Lunes Monstruosos #1: DRÁCULA, irregular, icónica, valiosa

Drácula, el Monstruo de Frankenstein, el Hombre Lobo, la Momia… ninguno de estos personajes requiere presentación. Forman parte de la cultura popular y han sido versionados hasta la saciedad en diversos medios. Son eternos.

En Zona Zhero hemos echado la vista atrás, muy atrás, para encontrar, no necesariamente las primeras versiones cinematográficas de estos mitos, pero sí las primeras en impactar y asentar la imagen que tenemos de estos personajes, siempre de la mano de Universal Studios.  Sólo cubriremos las más relevantes (reunidas casi todas en un pack blu-ray la mar de majo) a lo largo de los próximos Lunes, ese día de la semana que tanto temor inspira en el corazón del imaginario colectivo, al igual que los protagonistas de estas cintas.

Bienvenidos, fieles lectores y lectoras, al primero de nuestros…

#LunesMonstruosos

DRÁCULA


Título original: Dracula
Año: 1931
Director: Tod Browning
Guion: Garrett Fort, Dudley Murphy (sobre la novela de Bram Stoker)
Reparto: Bela Lugosi, Helen Chandler, David Manners, Dwight Frye, Edward Van Sloan, Herbert Bunston, Frances Dade, Joan Standing, Charles K. Gerrard, Carla Laemmle

Sinopsis: Ésta es una de las primeras versiones sobre el mítico vampiro. Fue realizada por la Universal, productora especializada en el cine de terror. El conde Drácula abandona los Cárpatos y se traslada a Occidente, llevándose como sirviente a un contable. Una vez instalado, se enamora de una joven que ya está prometida. Empieza a a visitarla por las noches y va bebiendo su sangre poco a poco para convertirla así en su esposa. Pero el malestar que sufre la joven alerta a su familia, que busca la ayuda del doctor Van Helsing.

No nos llevemos a engaño: da pereza ponerse a ver una peli tan antigua. Requiere cierto esfuerzo por parte del espectador, “cambiar el chip“, comprender las limitaciones y las sensibilidades de la época. Aun así, es justo reconocer que muchas películas de los años 30 y 40 se conservan estupendamente, siendo clásicos que todos deberíamos ver y, sí, disfrutar plenamente sin problema alguno. ¿Es Drácula uno de esos clásicos? Bueh… no sé. Yo la he disfrutado, pero no tengo claro si la recomendaría con confianza. Parece un poco… torpe. Tiene justificación. La película está más basada en la obra teatral de Hamilton Deane y John L. Balderston, de 1924, que en el libro de Bram Stoker en sí, y se nota. Si bien el argumento es un resumen bastante acertado de la novela, con cambios bienvenidos que señalaré en breve, la puesta en escena es increíblemente poco dinámica. Planos fijos salvo contadas excepciones, nada de música, actores sentados o de pie en unos pocos escenarios con aspecto de ser siempre, literalmente, tres paredesteatro grabado, vaya.

Tampoco es que Tod Browning, un director que no se acostumbró al cine sonoro, pusiese mucho de su parte, dejando que el director de fotografía Karl Freund tomase el control demasiado a menudo. Todo esto afecta a la narrativa, para qué negarlo, y el montaje no puede ser más tosco. Algunas cosas se perdonan, como el uso de planos insertados sin tacto alguno, pero el nudo se hace un pelín confuso porque las escenas no parecen conectar bien entre ellas. Una escena acaba, otra empieza, y cuesta ver una relación directa porque una no te lleva a la otra, no fluyen. Por eso, tras acabar de verla por primera vez, confieso que se me había olvidado el orden en el que ocurrían ciertas cosas. Principalmente en el nudo, ya digo. Parece que la esté poniendo fatal, y no me gustaría dar esa impresión. Hay muchos aspectos positivos en ella.

Lugosi lo da todo desde su primera escena, en la que lo vemos salir de su ataúd (la mano es la clave). El tío es Drácula, y siempre lo será. Hace de sus limitaciones como actor auténticas virtudes. El marcado acento, las pausas entre frase y frase, su mirada de loco… Crea un personaje extraño, sospechoso, claramente inhumano en su actitud, y al mismo tiempo extrañamente atrayente y carismático. Es curioso que no fuese la primera opción para el papel a pesar de haberlo interpretado en la citada obra de teatro, y que solo lo cogiesen tras aceptar cobrar bastante menos de lo común. En cualquier caso, eso que salimos ganando, pues es sin duda la estrella de la película y la cara que todos vemos al pensar en Drácula.

Mencioné cambios bienvenidos con respecto a la novela. Con esto me refiero, por ejemplo, a dar algo más de cancha a la enemistad entre el Conde y Van Helsing, que se remata haciendo que sea el doctor quien le mate, más lógico desde un punto de vista narrativo.

Por otro lado está el mayor protagonismo de Reinfeld, lo mejor del film junto a Lugosi, y que no puedo evitar ver como un Gollum arquetípico. Y es que el poder que Drácula ejerce sobre sus víctimas y siervos se refleja muy bien, con una doble personalidad de la que quieren escapar pero no pueden, esclavos totales de la voluntad del vampiro. Se percibe su control constante y la angustia de los afectados, y el hecho de que Drácula hable con ellos sin decir nada les da un punto de esquizofrenia muy acertado. Es quizá lo más guay y sorprendente del film, que tirando de tan pocos recurso cinematográficos y con una narración, como expliqué antes, un tanto torpe, consiga transmitir el poder de Drácula, el misterio en torno a su figura que Van Helsing va descubriendo y hasta, un poquito, la tensión que se le supone cuando vamos viendo que a Mina le queda muy poco. Y eso que el ritmo no puede ser menos excitante, lo que sumado a la citada ausencia de música hace que la sobriedad impere hasta el extremo. Pero… casi que funciona. Dejar que la historia por sí misma, sin trucos de ningún tipo, te enganche… pues tiene su aquel, sí.

Y es que la historia es la que es. Es Drácula. Es buena, inevitablemente. Si a eso le sumamos algunos diálogos bastante buenos, la atmósfera, y detalles inteligentes en la dirección aquí y allá, hacen que el resultado, en general, sea satisfactorio.

No como peli de terror, la verdad, porque miedo, lo que se dice miedo, pues no da. Es más, los momentos en los que te quiere aterrar dan ternura y risa. Pero eh, sorpresa, en esos momentos funciona como comedia creepy involuntaria la mar de bien.

BeYShIT

En resumen, Drácula, si bien no es una gran película, es una parada obligatoria para todo fan de los vampiros que se precie. Su rango como icono cultural y varios puntos muy fuertes hacen que, con la óptica adecuada y sabiendo lo que se va a ver, pueda ser una experiencia muy disfrutable y enriquecedora.

¡Nos vemos en la Zona!

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