LOS INVISIBLES, Vol. 5: “Contar hasta la nada”, de Grant Morrison y VV.AA

 

Título original:
The Invisibles, Vol. 5: Counting to none TPB
Sello: Vertigo (DC Comics)
Guionista: Grant Morrison
Artistas: Phil Jimenez, Michael Lark y Chris Weston
Entintadores
:
John Stokes, Keith Aiken, Mike Hempel y Ray Kryssing
Contenido: The Invisibles, v.2 #5-13
(Jun. 1997 – Feb. 1998)

Public. USA: Feb. 2015 (Reedición)
Public. España: Oct. 2015 (ECC Ediciones)
Valoración: 8/10

 

Hay dos cosas que tengo claras desde que empecé a leer y reseñar Los Invisibles. Cualquier cosa puede pasar en esta serie y no tiene por qué entenderse todo lo que pasa. Si hasta ahora habíamos visto desfilar monstruos de otras dimensiones, seres formados de energía, zombies vudús, aliens y conjuros basados en la masturbación, en las páginas de este tomo se plantea otro tema que va a dar mucho de sí: los viajes en el tiempo.

LOS INVISIBLES, Vol. 5
de Grant Morrison y VV.AA.

Referencias para todos los públicos. Menos para el de Telecirco.

Todo empieza cuando en Japón una rana se dispone a saltar. 30 años después Mason recibe el aviso que en una de sus empresas están a punto de inventar una máquina del tiempo. Un descubrimiento que llamará la atención tanto de amigos, pues vamos a descubrir que un miembro del grupo viene del futuro y tiene mucho que decir al respecto, como de enemigos (ojo a los agentes del karma, personajes de los que dan mucho mal rollo pese a contar con pocas apariciones). Visitaremos el futuro de este personaje (el futuro de entonces, 2012, dibujado maravillosamente por Michael Lark) para conocer más detalles de la misión que ha llevado al pasado. Como siempre que se trata el tema de los viajes en el tiempo hay muchas preguntas sin responder. ¿Qué ha sucedido con los miembros de Los Invisibles que no vemos en el futuro? ¿Cómo se ha llegado a esa situación límite que se nos presenta? ¿Es real dicho futuro o es sólo  una posibilidad?

Siguiendo con los viajes en el tiempo en la historia principal de este tomo, La Mano de la Gloria, King Mob viajará al pasado de una manera demasiado compleja como para no aceptarla como válida, para aprender cómo funciona este objeto mágico, cuyos poderes están más allá de sus conocimientos. En su camino se cruzará con otro equipo de Invisibles que fueron los primeros en usar La Mano (y en sufrir las consecuencias). Grant Morrison sabe sacarle todo el provecho a la situación y el periplo de Gideon por esa época estará lleno de referencias culturales y una ambientación retratada excepcionalmente por Jimenez, trasladándonos al París de los años ’20. El personaje de Edith (narradora parcial de la historia) es la mejor muestra de la recreación de esta época: una mujer libre, independiente, atrevida, con gusto por la diversión y cuya máxima es disfrutar la vida sin dejar pasar ninguna oportunidad para ello… Un personaje muy bien construido, que destila espíritu parisino  por todos sus poros y que se alza con el protagonismo absoluto de esta saga. Por el camino, el guionista escocés irá dejando pistas aquí y allí de hechos conectados con sucesos que ya hemos visto anteriormente en la serie, tejiendo un entramado que no siempre tiene sentido. De hecho, hay momentos en los que King Mob habla con agentes del pasado y acaba por decirles que ni él mismo sabe lo que está diciendo. Sabiendo que este personaje es un alter ego de Morrison no es disparatado pensar que se está dirigiendo a los lectores…

Los viajes en el tiempo salen mal todo el tiempo.

El último arco incluído en el tomo es una historia con un ritmo muy bueno, compleja y sorprendente por igual, llena de giros para tener al lector en tensión todo el rato, y manteniéndola hasta el final. Un final que traerá, seguro, consecuencias para todo el grupo, especialmente para un personaje que, de un tiempo a esta parte, está dando síntomas de empezar a perder la razón. La trama bebe mucho de obras maestras como 1984, V de Vendetta y La Naranja Mecánica. Pese a que toda la obra está plagada de referencias de todo tipo, no siempre están al alcance de todos los lectores (yo mismo estoy seguro que no pillo ni la mitad), por lo que se agradece cuando Morrison hace estas referencias más accesibles. Así, aunque la lectura siga siendo compleja y no sea muy difícil perderse en según que pasajes, consigue enganchar al lector.

Si hay algo por lo que destaca este tomo es por el desarrollo de la mitología de Los Invisibles, pues va a presentar multitud de conceptos nuevos que ampliarán el universo de la serie sin que por ello se resienta el ritmo de la acción. Junto a los protagonistas haremos una visita a la Universidad Invisible (con guiño al Animal Man de Morrison incluído), se nos presentará al Príncipe Invisible Arlequín (cuya puesta en escena es de lo más surrealista y eso es decir mucho), y veremos desfilar a miembros de otras encarnaciones del grupo, aunque puede que a algunos ya los conozcamos y no lo sepamos. Ya puestos, asistiremos a una clase para aprender el “Alfabeto Invisible”… Visto lo visto, parece que hasta el momento era muy poco lo que conocíamos de Los Invisibles, y es a partir de ahora cuando empezaremos a tener una visión más global de todo lo que rodea a este peculiar grupo de personajes.

Los Agentes del Karma tienen un mensaje para el mundo y mucha mala leche.

Por si todo esto fuera poco,  que nadie dude que nos vamos a reencontrar con todos los elementos que componen el espíritu de la serie: buenas dosis de violencia extrema, escenas de sexo convencionales y no tan convencionales (os recuerdo que el leit motiv de este tomo son los viajes en el tiempo), momentos de humor absurdo, con diálogos entre los personajes que no se tomaran nada en serio a sí mismos,  y, cómo no, las locuras varias a las que ya nos tiene acostumbrado esta serie.

De nuevo los lápices corren a cargo de Phil Jimenez que sigue siendo el mejor dibujante que se ha paseado por la colección. Una pena que su dibujo se resienta demasiado según el entintador que lo acompañe, pues en este tomo no todos están a la altura. Pese a todo, su estilo sigue siendo reconocible y deja algunas páginas notables.

Si sumamos la aportación de Michael Lark y las portadas de Brian Bolland podemos afirmar que la parte gráfica de la serie está en su mejor momento.

Mira la imagen fijamente y repite: “Carlos Playbook es el mejor” (Si Morrison puede, ¿por qué yo no?)

Así que, puedo asegurar que después de un periplo irregular, la serie ha conseguido captar mi atención plenamente y, por suerte, sólo tendremos que esperar un mes para seguir disfrutando de esta locura ideada por Morrison y saber cómo acaba este segundo volumen.

Lo del abecedario… vamos a necesitar más clases para enterarnos de algo. Hasta entonces…

¡Nos vemos en la Zona!

CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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