclarándose número a número ya que los autores deciden acortarle la vida a esa dudosa dualidad explicando demasiado pronto por qué la protagonista juega a dos bandas. Tiene sentido, sí, pero personalmente hubiera jugado más con eso, haciendo partícipe al lector de juzgar libremente las decisiones de Domino. El personaje es potente, con mucho carácter y sensibilidad y esa mencionada e incierta dicotomía le daba más personalidad para poder empatizar con ella u odiarla cual personaje de Juego de Tronos.

Too Image, Too Furious.

El dibujo de Cameron Stewart y Babs Tarr, que me chocó en primera instancia o más bien me pareció discontinuo, acaba cuajando con el paso de las páginas y consigue cumplir con su objetivo. El trazo irregular, inacabado en muchos detalles y con curvas pronunciadas y líneas gruesas, pasan del shock visual a fluir, sobre todo en escenarios nocturnos. La sensación de velocidad y todo lo que tiene que ver con las motos es de lo mejorcito. Unos diseños muy trabajados que van de un lado a otro de una fina línea entre el presente que conocemos y un futuro más robótico y artificial, consiguiendo una simbiosis bastante verosímil. Rara vez había visto una naturalidad tanto visual como en la práctica de un futuro que lejos está de ser a corto plazo.

Pero si tenemos que alabar el trabajo de alguien por encima del resto, ese honor recae a partes iguales entre el rotulista Aditya Bidikar y la colorista Heather Danforth. El primero hace un ejercicio crucial dado lo mucho que esta serie se apoya en el elemento futurista de las redes sociales. En Batgirl, como dije antes, se utiliza mucho el recurso de Twitter, y en ciertos momentos acaba chirriando. El indio consigue aquí consolidar el entorno futurista con sus anuncios virtuales y unas onomatopeyas bien apoyadas en las carreras que vemos durante toda la historia. La segunda convierte el cómic a su antojo con colores cálidos de día mientras que de noche la ciudad es un neón gigante donde los rosas y púrpuras absorben a la oscuridad mientras los azules nocturnos campan a sus anchas. Sabias elecciones en ambos casos que le dan a la obra una combinación visual que es, sin duda alguna, lo más brillante.

Concentración pre-carrera.

Motor Crush no aburre, tiene ideas bien estructuradas, diseñadas y ejecutadas pero es como el corredor que siempre está de los primeros pero nunca gana. Pese a la sensación de desazón que me ha dejado, tiene mucho potencial para mejorar, obviamente, si se saben aprovechar los acontecimientos de este primer arco y los misterios por desvelar, que no son pocos. Yo de momento seré prudente pero, lectores míos, es una lectura interesante. Como dije en mi anterior reseña de Archie Vs Predator, quizá no sea el cómic, sea yo.

¡Nos vemos en la Zona!

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