MORTAL KOMBAT. Fatality

Título Original:
Mortal Kombat
Año: 2021
Director: Simon McQuoid
Guión: Greg Russo, Dave Callaham (Videojuego: NetherRealm Studios)
FotografíaGermain McMicking
Reparto: Lewis Tan, Joe Taslim, Jessica McNamee, Josh Lawson, Mehcad Brooks, Tadanobu Asano, Hiroyuki Sanada, Chin Han, Ludi Lin, Max Huang, Sisi Stringer, Elissa Cadwell, Mike Foenander, Matilda Kimber, Laura Brent, Mel Jarnson

Valoración: Mortal, efectivamente

Sinopsis: Nueva y horrible adaptación cinematográfica de famosa saga de videojuegos.

Películas basadas en videojuegos, menudo infierno, ¿verdad? Supongo que antes de terminar la frase anterior ya tenías en tu cabeza una buena colección de títulos que se merecen con autoridad su pertenencia a esas fabulosas listas de “PEORES PELÍCULAS DE LA HISTORIA” o “VER ESTA PELI O BEBER LEJÍA, DIFÍCIL DECISIÓN”. La historia de la relación entre bits y celuloide es una suma de dejadez, falta de vergüenza y pensamiento muy limitado por parte de productoras que creen que el producto está vendido por tener tal o cual licencia en el título.

El Butrón y el Selvanegra atracando un estanco.

Pero siempre guardamos la esperanza. Nuestro corazón bulle de alegría llameante, tiznada con pequeños trazos de miedo (porque la experiencia nos pone en el peor de los lugares), ante el anuncio del enésimo estreno del filme basado en nuestros juegazos favoritos. Porque la fe no se pierde a pesar de los golpes, porque siempre queda ese atisbo de luz en el que vemos que ese futuro proyecto será el que marque la diferencia y otorgará de manera definitiva la merecida dignidad al cine inspirado en los éxitos jugones. Un rollo mesiánico que ni lo de Matrix, colegas.

Para ahorrados tiempo, os digo ya que Mortal Kombat no es esa película. La versión 2021 del místico torneo de mamporros y salpicones de hemoglobina es una película perezosa, mínima, inocentemente nostálgica, perdida en un tono que se mueve entre la aceptación sin complejos de la serie B que debería abrazar sin tapujos y la caída en aburridos delirios que no llevan a ningún lado cuando pretende tomarse en serio. Se sostiene sobre pilares tan básicos que sorprende lo mal aprovechados que acaban para ser consecuencia de la pura fórmula. Y es que la falta de cariño que suele ser tan visible en esta clase de películas es el auténtico fatality directo a las ganas que teníamos de ver un espectáculo de acción medio decente.

Viene fuerte el nuevo Masterchef.

La mitología alrededor del célebre torneo marcial se ha extendido a lo largo de los años, gracias a un buen montón de títulos en diferentes formatos. Parece que hace eones que Mortal Kombat puso en jaque a las mentes bienpensantes de mediados de los ’90 gracias a la explosión de brutalidad que supuso la llegada del juego a las recreativas. Realismo pixelado en unos gráficos que entonces eran tecnología punta y pintorescas maneras de liquidar de forma expeditiva al contrario se ganaron enseguida el corazón de la chavalada de la época (sin arrancárselo de cuajo, quiero decir). A pesar de ese impacto en la cultura gamer como clásico indiscutible, la cosa no ha cambiado mucho desde los comienzos y los fundamentos esenciales del juego vienen siendo de una maravillosa simpleza que va directo al sangriento meollo.

Inexplicablemente, los guionistas de esta cosa fílmica apuestan por complicar las cosas de manera absurda para introducir, cómo no, elementos de mística que ni un cursillo de reiki. El enésimo elegido se cuela en la ecuación para aportar más bien poco, en un intento desesperado por dar consistencia una trama que tampoco es que necesitase mucho. En el fondo, cualquier cosa que nos cuenten no es más que una excusa para las roturas de tibia y peroné, algo llevado con dignidad pero que no nos metiese milongas extra. Creo que todo el mundo tenía claro esto. Bueno, todo el mundo menos los encargados de Mortal Kombat.

En el mundo exterior son muy de Locomía.

Si la cosa empieza bien, así con venganza y asesinato. Luchas de clanes milenarios que se salda con su masacre, claro que sí. Tampoco es que expliquen mucho las causas de la inquina que se tiene esta gente. Ya nos darán explicaciones, piensas tú. La inocencia y tal. Esa clase de cosas que darían seriedad y argumentos a la película son ignorados como si fuesen insustanciales anécdotas mientras se dedican cantidades ingentes de tiempo a dar vueltas a conceptos tan manidos como el destino, el bien, el mal y demás morralla filosófica de mercadillo. Eso por no hablar la forma de conseguir los poderes de la peña guapa, que tiene mucho de cutrez a lo Power Rangers con un extra de “esto es el karma, es mi peli y me la zumbo cuando quiero”. Así que la construcción de un universo sugerente y atractivo, tremendo esguince de cerebro.

