LILA TROTAMUNDOS, de Teresa Radice y Stefano Turconi

 


Título original
:

Viola Giramondo ITA
Sello: Tunué Edizioni
Guionista: Teresa Radice
Artista: Stefano Turconi
Colorista: Stefano Turconi
Publicación Italia: Julio 2013
Publicación España: Abril 2017 (Dibbuks)
Valoración: Viaje con nosotros

 


El género literario infantil y juvenil (LIJ) ha venido considerándose tradicionalmente de segunda. Nada más lejos de la realidad: no es sencillo escribir para este tipo de lectores. Es complejo y no todo vale. Los niños y adolescentes son rigurosos e inflexibles, no se les puede dar gato por liebre. En el tebeo estamos en las mismas que en la literatura.

Porque sí, son niños (o jóvenes). Pero no tontos.

LILA TROTAMUNDOS
de Teresa Radice y Stefano Turconi

Más y mejor. Así es la oferta en cuanto a tebeos destinados a los más pequeños de la casa se refiere. Un amplio abanico de obras para una franja de edad que, si bien nunca había sido completamente descuidada por editores y autores y pese a que las baldas andaban repletas de tebeos para adultos cuando estaba bien vivo y coleando el sambenito de “los tebeos son para niños”, está actualmente reclamando protagonismo y acaparando las atenciones del mundo editorial.

Del tema de las etiquetas (tebeo infantil, tebeo juvenil o tebeo para “todos los públicos”), sus límites y sus implicaciones, mejor no hablamos. De este mal necesario, el clasificar y compartimentar lecturas, podríamos debatir durante párrafos y párrafos. Al igual que de cómo se las gastan nuestros vecinos del otro lado de los Pirineos para con niños y adolescentes hablando de cómics o del papel de las publicaciones periódicas en la fidelización de lectores de tebeos. Estoy convencida de que se verterían interesantísimas opiniones a propósito de tales cuestiones, invitando a una reflexión que nos encaminaría a una mejor comprensión del medio.

Ahí queda.

Que bonita era la vieja escuela (o algo así).

Desde la considerada a este respecto pionera la editorial Bang con la línea Mamut, prácticamente todas las editoriales de nuestro país que publican cómic están teniendo en cuenta, de un tiempo a esta parte, a los niños y jóvenes a la hora de confeccionar su catálogo. Multitud de propuestas se presentan para este público, tan sincero y exigente, bien desde una línea propia bien diferenciada en la editorial (Lapicero dentro de Grafito, la Colección Gambadeta de GP Ediciones, Marvel Kids dentro de la todopoderosa Panini o la colección Papafrita, dentro del Colectivo Malavida / Editorial Cornoque), imbuidas en la línea infantil-juvenil de grandes editoriales (el sello Astronave de Norma; HarperKids, dentro de Harper Collins Ibérica, B de Blok de Ediciones B, Maeva Young de Maeva o Alfaguara Infantil y Juvenil de Alfaguara, pendiente a su vez del gigante editorial Penguin Random House Mondadori) o sin establecer una diferenciación de edades en la producción del sello bajo un epígrafe, conviviendo con los tebeos de mayores (Dibbuks o ECC).

Es primordial el papel que desempeña la lectura principalmente en la época escolar, en los años de formación y aprendizaje (y en la pre-escolar, por supuesto, aquí por medio de la oralidad, cuando todavía no se ha aprendido a leer). Ni que decir tiene que la presencia de la ilustración, pareja al texto escrito, es fundamental en este sentido. Por muy apologético de la lectura que me quede este párrafo, es irrebatible que supone un estímulo creativo e intelectual, una herramienta para que las pequeñas mentes vayan formando criterio, un soporte a la comprensión y utilización del lenguaje oral y escrito, una ventana mediante la que asomarse y descubrir los engranajes del mundo en el que vivimos, sin olvidar también, que estamos ante una forma de entretenimiento, una actividad a la que un buen número de personas dedica su tiempo libro. Y disfruta con ello.

Así de preciosas son las guardas de este tebeo.

Y qué es sino el tebeo una combinación de ambas formas de narración, texto escrito e ilustración, un fabuloso medio de transmisión de historias y emociones que se lee.

Dicho todo eso, los protagonistas de esta entrada (como bien habréis intuido a estas alturas) no son otros que los tebeos para los más pequeños de la casa.

