LITTLE BIRD, de Darcy Van Poelgeest e Ian Bertram

 


Título original
:
Little Bird HC

SelloImage Comics
Guionista: Darcy Van Poelgeest
ArtistaIan Bertram
Colorista: Matt Hollingsworth
Contenido: Little Bird #1-5 (Mar. 2019 – Jul. 2019)
Publicación USA: Noviembre 2019
Publicación EspañaMarzo 2021 (Nuevo Nueve)
Valoración: Lo que nos hacen creer

 


De vez en cuando, aparecen obras de autores desconocidos que por alguna razón llaman la atención por encima de las miles de publicaciones mensuales. Una portada, una estética, una edición. Son elementos que te generan una necesidad de tener esa maravilla que te mira desde la estantería de tu tienda preferida. Hay novelas gráficas que te cantan como si de sirenas se tratase y te atraen, produciéndote un deseo de poseer, de conocer, de leer. Algunos cómics tienen este tipo de magia como este…

LITTLE BIRD
de Darcy Van Poelgeest e Ian Bertram

Los autores nos muestran un futuro distópico en el que nos trasladan a una guerra entre Estados Unidos, país convertido en el nuevo Imperio Sagrado del Vaticano, y Canadá, donde residen algunas células rebeldes que luchan contra ese nuevo status quo. Es en este último, donde conoceremos a nuestra protagonista, Little Bird, una niña que ha heredado las alteraciones genéticas de su familia convirtiéndola en alguien muy especial. Esta niña tendrá que participar en luchas que se han ido alargado a lo largo del tiempo, recorriendo el mundo como un veneno del cual todos están intoxicados. Así, la pequeña ira perdiendo su inocencia en un conflicto heredado, luchando por lo que la han enseñado a creer. De esta forma, la obra enfrenta dos conceptos que se mantienen en eterna contraposición.

Por un lado, tenemos la ciencia. Este es un elemento esencial en nuestro mundo y su importancia se ha hecho altamente tangible en esta época de pandemia. La evolución en los conocimientos científicos es lo que nos ha permitido seguir caminando por la tierra. Pero, este cómic nos plantea la eterna pregunta ¿dónde está el límite? En la sociedad que nos muestra, los seres humanos han sido modificados para ser mejorados, pero el resultado, en muchos casos, es monstruoso. Movidos por el deseo de conseguir la vida eterna, no sólo se han llevado a cabo modificaciones físicas sino genómicas, produciendo cambios que se traspasan de generación en generación. Cuando observas algunos diseños de personajes, te producen cierto desagrado y, sin duda, sientes que la ciencia ha sobrepasado un límite que no debería haber sobrepasado jamás. Nuestro sensor moral se activa sin tener en cuenta que si en otras épocas, algunos locos no hubiesen ido más allá de la ética y hubiesen realizado actos prohibidos como las autopsias, la medicina y la cirugía no serían lo que son ahora. Hay líneas que son difíciles de trazar y esta, en concreto, está bastante difusa.

Hora de aventuras.

Por otro lado, en la obra está muy presente la religión. Se nos muestra una sociedad estadounidense altamente autoritaria movida por un hombre de Dios. Sus métodos evocan una de las épocas más oscuras de la religión católica, ya que es inevitable acordarse de la Inquisición Española, aunque en este caso, ni siquiera hay un tribunal que intervenga en las decisiones sino un único hombre. Al igual que en otras historias como El cuento de la criada, Little Bird no critica a Dios, sino a los hombres que hacen uso del nombre de una divinidad para manipular a la gente y respaldar sus actos atroces. Esto sólo es un símil de mil acontecimientos que han ocurrido a lo largo del tiempo por gente que se autoproclama como elegidos por los dioses. En este caso, se ve acentuado por la decadencia de la humanidad. Cuando nos enfrentamos a nuestro fin o cuando somos incapaces de asumir nuestros errores, tendemos a buscar un culpable al que llamar pecador y un dios que nos reconforte en esos momentos tan oscuros. Con esto no quiero decir que este en contra de la religión, sino de aquellos que sólo creen cuando lo necesitan.

A pesar de todos estos matices que esconde la obra, no deja de ser una historia de acción trepidante. El atrayente guión de Darcy Van Poelgeest viene acompañado de un apartado gráfico exquisito. El dibujo de Ian Bertram es como una orgía entre Frank Quitely, Moebius y Daniel Warren Johnson. Del primero toma el diseño de personajes, del segundo la forma de construir un mundo que mezcla la manipulación genética con el imperialismo teocrático, y del tercero la forma de narrar la acción y ese estilo macarra, siendo el arte de Bertram mucho más limpio y definido que el de Warren Johnson. Esta combinación tiene como resultado un orgasmo visual que, con ayuda del color del siempre puntero Matt Hollingsworth, se convierte en el punto fuerte del cómic.

Cuando la siesta se te va de las manos.

Para concluir, quiero recordar que este tebeo, guionizado por un cineasta sin experiencia previa en el mundo del cómic, ganó el Eisner a “Mejor serie limitada” en el 2020. No creo que los premios sean un símbolo de calidad, pero, en este caso, es un galardón bien merecido, para una novela gráfica que ha sido una grata sorpresa para esta lectora. Además, la edición de Nuevo Nueve no podría haber sido elegida con más cuidado y más cariño.

¡Nos vemos en la Zona!

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