MIND THE GAP, Vols. 1-3: “Act One”, de Jim McCann y VV.AA.


Título original
:
Mind the Gap, Vols. 1-3 TPB

Sello: Image Comics
Guionista: Jim McCann
Artistas: Rodin Esquejo, Adrian Alphona,
Dan McDaid, Sami Basri

Coloristas: Sonia Oback, Lee Loughridge, Arif Prianto, Beny Maulana, Fahriza Kamaputra, Gloria Caeli, Jessica Kholinne
Contenido: Mind the Gap #1-15
(May. 2012 – Oct. 2013)

Public. USA: Oct. 2012 – Oct. 2013 (Image)
Public. España:
Valoración: La historia inacabada /10


Es bien sabido por todo el mundo que si un reseñista escribe sobre un cómic en ésta página es por dos cuestiones fundamentales: la primera, la más idílica, es cuando reseñamos algo porque nos ha gustado y queremos compartir nuestra buena experiencia con todos vosotros; la segunda opción, por el contrario, no es tan grata comparada con la primera, ya que se hacen por encargo u “obligación”.

Pues bien, tras leerme este cómic en pos de hablaros de él en el podcast, he decidido reseñarlo para así llegar de forma más amplia a todos vosotros. Y no penséis: “Oh, que gentil alma que decide sacrificarse por nosotros para traernos opiniones personales sobre cómics que (pudiera ser) no he leído por temor a un chasco y/o por desidia”. Espero que ni siquiera se os pase por la cabeza. Esto significa, única y exclusivamente, una cosa: que me vais a tener que soportar en más sitios. Sí amigos míos, c’est la vie. Pero dejémonos de perogrulladas introductorias y vamos a lo importante, al cómic que comienza como el preludio de un viaje en metro. Así que antes de embarcaros en esta reseña, comprad un ticket y subamos a…

MIND THE GAP, Vols. 1-3
de Jim McCann y VV.AA

Ellis “Elle” Pettersen es una joven de una familia adinerada que, pese a lo aventajada que podría parecer su situación, su vida no marcha como debería. Es más, directamente no marcha, ya que la joven está en coma tras ser encontrada tirada en un andén del metro. Y la cosa no pinta nada bien. Pero la situación puede volverse todavía más insólita cuando Elle  “despierta” amnésica en un extraño lugar en el que reina la oscuridad y en el que hay un desconocido que, de forma amigable, pretende hacerle de guía y tranquilizarla. El chico en cuestión se llama Bobby Plangman y le explica a nuestra chica que se encuentran en “El Jardín”, o, lo que es lo mismo, el lugar al que van a parar las personas que se encuentran en estado comatoso. Mientras Ellis intenta asimilar todo esto, en el mundo de los vivos las cosas también están movidas. Y es que si la aventura de Elle es rara, en torno a la gente de su alrededor se crea un halo de misterio y sospechas tan denso que es imposible saber qué trama cada uno de ellos.

Por un lado tenemos a su novio, Dane y su amiga, Jo, ambos muy consternados por lo sucedido con la joven y que no dejarán de luchar por saber qué es lo que ocurrió realmente y quién fue el causante. Por otro lado está la familia, formada por un padre bastante alejado de ellos, una madre fría y calculadora y un hermano pequeño, Eddie, que es el típico niñato rico, engreído y superficial. Irónicamente, el más afectado por la situación será el padre de familia. Entre ambos grupos se encuentra la típica rencilla: Dane es de familia humilde y, por ello, no es muy bien recibido por la familia de Elle y, además, se lleva a matar con Eddie. No obstante, la situación es más turbia de lo que parece en un principio. Veremos cómo el doctor Hammond, el médico de la familia, está compinchado con la madre de Elle y se traen algo extraño entre manos. Mientras tanto, la doctora Geller, compañera del anterior, empieza a sospechar al ver que la muchacha está realmente en buen estado, pero, de forma inexplicable, sigue comatosa. La cosa se lía, se lía…

Elle, alucinando en dos colores.

Y a partir de aquí comienza el baile de secundarios que parecen de relleno pero que, paulatinamente, te vas dando cuenta de que no es así. Como, por ejemplo, el psiquiatra de Elle, Harold, que tiene un accidente de tráfico por culpa de un encapuchado y, tras quedar también en coma y ser ingresado justo al lado de su paciente, va a parar al “Jardín”. Allí verá a Elle y la ayudará a recordar qué sucedió. Pero si hay un/unos secundario/s que destacar es El Encapuchado. Ellos son los encargados de quitar de en medio al que molesta y dejar el rastro limpio para que nadie pueda descubrir nada. No sabemos para quién trabajan o por qué hacen lo que hacen, sin embargo, son bastantes buenos en lo suyo y nos tendrán en jaque durante casi todo el cómic.

