MATA-HARI, de Marika Vila y Andreu Martín

 

 

Título original: Mata Hari
Sello: Isla de Nabumbu
Artista: Marika Vila
Guionista: Andreu Martín
Publicación España: Noviembre 2019
Valoración: Recuperando autoras, que es gerundio

 

 


Hubo un tiempo en nuestro país en que el vehículo oficial de los tebeos eran las revistas
. Lectores adultos buscaban las viñetas para su consumo en un formato muy alejado de aquel al que recurrimos hoy en día: el libro, potenciado gracias a eso que llamamos “novela gráfica”. Si durante décadas y décadas del siglo XX en nuestro país se entendía el tebeo como un producto de entretenimiento para el público infantil y juvenil, denostado por la pobre consideración social y cultural (por no hablar de los variados condicionantes de la situación sociopolítica de la dictadura franquista), los 70 trajeron consigo una doble reconsideración del medio y una reivindicación por parte de los autores. Por una parte, hacia un cómic de formas, argumentos y temas más adultos, más acorde a un público que ya contaba con cierta edad y otros intereses, y por otra, hacia lo que ellos consideraban como un arte ciertamente válido cuya utilización tenía una clara finalidad: vehicular la expresión. Ese florecer que se abonó en los 60 del cómic autoral, del cambio de modelo a lectores más adultos y de la diversa reivindicación, explota en el cómic español en los 70 además de en un potente movimiento underground y fanzinero, en un modelo de publicación de las historietas a través de las revistas. Y es que llegamos a los años 80 con la consolidación de las revistas de cómic, una década con un elevadísimo número de cabeceras en las que los autores de aquí encontrarían su espacio para desarrollar otro tipo de historias, más adultas, rompiendo con lo que se venía haciendo hasta ese momento. Y no solo eso, sino que serían también el soporte para que muchos lectores descubriesen grandes nombres y títulos del panorama comiquero internacional clásico (mediante reediciones) y más contemporáneo. Imprescindible el papel de editoriales como Toutain o Nueva Frontera; destacadas revistas con diversas tendencias como Boomerang, Totem, 1984, Rambla, El Vívora, CIMOC, Madriz, Metropol o Cairo, por citar algunas, con las firmas de gente como Carlos Giménez, Alfonso Font, Usero, Josep Maria Beà, Luis Royo, Miguel Calatayud, Manel Gimeno, Sento, Daniel Torres, Micharmut, Keko o Ceesepé.

Se podría decir que el cómic español vivió un boom durante unos años en esas revistas. Pero ya se sabe que a todo boom le sucede tarde o temprano un crash que hace estallar la burbuja que se ha creado en torno a esa área de interés. Ese auge y caída de las revistas constituye una época muy interesante sobre la que diversos divulgadores e investigadores del medio están escribiendo y de la que podéis leer en publicaciones tales como Del boom al crash, volumen coordinado por Gerardo Vilches y editado por Diminuta Editorial, Las revistas como escuela de vida. Diálogos sobre cómic adulto (1985-2005), de Julio A. Gracia Lana, publicado por Eolas ediciones o 1970-1995. Un reloj atrasado y otro tren perdido, artículo de Antoni Guiral en la revista ARBOR. Se trata, sin lugar a dudas, de unas décadas de bullente y prolífica actividad autoral y de publicación en las que se toma como medio de difusión las revistas y en las que surgen obras como…

MATA-HARI

de Marika Vila y Andreu Martín

Seguro que a muchos les ha chirriado el hecho de que, cuando enumeraba a algunos de los dibujantes/guionistas que hicieron de los 80-90 los años del cambio y de la consolidación del tebeo adulto en nuestro país, el género femenino brillara por su ausencia. Sí, ha sido deliberadamente. Que el papel de la mujer en diferentes ámbitos de la sociedad y en la mayor parte de disciplinas, ciencias y artes fuera silenciado en este país, durante décadas, conscientemente, a todas luces y con cierta alevosía, no se le escapa a nadie. Y si encima nos centramos en un medio como el tebeo, asociado a la periferia de la cultura establecida, aún resulta más patente ese proceso de invisibilización. En un mundo fuertemente masculinizado como es el del tebeo, ha habido mujeres desempeñando labores de edición, elaboración de guiones, dibujos o color durante el siglo XX. No se las ha nombrado en los anales de la historieta. Pero estaban.

Comenzando por la época de la dictadura en la que el trabajo de las autoras quedaba confinado a los tebeos para niñas (algunas esquivaban esas fronteras insalvables publicando bajo seudónimo o con el nombre de su marido). Aunque los tebeos orientados a los niños tampoco es que fueran la panacea, sí gozaban de mayor libertad y tenían otros temas. En las revistas de niñas no había aventuras, tan solo adoctrinamiento: como ser una buena chica, una buena esposa, una buena madre. En clara respuesta a la cuestión de qué esperaba de nosotras la sociedad española de la época, vaya. Nombres de mujer irán firmando a partir de la transición en diversas publicaciones, llegando al ya nombrado boom de los ’80, durante el cual tampoco es que haya una especial proliferación de autoras. Ni tampoco en los 90, en un nuevo cambio de paradigma con un interesante momento de creación en torno al comic book, editoriales independientes, resurgimiento de fanzines, la llegada de material franquiciado y del manga.