Bueno, no todo está perdido. Si algo tiene Mortal Kombat es una pléyade de personajes que son puro carisma, algunos de los iconos del noble arte de machacar mandos. Así que pones, otra vez, la fe en que esos mitos del guantazo que sudan personalidad salvarán la película a base de MOLAR.

El héroe más parguela de la historia.

Sí, otra vez la esperanza vuela en pedazos, porque la pandilla de memos que se baten el cobre son dignos de lástima, y deseas desde el minuto uno que todos palmen entre estertores, pero no por la rápida acción de un golpe certero y mortal, no. Piensas en enfermedades largas, dolorosas y humillantes. Como si no hubiese bastantes personajes en el universo Mortal Kombat después de chorrocientos juegos, aquí tiran de inventiva y se sacan de la manga al enésimo “elegido”, con el carisma de un ficus y las habilidades marciales de un koala borracho. Los amiguitos que le acompañan en la aventura dan la misma vergüenza ajena, y están conformados a base de clichés insulsos y diálogos que harían enrojecer a los concursantes de La isla de las tentaciones. Por no hablar de los villanos. ¿De verdad que no había malosos que no diesen tanta sensación de lastimita?

El humor sonrojante también se hace marca de la casa. Lo que entienden los guionistas por políticamente incorrecto hace que cualquier delirio de Arévalo parezca un episodio de The Office. Las cosas no pasan, se arrastran por la película. Decir que es predecible me hace predecible, eso es así, pero paso de perder el tiempo buscando un sinónimo. Tal es la desidia que me produce el espectáculo.

QUE ESO NO ES PAELLA, ES ARROZ CON COSAS, TE REVIENTO

Venga, vamos con el último cartucho. Esto, al fin y al cabo, es puro blockbuster, así que no nos pongamos tan tiquismiquis y miremos hacia donde importa: LAS HOSTIAS (y conste que me he contenido con el lenguaje malsonante, pero ya era imposible). Tal y como estás pensando, querido lector, también es un esperpento grotesco. Se nota a la legua que la mayoría del plantel no tiene ni idea de artes marciales, salvo el curso acelerado que recibieron diez minutos antes de rodar la escenas por parte de un maestro que planeó las coreografías a cambio de bocatas de mortadela. Para tapar las vergüenzas, Simon McQoid, el aguerrido director de la cosa (con el que hay que ser algo amable, que es su primera peli), no puede alardear mucho de las habilidades de sus actores, así se limita a tirar de montaje histérico y a abrir plano lo justo para que no cante mucho la situación. También a meter toneladas de CGI que desvía la atención del público con lucecitas y colorinchis, con dosis brutas de gore fantasioso, que se agradece aunque quede un tanto descafeinado en el conjunto, y quizá algo más cómico de lo que se hubiese deseado en principio. Las referencias al juego, ejemplificadas en sonidos incrustados en la acción y frases lapidarias del personajes de turno, supongo que se pensaron como guiño al espectador. Y sí, sientes algo en el ojo, pero es un escupitajo.

Así que nada, ni un punto a favor de Mortal Kombat. Aunque, después de tanto soltar esputos en esta crítica, tengo que romper una lanza a favor de la película. Aún siendo consciente de toda esta batería de tropezones, el mejunje no se me atragantó del todo y hasta casi disfruté de mi ración de cine en una sala, con palomitas y amiguetes compartiendo basura fílmica. Es lo que tienen estos tiempos; filmes que se merecen acabar en el fondo del cubo de basura ganan enteros, y por mi parte pasan filtros que hace un año estaban a tope como los escudos de un destructor imperial.

Este licor del polo sí que es bueno.

Como todos sabemos, no es la primera vez que se adapta Mortal Kombat a la pantalla. En nuestras cabezas resuenan los ecos de esa oda a la ruta del bakalo que fue la movida de Paul W. S. Anderson. Esa en la que a alguien le pareció buena idea meter a Christopher Lambert como Raiden (que por cierto, ¿Cómo funcionan realmente los poderes de este tipo?, porque en la versión 2021 son la risa). La recién estrenada Mortal Kombat está a punto de hacer buena a aquel despropósito makinero, e incluso se atreve con la nostalgia demencial al tirar del célebre TEMARRASCO llenapistas que levantó de sus sillón a una generación. Los tiempos cambian, el Red Bull ha sustituido a la farla y el Fortnite a los recreativos. Pero hay cosas que no cambian. Como el hecho de que Mortal Kombat y dignidad son términos irreconciliables.

¡Nos vemos en la Zona!

Santi Negro

Lector. Cinéfago. Sueño en viñetas

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