Volviendo a nuestra querida Ellis y a su pequeño “nuevo mundo”. Gracias a Harold, comienza a darse cuenta de que no es como el resto de personas atrapadas allí y que, con su poder de voluntad, puede manipular esa dimensión y manejar a su antojo todo lo que le rodea. Lo malo es que, debido a su amnesia, mezcla ideas y recuerdos con conceptos pop actuales, y ese revoltijo de falsos recuerdos la lía, más que ayudarla a descubrir a su agresor. Y la guinda del pastel, lo que hace que todo se vuelva muchos más interesante, es cuando Elle, de forma involuntaria, descubre que puede meterse en los cuerpos de la gente que acaba de morir y la mantienen viva de forma artificial. De esta forma comienzan a sucederse varios casos de posesión en el hospital y todo el elenco intentará averiguar qué es lo que está ocurriendo en el fondo. Y todo esto sin saber quién, cómo o por qué hay este manto de misterio alrededor de Ellis Pettersen. Todos son sospechosos. Ninguno es inocente.

El poder de Elle no funciona con ella misma.

 Pese a haberos contado tantísima información, os puedo asegurar que no os he revelado nada importante de la historia y que esta reseña está libre de spoilers. Este frenesí de devenires, situaciones y personajes es un arma de doble filo para el cómic en sí. Cierto es que Jim McCann conseguirá mantenernos con las dudas y las sospechas hasta casi el último número de la serie, y que no se le puede poner pega alguna a las tramas y cliffhangers que vemos plasmados en Mind the Gap. Pero, lo que por un momento parece un plantel magistral de secundarios y situaciones rocambolescas, termina convirtiéndose en un hastío por tanto cambio de secuencia, protagonismo muy compartido, situaciones sospechosas altamente forzadas y demás. Con todo esto no quiero decir que estemos hablando de un mal cómic, ni mucho menos, pero ese ansia de querer englobar tanto hace que la serie termine más floja de lo que debería. Ya se sabe, quién mucho abarca poco aprieta…

El arte es sublime, seamos honestos. No importa el cambio de coloristas continuo, o de dibujantes, cada uno tiene un rol que interpretar y lo hacen a las mil maravillas. Por norma general corre a cargo de Rodin Esquejo (a excepción de una breve sustitución del siempre cumplidor Sami Basri) y podemos deleitarnos con su dibujo detallado, que aporta movimiento e insufla personalidad a cada uno de los personajes. El resto de dibujantes suelen encargarse de dibujar situaciones pasadas u orígenes de algunos de los personajes, dando ese toque de frescura que siempre viene bien en los flashbacks. Me gustaría destacar un número de Dan McDaid en especial, que no se trata de un flashback realmente, sino que se centra en Jo en el apartamento de Dane y en el que todo ocurre en silencio, sin ningún diálogo, salvo por algún texto escrito en la pared o en el móvil. Sencillamente, me enamoró.

No comments…

Mind the Gap es un cómic que te atrae por su arte y que su historia consigue mantenerte lo suficientemente alerta como para seguir leyendo. No estamos hablando de lo mejor de la parrilla de Image pero es un cómic bastante recomendable. Personalmente, ha conseguido que lo lea hasta llevarlo al día y estoy a la espera (junto con otros muchos) de que McCann vuelva a escribir algo, pues se quedó en el número 17 (segundo del Acto II) tras alegar que se tomaría una temporada de descanso. Esperemos que vuelva pronto.

Poco más que añadir a todo lo dicho. Si queréis saber que opinan el resto de compañeros del podcast, sólo tenéis que pinchar aquí y darle al play para oír qué farfullamos sobre el cómic.

¡Nos vemos en la Zona!

Joe Runner

Jefe tiránico loco y científico de Zona Zhero. ¿O era al revés?

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Yo leí los cinco primeros números cuando salieron y la impresión que me dio fue ésta:

    “Mind the Gap es una serie que consiste en aplicar los clásicos esquemas de Agatha Christie a un cómic con toques sobrenaturales, una familia a lo “Dallas”, conspiraciones y, por supuesto, un asesinato que hay que resolver. El guionista se plantea cada número como un conjunto de pistas que se supone permitará solucionarlo todo conforme se vayan acumulando. Un crucigrama hecho cómic, en mi opinión. Y no niego su valor, pero a mí este tipo de planteamiento me cansa. No soporto los crucigramas, pero a quien le guste este tipo de narrativa…”

Deja un comentario, zhéroe