A la vejez, nos reconocen las obras…

Núria Pompeia supuso el primer puñetazo sobre la mesa a finales de los ’60 en cuanto a autoría femenina en ese incipiente cómic de mirada adulta, convirtiéndose en el faro de muchas de las que vendrían después. Así, y sintiendo profundamente pasar por la genealogía de autoras de cómic de nuestro país como una exhalación, casi de puntillas, dejándome a tantas y tantas, como todas las que integraban los equipos de Bruguera, Toray o Selecciones Ilustradas, han ido dejando su huella silenciosa en la historia de la historieta autoras como Purita Campos, Isabel Bas, Ángeles Felices, Montse Clavé, Laura Pérez Vernetti, Ana Juan, Anna Miralles, Isa Feu o Marika Vila a las que el tiempo y la acción reivindicativa de colectivos y personas concretas han ido poniendo en su lugar.

Mata-Hari se publicó en los números 49 y 54 de la revista Totem El Comix (fusión de las cabeceras Totem, de Nueva Frontera, y Comix Internacional, de Toutain) de octubre de 1990 y marzo de 1991. Fue el propio Josep Toutain quien plantó la semilla que devendría en el guión de Andreu Martín, que además de guiones para tebeos, ha escrito guiones para cine, televisión y teatro, así como diversas obras de literatura infantil y juvenil (¿recordáis la serie de novelas de Flanagan? pues son obra suya), moviéndose como pez en el agua con el género negro. No pudo tener mejor pareja de baile para dar forma a esa Mata Hari que imaginó: Marika Vila. La dibujante catalana forma parte de esa historia de la historieta a la que llevo refiriéndome desde casi el inicio de este texto. Su nombre está asociado a Selecciones Ilustradas, al equipo Butifarra, Rambla, El Papus, Totem, El Vívora, El Jueves y muchas más. Ha realizado labores de tipo editorial, ha ilustrado colaboraciones para diversos medios de comunicación y participado en producciones audiovisuales y publicidad. Una gran trabajadora del medio y por el medio.

Mata-Hari en papel está muy favorecida.

Seguro que quien más y quien menos, ha oído hablar de Mata Hari. Información variada sobre la holandesa Margaretha Geertruida Zelle, más conocida por aquel sobrenombre, ha acabado calando y ha arraigado en el imaginario colectivo recubriendo a este personaje de una pátina de fascinación y exotismo: que ejerció de espía para franceses y alemanes en la Europa de principios de siglo XX, que se inventó un pasado en la India, que tuvo incontables amantes y protectores, que sus danzas eran hipnóticas o que, sin un juicio medianamente justo, fue condenada a muerte y fusilada en París. Mata Hari se asomó a ese intrincado de estrategias geopolíticas y sociales que conformaban un mundo en guerra dominado por gentes con desbocadas ambiciones. Y el episodio plasmado en viñetas en el Mata-Hari de Marika Vila y Andreu Martín es un claro ejemplo de ello.

La acción nos traslada al Madrid de la época de la Primera Guerra Mundial por donde se pasean los más variados personajes con las motivaciones más diversas y en el que Mata-Hari ofrece todo su atractivo en el más amplio sentido de la palabra mientras se ocupa de otros asuntos e intereses. Marika recrea un fastuoso escenario por el que transitan unos pasionales personajes en el que prima el art decó dotado de un cromatismo dominado por los tonos cálidos. Su dibujo se caracteriza por el trazo realista y la plasticidad y dinamismo con el que se recrean las acciones. La composición de páginas, la secuencialización de la narración y las didascalias de apoyo se ponen al servicio del desarrollo del argumento. Agilidad de la trama propiciada también por el devenir de las potentes cargas emocionales suscitadas entre los personajes, correctamente dosificado por sus autores.

Antes muerta que sencilla.

La Mata Hari ideada por Andreu Martín y dibujada por Marika Vila es una mujer de bellísimas proporciones y formas, de sedosos cabellos pelirrojos, de mirada seductora y segura en sus acciones y pensamientos. Acapara por igual las miradas de los secundarios que transitan por la trama y de los lectores que se asoman a sus viñetas. La obra emana erotismo y sensualidad no sólo insinuando, sino también mostrando. Un aspecto, este, que marca la clara dirección de ese cómic autoral que se generaliza en los ’80, destinado a un público más adulto.