No obstante, no tengo intención de presentaros un estado de la cuestión ni de desgranar recomendaciones, aunque se me vienen a la cabeza un montón de estupendos títulos con los que hacer las delicias de los pequeños lectores, pero también de los mayores porque, como ya sabéis, los buenos guiones y la excelencia gráfica (la calidad, en definitiva) no entiende de edad: Vampi, Ariol, La sociedad de los dragones de té, Vacaciones, Los diarios de Cereza (aunque de este ya os hablé), El club de las canguro, Los siete osos enanos, Astrid Bromuro, El niño brujo, Superpatata, cualquiera de títulos de Hilda, Atelier of Witch Hat, El príncipe y la modista, Genpet, La guerra de Catherine

Pese a no encontrarse entre las últimas novedades, he escogido Lila Trotamundos, de Teresa Radice y Stefano Turconi (Dibbuks).

¿Por qué? Porque me encanta.

Preparaos porque la función del Cirque de la Lune está a punto de comenzar.

Una historia en la que se dan cita trapecistas, domadores, malabaristas, payasos, intrépidas mujeres bala o elegantes y atrevidas amazonas, espectaculares animales y otras criaturas circenses que componen una gran familia. Lila Vermeer, la joven protagonista de este tebeo, es quien le da título: Lila Trotamundos. Lila es la hija de dos de los trabajadores de un circo que lleva de población en población la magia de una pista repleta de números espectaculares. ¡Ay, la vida del feriante! Hoy aquí, mañana vete a saber. Incierta, errante, desarraigada. No obstante, no es el desapego al entorno lo que caracteriza este tebeo, sino el arraigo a la vida y a las personas con las que se comparte cotidianidad. Las viñetas transpiran una calidez humana de la que habitualmente carecemos (me incluyo en esta generalidad). La fraternidad, la tolerancia, el respeto, la amistad, la protección, la generosidad o el apoyo son constantes que se conjugan de forma orgánica, muy lejos de antojarse aleccionadoras.

Es el tren del «chacachá», el «chacachá» del tren…

Son tres los capítulos y tres los destinos (París, Canadá y el Himalaya) en torno a los que Teresa Radice y Stefano Turconi (El puerto prohibidoNo te canses de caminar) articulan la historia de Lila, alejándola de ese espectro inocuo que recubre todo lo que toca la factoria Disney. No mento a la compañía de entretenimiento más grande del mundo en vano, pues ambos estuvieron trabajando para su división italiana en diversas publicaciones y series de éxito. Así, en las páginas de este tebeo tienen cabida temas que tradicionalmente no han sido recogidos en publicaciones de corte infantil, salvo ocasionalmente, como la muerte o la diversidad, dejando aparte lo políticamente correcto y trayendo cuestiones o planteamientos de índole filosófico a una trama extraordinariamente amalgamada con la aventura y con simpáticas situaciones. Y todo ello es fruto de la libertad de trabajar al margen de unas pautas que te impone un gigante como The Walt Disney Company: los autores reconocen que no hubieran podido gestar una obra de este tipo en el seno de esa compañía.

Lila Trotamundos destila amor hacia la naturaleza, en particular hacia los animales y el planeta Tierra, respeto hacia todas las culturas y amor desmedido hacia las artes, con especial atención a la música y a la pintura (vemos un cameo de Toulouse-Lautrec).

El binomio Radice-Turconi funciona a las mil maravillas. Se complementan, se sugieren, se fusionan.

Y es que leer Lila Trotamundos mola tanto, que hasta Sinbad se anima.

Visualmente delicioso, la edición de Dibbuks con sus esquinas romas es una verdadera maravilla. Cálido a la vista, los sensibles trazos de Turconi ofrecen testimonio de un pasado en Disney, la influencia del tebeo europeo y lo oriental. Los vivos colores y los juegos de luces y tonalidades evocan el mundo en sus diferentes latitudes y las diferentes estaciones que se dan paso en cada una de las tres aventuras; entretenidísimas historias en las que los diálogos están magistralmente construidos y algunos de sus bocadillos se revelan lapidarios.

Un tebeo de bella factura con un límpido trasfondo en el que una niña sin doblez que actúa de hilo conductor es capaz de hacer al lector maravillarse y dar valor a esos instantes excepcionales que brinda la vida. Una lectura con la que disfrutar solos o en familia. Un pequeño tesoro en nuestras baldas.

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

También te podría gustar...

Deja un comentario, zhéroe

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.