MISIÓN IMPOSIBLE: FALLOUT. Lo tiene todo

Título original:
Mission: Impossible – Fallout
Año: 2018
Director: Cristopher McQuarrie
Guión: Bruce Geller, Cristopher McQuarrie
Fotografía: Rob Hardy

Reparto: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Henry Cavill, Simon Pegg, Vanessa Kirby, Michelle Monaghan, Alec Baldwin, Angela Bassett, Sian Brooke, Ving Rhames, Sean Harris, Wes Bentley, Frederick Schmidt, Liang Yang, Kristoffer Joner

Valoración: Believe the impossible /10

Sinopsis: Sexta entrega de la saga. En esta ocasión presenta a Ethan Hunt y su equipo IMF con algunos aliados conocidos en una lucha contrarreloj después de que una misión salga mal.

Misión Imposible: Fallout es un peliculón. Una muestra ejemplar y sin fisuras de cine de acción, con dosis equilibradas y generosísimas de espectacularidad, ingenio y emoción. Unos niveles de calidad y frescura que no parece lógico esperar de la sexta entrega cinematográfica de una saga cuyos orígenes televisivos se remontan más de 50 años atrás. Aunque lo cierto es que estamos ante uno de esos raros casos de franquicias que han sabido evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos en una pendiente ascendente de calidad, que alcanza en Fallout su mayor cota hasta la fecha.

Mira mamá, ¡sin alas!

Gran parte de la culpa la tienen los nuevos padres de la saga, que se han adueñado de sus genes convertirlo en algo básicamente nuevo, con aire familiar pero que, de un fuerte golpe sobre la mesa impone sus nuevas reglas. Sólo así se explica que la desmesura que reina en sus imposibles escenas de acción, su guión sobrecargado de giros, personajes y organizaciones y su extenuante metraje pueda funcionar tan bien. Bajo el amparo de Bad Robot, que vuelve a confirmar a la saga de espías como el estandarte de la productora de J.J. Abrams, Christopher McQuarrie repite en guión y dirección tras Misión Imposible: Nación Secreta. También regresan personajes y tramas introducidas en la anterior entrega, haciendo de Fallout casi una secuela directa, muestra de la confianza plena en el tándem McQuarrie-Cruise que tan buenos resultados dio hace tres años.

En muchos sentidos, Fallout se asemeja a Spectre, la última película de James Bond hasta la fecha. Ambas amplían horizontes con nuevas tramas, aliados y villanos, pero dejan la puerta entreabierta, lo suficiente para dejar pasar una brisa de nostalgia, de recuerdos de aventuras pasadas y de demonios que ahora buscan venganza. Por un lado, Fallout arranca con la pérdida de tres cabezas nucleares que, en malas manos, podría traer consecuencias catastróficas. Business as usual para Ethan Hunt y su equipo habitual, formado por los ya veteranos Benji (Simon Pegg) y Luther (Ving Rhames), pero sin Jeremy Renner, que estaba demasiado ocupado no saliendo en Infinity War. No es una premisa demasiado original, en un género en el que cada vez es más difícil sorprender con nuevos trucos. Por eso, sin desviarse demasiado de un desarrollo que podría achacarse de predecible, Fallout trabaja en varios frentes para asegurarse de que el interés no decaiga en ninguno de sus tramos, para acabar conformando una última media hora de infarto.

¿Nos darán de comer a estas horas?

El regreso de Solomon Lane (Sean Harris), el líder del Sindicato, e Ilsa Faust (Rebecca Ferguson), agente doble (¿o triple?) que volvió loco a Hunt en Rogue Nation, aporta una nueva faceta emocional a la película. Y aunque parten desde un nivel secundario, están bien integrados en la trama principal, haciendo de Fallout una continuación lógica que funciona perfectamente de forma independiente. Pero es evidente que su principal razón de ser en esta película es la de aderezar con un poco de emoción los huecos que la acción y las tramas de espionaje, por muy ingeniosas que sean, no pueden llenar. Lane, por un lado, se revela aquí como una especie de “villano definitivo” de toda la carrera de Ethan Hunt. Una estrategia similar a la que usó el Blofeld de Christoph Waltz en Spectre, pero que aquí viene menos de boquita y más de acciones.

