LOS INVISIBLES, Vol. 7: “El Reino Invisible”, de Grant Morrison y V.V.A.A



Título original:

The Invisibles, Vol. 7: “The Invisible Kingdom” TPB
Sello: Vertigo (DC Comics)
Guionista: Grant Morrison
Artistas: Ashley Wood, Cameron Stewart, Chris Weston, et al.
Contenido: The Invisibles, v. 3 #12-1
(Abr. 1999 – Jun. 2000)

Publicación USA: Abril 2007 (Reedición)
Publicación España: Enero 2016 (ECC Ediciones)
Valoración: 7/10

 

El tercer volumen de Los Invisibles, que supone el final de la colección,  trae consigo todos las virtudes, que no son pocas, y todos los defectos, que también los hay y no son pequeños, de esta obra que algunos tienen en un pedestal, otros odian y a más de uno nos tiene confundidos. Veamos cómo culmina la serie con este…

LOS INVISIBLES, Vol. 7
de Grant Morrison y VV.AA.

Durante doce números, presentados ya desde la portada como una cuenta atrás, todas las piezas van a ir situándose para encajar en lo que será el gran final de esta guerra entre los Invisibles y las fuerzas del mal.

Todo gira en torno a la Coronación del Rey de Las Sombras, fechada para el 11 de agosto (que como bien sabéis es la Noche de Lammas), durante el eclipse total, que supondrá la llegada de una era de oscuridad y terror para la humanidad. Tras esta premisa aparentemente sencilla, Grant Morrison va tejiendo una trama, tan compleja como hipnótica, en la que no habrá un momento para el descanso. No se trata de que haya mucha acción, que la hay, ni muchas escenas para el recuerdo, que alguna hay también, sino más bien un juego de espejos y sombras, donde nada es lo que parece, todo el mundo esconde secretos y no puedes estar seguro de comprender lo que está sucediendo. Cuando parece que hay algo claro, todo se vuelve del revés. Cuando se desvela un misterio, éste resulta ser un engaño.  Cuando un personaje muere descubrimos que nunca llegó a existir. Después de todo, una de las bases de Los Invisibles es plantearse los límites de la realidad y, si es posible, ver más allá de lo que nos dicen nuestros sentidos. No estamos ante una serie convencional y el último volumen no iba a ser una excepción.

El servicio de catering de la Coronación va ser de lo más apetitoso.

Nuevos personajes toman el protagonismo de la acción, superando a otros, supuestamente más importantes, como Fany, Boy, Jack  y el mismísimo King Mob. Durante buena parte de la trama serán los secundarios quienes lleven el peso de la acción. Destacan por encima de todos el Sr. Miles, uno de los villanos de la función y el mejor ejemplo de la complejidad de la historia que comentaba antes. En el otro lado de la balanza hallamos al Sr. Six, agente libre de Los Invisibles que no deja pasar oportunidad para cambiar de personalidad pero siempre con su inimitable estilo setentero. También tendrá su cuota de importancia Edith, maravilloso personaje que nos encandiló en el tomo 5 y que dispondrá de todo un arco argumental para despedirse a lo grande.

No podemos dejar de citar a Helga, otro personaje femenino, totalmente nuevo, que resulta todo un descubrimiento (sino que se lo digan a Gideón) y el regreso de Orlando, el asesino sin rostro (pero sí con cara, la de sus víctimas, concretamente). Aunque sea de modo anecdótico, pues algunos aparecen tan solo en un par de viñetas, veremos desfilar a (casi) todos los personajes que han pasado por la serie, lo que no significa que todos lleguen vivos a la última página.

Me llamo Mr.Six y no puedo molar más.

Pero ya llevo demasiadas líneas alabando las virtudes de esta serie y es hora de hablar de la parte mala. Siendo un cómic original como pocos y con una esencia de libertad creativa indomable resulta, cuanto menos, curioso que se repita el esquema argumental ya visto con anterioridad. De nuevo, Los Invisibles tienen marcado un objetivo enemigo al que atacar: vamos a ver cómo se preparan para el combate final y la resolución del conflicto. Finalmente, pese a todos los giros y las sorpresas que Morrison tiene preparadas (aunque apostaría que alguna se la saca de la manga en el último momento) uno no puede evitar tener una sensación de deja vú.

Siempre nos quedarán las portadas de Bolland (y no, no había otra más rara).

Pero lo peor, no sólo ya de este tercer volumen, sino de toda la serie, es el dibujo. Ya estábamos acostumbrados a que hubiera un desfile constante de dibujantes y que no todos tuvieran un nivel medio, pero el final de la serie es de vergüenza ajena. Después de dos arcos de cuatro números con dibujantes fijos, Philip Bond (ayudado por Warren Pleece) en el primero, y Sean Phillips (el mejor de todos y con diferencia) en el segundo, en el tercer acto vamos a ver hasta quince, repito, quince, dibujantes distintos. Incluso el mismísimo Morrison se anima a dibujar unas páginas, en lo que supone un baile de dibujantes desconcertante y que acaba por sacarte de la historia.  

En pleno clímax de la serie los dibujantes se van turnando cada dos páginas, y lejos de seguir un mismo estilo gráfico cada uno va por libre. Entiendo que pueda ser una muestra de creatividad para enlazar con el mensaje de la serie sobre los límites de la realidad y la capacidad para imaginar lo inimaginable. En serio, compro la idea, pero eso no quita que algunos pasajes sean de lo peor que he visto desde hace mucho tiempo. Una pega demasiado grande como para que no afecte al conjunto.

Lo peor es ver que el último capítulo lo dibuja entero Frank Quitely, dejando al lector con una sensación de lo que podría haber sido la serie si hubiera tenido un buen dibujante. En ese caso estaríamos hablando, sin ninguna duda, de una obra maestra sin discusión.

Se acabó Los Invisibles, pero al mal tiempo buena cara.

Así acaba mi repaso a una serie que no conocía y de la que había oído hablar maravillas. La experiencia ha sido tan gratificante como desconcertante por momentos, con una sensación de estar ante un cómic diferente en todos los sentidos, para lo bueno y para lo malo. Si hay una obra personal es esta, si hay un autor con una personalidad marcada, ése es Morrison, por lo que al final, como siempre, dependerá de cada persona que se acerque al cómic disfrutarlo más o menos. Mi opinión es que hay que leerlo, al menos una vez, para conocer todo aquello que hasta entonces había permanecido Invisible…

¡Nos vemos en la Zona!

CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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