LO QUE MÁS ME GUSTA SON LOS MONSTRUOS, de Emil Ferris

 

 

Título original:
My Favorite Thing Is Monsters GN
Sello: Fantagraphics Books
Guionista: Emil Ferris
Artista: Emil Ferris
ColoristaEmil Ferris
Publicación USA: Febrero 2017
Publicación España: Abril 2018 (Reservoir Books)
Valoración: Elemental, mi querida chica-lobo /10 

 

Es gracioso como el ser humano siempre pretende pertenecer a ciertos grupos para sentirse identificado, ser parte de un clan en el que tener aficiones o ideas en común con los demás, aunque para ello haga falta mentir o cambiar nuestros hábitos. De un tiempo para acá parece que ser “diferente” o “freak” es lo que se lleva en esto del postureo extremo, para lograr pertenecer a un rebaño mayor. Tanto es así que incluso se ha desvirtuado el significado de sendas palabras y se atribuye a una definición otrora peyorativa (para más info, visionar la película de Freaks) un significado alternativo que te hace “único”. Expresiones como “soy un freak, me encanta escuchar música y ver Netflix” o “soy una freak del fútbol” son las típicas frases que se escuchan ahora y dan muchas lastimica.

Pero hubo una época en la que ser diferente no molaba y no tenías que hacer gran cosa para que te apartaran de ese rebaño que ahora se vanagloria tanto de su autenticidad. Antes no molaba eso de tener la piel oscura, que te gustasen las historias de terror, los cómics o el arte, porque te convertía en un auténtico paria. Por desgracia, antes no podrías hinchar tu pecho y decir con voz alta y clara que…

LO QUE MÁS ME GUSTA SON LOS MONSTRUOS
de Emil Ferris

Nos transportamos a la ciudad de Chicago de finales de los años sesenta, en la que una niña llamada Karen Reyes tiene una vida la mar de normal. Vive con su madre, una señora más supersticiosa que un torero gitano y su hermano Deeze, un buen pieza que tiene alma torturada de artista de finales del siglo XIX y eso no suele ser bueno. Pero lo más destacable de nuestra querida Karen es que, gracias a su hermano, adora las obras de arte clásicas del Renacimiento, las historias de terror y dibuja todo lo que le sucede en la vida, como si de un diario gráfico se tratara. Está claro que la situación no es la más idónea en unos Estados Unidos en el que el racismo y el odio a la gente “diferente” es el pan de cada día de sus ciudadanos, pero eso no quita para que la protagonista no dude en investigar todo aquello que le llame la atención, como si de una pequeña Colombo se tratara. Sobre todo cuando su vecina, llamada Anka, aparece asesinada de manera extraña en su casa, horas después de que Karen hubiese hablado con ella. Lo que no sospecha es que esa investigación va a ser muy diferente a las que ha realizado hasta el momento…

Yo una mañana cualquiera…

La primer impresión que da el cómic cuando lo tienes por primera vez en tus manos es de que te encuentras ante algo muy grande, gargantuesco, que no se va a resumir con un apartado bonito y ya. Y mira que visualmente ya es una gozada, pues está dibujado a bolígrafo íntegramente, con un papel emulando al de una libreta (la libreta que siempre lleva su protagonista) y utilizando las distintas portadas de los cómics clásicos de terror como separador para los distintos capítulos. Es más, Emil Ferris hace un trabajo soberbio que le pone a la altura de dinosaurios como Harvey Kurtzman o Robert Crumb en cuanto a su estilo artístico y la forma que tiene de narrar las distintas pesquisas de la historia. Y le suma dificultad a la cosa si tenemos en cuenta que justo antes de la obra padeció la fiebre del Nilo Occidental, lo que le paralizó su brazo derecho y tuvo que volver a aprender a dibujar. Ahí es nada.

Como bien hemos dicho antes, Karen es una chica que adora el arte y mediante este la autora se apoya para seguir las pistas del asesinato de su vecina, debido a que posee una sensibilidad diferente con su entorno. No es de extrañar que ella misma se vea como una pequeña chica-lobo y durante toda la obra veremos la vida según su percepción. Gracias a esto podremos deleitarnos con la maravilla visual que es el arte de Ferris, que es capaz de usar un estilo mucho más descuidado en los conceptos onanistas de la obra, dibujar obras de arte representadas a la perfección o retratos tan reales que si no fueran por el trazo del bolígrafo, apostarías a que son una fotografía. Lo realmente brutal de todo esto es que uno se siente pequeñito ante tanta grandeza visual, un desglose de calidad y buen gusto que hace al lector quedarse embobado mirando cada una de las obras de arte que perpetra la autora americana en cada una de sus páginas. Un auténtico orgasmos visual que no se queda meramente en una superficie preciosista y detallada, ya que se apoya en un guión de órdago.

¡Te como la cara!

Como os podréis imaginar, la historia toca muchos más palos allá del tema detectivesco. De hecho, el asesinato de Anka no es más que un McGuffin de proporciones inmensas que sirve para divagar en la psique de nuestra protagonista e ir conociendo sus secretos e inquietudes, amén de que también es el vehículo conductor que nos muestra a la sociedad que le rodea. Esto va mucho más allá, tocando temas como la muerte, el racismo, la homofobia, la diferencia de clases, las mafias o los traumas. Uno no puede evitar sentirse identificado con la protagonista y el mundo que le rodea, un mundo cruel y despiadado en el que sólo sobreviven los más fuertes. Los auténticos monstruos que nos atormentan día a día y consiguen marcarte de forma irremediable. Esos seres reales que nos dan pavor y se alimentan de nuestras debilidades, machacándonos hasta los huesos de manera paulatina si no logramos plantarnos y decir basta. Ese mundo real en el que muchos nos hemos criado y que sigue siendo la auténtica lacra de esta sociedad tan absurda y llena de etiquetas. El monstruo que más asusta: el puto mundo real.

No os voy a mentir, el simple hecho de pensar que tenía que escribir la reseña de Lo Que Más Me Gusta Son Los Monstruos me hacía recorrer una gota de sudor frío por toda la espalda. Y es que al fin al cabo uno es un simple mortal que ama el noveno arte y ésta obra es su representación en estado puro. Aquí no valen los artículos wikipédicos, los tutoriales del verdadero reseñador 101 o el adoctrinamiento informativo que podríamos encontrar en cualquier reseña, incluida esta. Quizá estemos hablando de una de las mejores obras de la historia del cómic y la única forma que tengo de haceros sentir lo mismo que siento yo cada vez que lo poso sobre mis piernas y paso sus páginas es instándoos a que lo leáis. Porque la obra de Emil Ferris no se puede explicar, sólo se puede sentir.

¡Nos vemos en la Zona!

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Joe Runner

Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Zona. Vivo mejor que quiero.

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