Otro aspecto que entronca claramente con ese viraje al cómic autoral de la producción del momento es la intencionalidad a la hora de ofrecer una historia primando unas cualidades concretas de un personaje sobre el conjunto de la acción. Con la excusa de la recreación de un episodio concreto en el que una pasión tan intensa como el despecho desencadena toda la acción, se pone el acento sobre las reflexiones y consecuentes actos de la protagonista ante lo que acontece a su alrededor. Se ha tomado un personaje histórico cuya percepción es especialmente difusa a base de tópicos interiorizados y se han recuperando aspectos tan destacables como su fuerza e independencia. Con ello, Marika y Andreu ponen la mirada en la perspectiva de género, recuperando otros valores de un personaje que no son los frívolos que prevalecen en la conciencia social. Restituyen, pues, el valor individual y colectivo de la mujer.

Catálogo de cómic de Isla de Nabumbu.

Este volumen supone la primera vez de Mata-Hari en formato libro. Isla de Nabumbu ha cuidado y se ha esmerado en esta reedición contando para ello con la propia Marika Vila y trabajando sobre una versión restaurada a partir de los originales, que cuenta con nueva rotulación. Quizá no es muy conocida entre el gran público, pero la labor de la editorial Isla de Nabumbu en su escaso tiempo de andadura de traer a la actualidad títulos y autores de ayer, que fueron pero quedaron en segundo plano para caer posteriormente en el olvido, es ciertamente encomiable. Una labor a la que deberían animarse todavía más editoriales de nuestro país, tratando de conformar una cronología visible de esa realidad histórica de la historieta que fue, porque aún queda mucho por hacer. En ello andan Taula ediciones, por ejemplo. Su colección Tebeos de Oro es pura arqueología del tebeo. Y muy necesaria. Bueno, también se pueden encontrar las reediciones de las series clásicas de Bruguera que, en manos del gigante editorial Penguin Random House Mondadori, han tomado celeridad en la publicación. O el goteo de obras desde Ponent Mon.

El fabuloso volumen con el que la editorial recupera Mata-Hari ofrece una serie de material extra que supone tanto un aliciente al descubrimiento de este trabajo para quienes, como yo, nos deleitamos por primera vez con su lectura, como un valor añadido para quienes ya la conocían. A una serie de textos introductorios a cargo de la propia dibujante y del guionista, un escrito sobre Marika de Felipe Hernández Cava y un epílogo de Norman Fernández, acompañan dos historias cortas dibujas por Marika Vila con guión de Felipe Hernández Cava, Circe y Devil-idad, publicados con anterioridad a Mata-Hari también en Totem El Comix.

Tengo una «devilidad», tú lo sabes muy bien.

Además de creadora, Marika Vila es una activista en pro de la visibilización de la cuestión de género en cuanto a patrimonio histórico de la historieta española. Fue un activo fundamental en la creación del Colectivo de Autoras de Cómic. La idea de su génesis surge de un encuentro entre ella y Carla Berrocal a la que prestas se sumaron Elisa McCausland y Anna Miralles. Presentado en sociedad en 2013, el colectivo tiene unos fines muy concretos: recuperar el trabajo de autoras olvidadas; funcionar de nodo, esto es posibilitar que unas y otras autoras se conozcan (la solitaria vida del historietista, ¡ay!); y establecer un canal de comunicación entre autoras actuales. En este punto os recomiendo el visionado de Presentes, el fabuloso documental que acompañaba a la exposición que la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) encargó en 2016 al Colectivo. En él se establece un diálogo entre autoras del ayer y de hoy, en el que se dan cita temas como las transformaciones que ha sufrido la sociedad y su incidencia en el papel de la mujer, la configuración de género, cómo se ven las autoras de cómic o su visibilidad. Ha participado en un buen número de mesas redondas, impartido conferencias y ponencias y comisariado de exposiciones, siempre con la mirada fija en la perspectiva de género.

Así, vemos como confluyen en este tebeo dos vertientes relacionadas con la herstory. Por una lado, el hecho de tomar un personaje histórico femenino como argumento de una trama, librándose de los manidos tópicos y típicos, y por otro, la recuperación de la labor profesional de una autora.

La espía que me amó.

Con la reedición de Mata-Hari se materializa una oportunidad de poner en valor los activos culturales en femenino y el patrimonio de la historieta patria, una forma de hacer memoria histórica (re)descubriendo grandes trabajos. Conviene recordar y es de justicia conocer y reconocer a quienes estuvieron allí, armando la estructura sobre la que se sustenta actualmente el ecosistema del tebeo de nuestro país. Esta aparición puede suponer, por qué no, una oportunidad de continuar reivindicando la recuperación de material de esas autoras del ayer que han conformado el presente. Yo lo dejo caer: ¿para cuando reedición de las obras de Núria Pompeia?

¡Nos vemos en la Zona!

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