MIS CIEN DEMONIOS, de Lynda Barry

Título original:
One! Hundred! Demons!  HC
Sello: Drawn & Quarterly
Artista: Lynda Barry
Publicación USA: Abril 2017
Publicación España: Marzo 2020 (Reservoir Books)
Valoración: Compartidos, saben mejor

Demonio:
     –Espíritu que incita al mal.
     -En la Antigüedad, genio o ser sobrenatural.
     -En la doctrina cristiana, uno de los tres enemigos del alma.
     -Sentimiento u obsesión persistente y torturadora.

No sé qué pensáis vosotros, pero de las anteriores acepciones que recoge la Real Academia de la Lengua -la todopoderosa RAE, para que nos entendamos- para el término demonio, la que más me impone es la última. Porque son esos sentimientos u obsesiones persistentes y torturadoras los que se antojan verdaderamente amenazantes al ser humano, capaces de tomar consistencia real y palpable y de instalarse en lo más profundo de nuestro ser, dejando una huella imborrable.

Nuestra capacidad para albergar demonios parece no tener límite, porque no nos solemos conformar con uno solo. Aunque sea algo inconfesable, somos conscientes de que muchos no podemos contarlos con los dedos de una sola mano. Pero claro, no es un tema del que se hable abiertamente, aunque bien es cierto que muchos creadores toman prestada en algún momento una de esas sempiternas obsesiones a modo de inspiración y, a partir de esa función terapéutica asociada a la creación o como excusa para transitar los derroteros a explorar, se sacan de la manga excepcionales trabajos de una gran complejidad y profundidad.

No obstante, siempre hay quien está dispuesto a hablar manifiesta, abiertamente y con total sinceridad de aquellos demonios que forman parte de sí mismo, como

MIS CIEN DEMONIOS
de Lynda Barry

Mis cien demonios es una enumeración ordenada y premeditada de aspectos que conforman la personalidad de un ser humano concreto: Lynda Barry. La historietista norteamericana los tiene tan identificados que se permite el lujo de plasmarlos en una tabla de contenidos, haciendo conscientes a los lectores (ella parece muy convencida al respecto) de que son esos, y no otros, los ingredientes sustanciales de la persona que es hoy.

Esta confesión gráfica viene definida por la propia autora como una autobiografía ficticia -así lo indica en esa tabla de contenidos- compuesta por una serie de obsesiones y recuerdos asociados a personas, lugares, objetos y concepto abstractos. Y viene precedida de una suerte de revelación de cómo ella llegó a la conclusión de que eran precisamente esos, con esa forma tan poco tradicionalmente demoníaca. A diferencia de lo que pueda parecer, un meet and greet con tus demonios no tiene por qué ser algo traumático. Es más, desde ese preámbulo Lynda Barry lanza una invitación a todos los lectores para que propicien ese encuentro con sus respectivos demonios y en las páginas finales, sigue insistiendo en la idea, explicando cómo los ha creado ella: ofrece consejos sobre material, muestra sus útiles de dibujo y la forma en que se hace la tinta china. Y, de paso, deja caer que lo suyo es artesanía.

El dinero del bocata.

Y ya que se habla de invitaciones, este cómic supone la carta de presentación en nuestro país para conocer a una autora sobresaliente, con diversos premios en su haber (incluido un Eisner en 2009), que todavía permanecía inédita aquí. Quienes se muevan con soltura en el cómic americano se habrán congratulado de que por fin nos llegue alguna de sus obras traducidas. Lynda Barry cuenta con décadas de trabajo a sus espaldas en el noveno arte (desde inicios de los ’80) entre tiras de historietas en publicaciones periódicas en papel o en formato online, recopilatorios, cómics u obras teóricas sobre proceso creativo. A destacados trabajos como el semanal Ernie Pook’s Comeek, The Good Times are killing me o What it is, hay que sumarle su labor como pintora, ilustradora o docente.

Mis cien demonios apareció por primera vez serializado a principios del siglo XXI en Salon, una web de noticias americana de corte liberal. Un par de años después las tiras allí publicadas fueron recopiladas en papel. La edición que ha llegado a nuestro país deriva de la editada por Drawn & Quarterly en 2017.

Abusones everywhere.

El volumen en su conjunto es un armonioso derroche de creatividad, desde la decoración de las cubiertas, las guardas, la página de derechos e, incluso, las de respeto, hasta -por supuesto- el continente en sí. La composición de las páginas es ciertamente regular: dos viñetas con marco en posición horizontal (estructura similar a la de Aroha Travé en su Carne de Cañón). Igualmente regular es el diseño y la articulación de los elementos en las viñetas. Cada una de ellas está formada por una didascalia en la que no se escatima en texto y a través de la que escuchamos la voz de la autora, que ejerce de narradora vertiendo los pensamientos o reflexiones que sugieren las imágenes que desarrollan la trama de cada historia. Se puede decir que es un ejercicio de intercambio y complementación de narraciones textual y dibujada, una más emocional y connotativa, y la otra más factual denotativa.

El caldo de cultivo ideal para los demonios es, sin duda, la etapa de la infancia y la adolescencia. Muchas de esas piezas del puzzle que configuran a la Lynda Barry de hoy fueron moldeadas en base a lo acaecido en esos momentos. El entorno, las personas y las vivencias durante la niñez y la pubertad ejercen de una indudable influencia en la construcción de la personalidad. El noveno arte se ha posicionado como un interesante vehículo para dar buena cuenta de ello. Este cómic es un ejemplo y seguro que en mente tenéis alguno más (el reciente y maravilloso Grano de pus de Aroha Travé y Rosa Codina, sin ir más lejos). Cuestiones como los aromas del pasado, los objetos a los que te sientes emocionalmente atado, tu mejor amiga, dejar definitivamente atrás la niñez, el primer trabajo, tus perros o las rivalidades se hacen un hueco en nuestro ADN. Y aunque esos demonios parezcan muy explícitos, Barry sugiere sutilmente estados y reflexiones con lo que nos muestra.

La música y el baile amansan a las fieras.

Lynda Barry es otra autora que sumar a esa larga nómina de mujeres presididas por Aline Kominsky, Phoebe Gloekner, Julie Doucet y Marcela Trujillo, que con estilos más o menos próximos (trazos sueltos, poco canónicos), cuelan en sus creaciones de ficción aspectos biográficos y hablan desde la cotidianidad y desde la conciencia de ser mujer planteando en sus argumentos cuestiones como la identidad, la sexualidad, las drogas o la adolescencia.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es la utilización del color. La explosión cromática de este cómic no tiene nada de caos. Muy al contrario: organicidad y elección adecuada para construir la narración, reforzar y sugerir ambientes y emociones. También echa mano del color en la composición formal, utilizándolo para la estructuración de los capítulos. Las páginas de cada uno de ellos -recordemos, referidas a un demonio concreto- están tintadas de un mismo tono, hasta seis diferentes. La técnica del collage también se cuela en las cubiertas del cómic y en su interior, con composiciones en las dos páginas introductorias a cada tira/demonio. Absolutamente deliciosas, reclaman de un tiempo para deleitarse en sus múltiples detalles.

El empleado del mes.

No sé si tiene algo de voyeur disfrutar observando los pensamientos más íntimos de quien se abre ante nosotros detallándonos los argumentos de su personal identidad. Lo que sí tengo claro es que saber narrar es un don y hay personas que han sido bendecidas con él. Y Lynda Barry es una de esas personas. Qué suerte la mía haberla descubierto gracias a la edición de este Mis cien demonios.

¡Nos vemos en la Zona!

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