LOS INVISIBLES, Vol. 2: “Apocalipstick”, de Grant Morrison y VV.AA.


Título original
: The Invisibles, Vol. 2:
Apocalipstick
TPB

Sello: Vertigo (DC Comics)
Guionista: Grant Morrison
Artistas: Jill Thompson, Chris Weston, John Ridgway, Steve Parkhouse y Paul Johnson
Entintadores: Dennis Cramer y Kim DeMulder
Coloristas: Daniel Vozzo
Contenido: The Invisibles #9-16
(Jun. 1995 ― Ene. 1996)

Public. USA: Marzo 2001
Public. España: Abril 2015 (ECC Ediciones)
Valoración: 7/10


Continuando con el repaso a las obras de Grant Morrison que está reeditando ECC Ediciones, hoy toca seguir con Los Invisibles, la obra más personal y lisérgica de la némesis calva de Alan Moore que, para mi gusto, no empezó con buen pie.
Veamos a dónde nos lleva…

LOS INVISIBLES, Vol. 2
de Grant Morrison y VV.AA.

“Hay… poderes en el universo, y si haces cosas por ellos, ellos pueden enseñarte cosas…”

Lo primero que sorprende de este tomo es que el primer cómic que incluye, el número #9 de la colección, es una continuación directa de la trama anterior, por lo que hubiera sido más lógico incluirlo en el primer volumen. De hecho, toda la acción transcurre tras el final del número anterior, con el grupo reunido en el Molino después de volver de su viaje en el tiempo. Es un episodio donde reina la acción pura y dura, sin demasiadas complicaciones, que acaba siendo un pequeño alivio después de tanta confusión previa, terminando en un suceso que viene a cerrar el círculo iniciado tras el primer arco de la serie. Una de las cosas que no terminan de cuadrar es que un equipo de asaltantes represente tanto peligro para los protagonistas ―claro que lo peor es el dibujo, realmente horrible.

Después de este número ‘perdido’ vienen tres historias autoconclusivas muy interesantes, cada una a su manera y que le otorgan un extra a la serie por centrarse en aspectos más secundarios de la misma, concretamente en los villanos. Hablar de “villanos” en Los Invisibles resulta difícil porque no es una serie tradicional de buenos y malos, por lo que no hablamos de personajes al uso. A un lado tenemos a unos ejecutivos de lo más hijosdeputa, pactando con poderosos seres malignos del más allá a cambio de poseer adictos al crack, en una historia protagonizada por el Barón Zaraguin, un peculiar especialista del vudú.

“Me bebo su combustible de sangre”, el desayuno de los campeones.

También se pasearan unos ricachones déspotas que cazan humanos, como vimos en el primer arco de la serie, sólo que en este caso entregan sus cuerpos a un ser de otro mundo, todo muy en la línea de la serie. A continuación viene un número centrado en un tipo como tú y como yo, pero con mala suerte en la vida, que además de ser una excelente historia con una narración estupenda viene a poner el contrapunto después de mostrarnos a unos malos-muy-malos que en su exageración bordeaban la parodia. Una pequeña joya inmersa en esta locura de colección.

Tanto se centrará la colección en los villanos que los miembros de los Invisibles apenas si aparecen y, cuando lo hacen, es mediante flashbacks. Cada número está dibujado por un artista distinto pero todos son de lo mejor que hemos encontrado hasta el momento, y es que el estilo de cada dibujante está adaptado al estilo de cada historia.

En la segunda parte de este tomo tenemos una historia larga, de cuatro partes centradas en Lord Fanny, uno de los componentes del grupo al que pudimos ver utilizando sus poderes (cosa que no podemos decir de todos los demás miembros de los Invisibles…) contra Orlando. Mediante este relato conoceremos más acerca de los protagonistas, así como de su vinculación con los elementos de la naturaleza, espíritus de la tierra, el agua, el fuego y el aire, y el papel que Dane está destinado a interpretar en el grupo.

El origen secreto de Fanny  tiene todo lo que se puede esperar en una historia de esta serie: travestismo, tradiciones ancestrales, demonios, la cultura maya y su relación con los espíritus y la muerte, felaciones, humor negro y una narración temporal que funciona, casi siempre, con una precisión notable y de la que se hace eco en otros momentos de la serie.

En la parte artística destaca especialmente el número #13, que juega a homenajear a distintos estilos de la historia del cómic reciente. Así, es fácil descubrir al Frank Miller de Sin City, al Dave Gibbons de Watchmen, al Rob Liefeld de… cualquier animalada de los 90, y así toda una serie de referencias, más o menos claras, de las diferentes épocas de la historia del cómic.

Homenaje al estilo de Sin City, donde lo más negro es la última frase…

Asimismo y en otra curiosidad narrativa, en el número #14 se cuenta una parte de la trama de Boy y Ragged Robin, paralela a la de King Bomb como si se tratará de una tira de periódico. Estos pequeños y extraños extras no impiden que sea una historia bien relatada y que mantiene el interés en todo momento, pues porta un halo de inminencia sobre hechos que desconocemos como pasados, presentes o futuros… El dibujo corre a cargo de Jill Thompson, quien ya se encargó del segundo arco de la colección, y resulta tan potente en la narración y los aspectos más espirituales de la historia, como desastroso en las escenas de acción. Como todo en Los Invisibles, lo bueno nunca es tan bueno como para permitirte olvidar lo malo.

El número #16, que cierra este tomo, es un último relato autoconclusivo (de nuevo con un dibujante invitado, Paul Johnson) en el que veremos cómo le va a Dane. Si en los anteriores episodios parecía que ya nos íbamos haciendo al tono de la serie, encajando piezas, Morrison lo pone todo patas arriba introduciendo alienígenas en la ecuación. ¿Pero es real la presunta abducción de Dane, o todo forma parte del legado de Tom? Lo que queda claro es que al guionista le encanta jugar con el tiempo y el espacio, y en este episodio veremos varias escenas revisitadas, ahora desde el punto de vista de Dane. Algunas son evidentes; otras, no tanto. Éste parece ser el sino de esta serie.

En ocasiones, Jill Thompson se esfuerza…

Una serie que en este segundo tomo ha ofrecido más (y mejor) de lo mostrado en el primero. No es que esté enganchado, ni mucho menos, pero reconozco que he disfrutado bastante con estas historias. Lamentablemente hay muchas preguntas sin responder, muchas cosas que se me escapan y muchas, muchas idas de olla que no terminan de convencerme. En su contra tiene, además, el irregular apartado artístico. Hasta cinco dibujantes en apenas ocho números, ocupándose la peor de ellos de la mitad. Las portadas, eso sí, son magníficas, corriendo todas a cargo de Sean Phillips.

Así pues, este segundo tomo sigue sin terminar de convencerme, aunque trataré de continuar luchando (porque me debo a mis fans… y al látigo de mi editor) a falta de un último tomo. ¿Qué os está pareciendo a vosotros? ¿Alguien que no esté, como yo, en su primera lectura querría añadir algún detalle, matiz o perla de sabiduría para enriquecer esta reseña en los comentarios? ¡Bienvenidos seáis!

¡Nos vemos en la Zona!

CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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