Y eso que ni siquiera el de Harris es un personaje especialmente trabajado ni carismático. La diferencia la marca el que choque con la representación de Ethan Hunt más redondeada, más humana, más real. Hay una diferencia entre el Hunt de Tom Cruise y Bond, Bourne o tantos otros héroes de acción, y es una presencia que destila confianza, tranquilidad y optimismo. Incluso en las situaciones más extremas, la forma que tiene Hunt de abordar el problema, sin perder los estribos, sin dejar de creer que puede lograrlo, es una de las razones principales por las que estas películas funcionan tan bien. Incluso conociendo lo justo sobre este personaje, quieres que tenga éxito en su misión, que todos se salven para que su equipo pueda disfrutar de unas cañas al final de la película. En Fallout se explora, más que en ninguna otra Misión Imposible, la moral de Hunt, los principios por los que impedirá a toda costa que haya víctimas colaterales por sus acciones. En plena moda entre los blockbusters actuales de acción de mostrar destrucción gratuita como divertimento, es refrescante ver cómo alguien se toma tanto tiempo para poner en valor de nuevo el valor de las vidas humanas.

Espejito, espejito, ¿quién de los dos es el más guapito?

Faust, la espía que conocimos en Nación Secreta, es el otro arma con la que McQuarrie juega con nuestras pulsaciones. Su presencia en Fallout es muy valiosa, pues se confirma como el primer personaje femenino de la saga capaz de mirar a la altura de los ojos a Hunt, que se hace valer por sus acciones antes que por su físico o interés romántico. De hecho, la película encuentra tiempo también para reflexionar sobre el papel de las “chicas Hunt” en esta saga (y por extensión, a casi cualquier franquicia de acción liderada por hombres), dando un par de escenas llenas de significado, además de emotivas y coherentes con la trama. Toda una declaración de intenciones, sutil, pero de la que muchos guionistas deberían tomar buena nota.

Son esta la clase de detalles que demuestran el dominio absoluto de McQuarrie en el material que tiene entre manos, que dota a cada escena, cada diálogo, por insignificante que parezca, de un valor que nos mantiene en vilo, enganchados a la pantalla y, especialmente en su extendidísimo tercer acto, al borde de un ataque.  No he mencionado aún que Henry Cavill se une al equipo, en un duelo de testosterona con Cruise en el que saca a relucir su bigote y sus famosos puños cargados. No monopoliza la película, pero deja una buena colección de momentos memorables y divertidísimos. Eso sí, sin hacer sombra al propio Cruise, que con sus carreras, saltos y caídas vuelve a ofrecer todo un recital físico. Las persecuciones y peleas son algunas de las más elegantes que se han visto en mucho tiempo, y con la Garantía Cruise de realidad. No está al alcance de cualquiera, pero el vértigo que se consigue filmando con arneses en localizaciones reales no es el mismo que se consigue filmando en una nave con una pantalla verde. Hablar del placer de disfrutar de la iluminación natural en la persecución con helicópteros suena purista… pero es que no hay nada igual. Las acrobacias y escenas de acción al límite, rodadas por el propio Cruise con la mínima intrusión digital son, reconozcámoslo, la principal razón por la que esta saga se mantiene a flote. En ese campo, Fallout no sólo no defrauda, sino que alcanza nuevas cotas de espectacularidad, todo ello rodado con la mayor habilidad para exprimir todo el impacto de cada puñetazo, volantazo o caída.

-Tom, no saltes, que vamos volando de verdad. -¿Cómooooooooooo…

Pero la hazaña más sorprendente de Misión Imposible: Fallout es su capacidad para hacer que las historias de agentes dobles, máscaras y cabezas nucleares nos sigan emocionando como la primera vez que las vimos. Tiene sus giros argumentales y sorpresas, las justas para no caer inverosímil. Tiene humor y sense of wonder, el justo para no echar a perder la tensión. Tiene momentos dramáticos y enredos personales, los justos para no parecer un melodrama. Tiene toneladas de acción desorbitada, pero bien medida para no resultar excesiva. Tiene todo lo que se le puede pedir a una película veraniega, que encuentra un nuevo referente de calidad, a la altura de los nombres más importantes que puedas pensar. Si aprecias en cualquier medida el cine de acción, Fallout es un imprescindible que no tiene complejos en preocuparse, por encima de cualquier otra cosa, en hacerte sentir bien.

¡Nos vemos en la Zona!

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1 respuesta

  1. La vi ayer y es un auténtico peliculón. Vaya huevazos el Cruise con sus escenas de acción y sobretodo en el helicóptero.

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