LAS BRUJAS, de Pénélope Bagieu

 

 

Título original:
Sacrées Sorcières HC
Sello: Gallimard Jeunesse
Artista: Pénélope Bagieu
Publicación Francia: Enero 2020
Publicación España: Junio 2020 (Alfaguara)
Valoración: ¿Me haríais el favor de quitaros los guantes al pasar?

 


Roald Dahl
debería tener su propia asignatura en la escuela. Y ser obligatoria. Tal cual.
¿En serio necesitáis que os justifique cuán maravillosa y sensacional es su producción literaria? En ese caso, tan sólo puedo remitiros a la lectura de alguna de sus fabulosas obras y juzgad por vosotros mismo: James y el melocotón gigante, Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate, Cuentos en verso para niños perversos o Agu Trot. Qué glorioso tándem, por cierto, Roald Dahl – Quentin Blake, las letras de uno complementadas por los dibujos del otro: una unidad indisoluble. Si aún no habéis leído nada suyo, compartid la lectura de alguno de esos títulos con gente menuda de vuestro entorno. Y si no tenéis niños que os sirvan de excusa para ello, haced el favor y no os vayáis por la tangente alegando que ya tenéis una edad para que un título de literatura infantil y juvenil (LIJ) repose en vuestra mesita de noche, porque entre su producción literaria también figuran relatos para adultos: La Cata, por ejemplo, primorosamente editado por Nordica en un exquisito volumen en cartoné con el lomo en tela y las ilustraciones de Iban Barrenetxea.

Pero, ¿sabéis qué? Mejor os leéis uno de esos títulos seminales que le han otorgado un puesto en alguno de los sacrosantos y artificiosos cánones de títulos destinados a los más pequeños -soy consciente de que cualquier inclusión en un canon siempre despierta controversia, pero aquí estoy dispuesta a discutir con quien haga falta para defender un lugar que creo que le corresponde-.
Os propongo abordar una de sus obras más aclamadas vía las viñetas de…

LAS BRUJAS
de Pénélope Bagieu

Admiro la valentía de la historietista francesa Pénélope Bagieu por atreverse con uno de los más insignes escritores de LIJ cuya obra ha trascendido lenguas y fronteras y por el hecho de afrontar la adaptación de un texto de la envergadura de Las brujas, una historia que han leído y releído infinidad de pequeños lectores desde que fuera publicado en 1983. Y los que no, seguro habrán visto su adaptación al cine.

Esa nota inicial en torno a las brujas que precede el relato me parece sencillamente alucinante. También la forma en que se va contando qué les sucedió a los niños que se llevaron las brujas. Siempre de acuerdo a mi opinión y en base a los libros que he leído (lo sé, sacrilegio no haber leído toda su obra), creo que dos de los ingredientes del éxito de los textos de Roald Dahl -no son los únicos, por supuesto- son alejarse de eso que hoy identificamos como lo políticamente correcto e introducir aspectos ciertamente cruentos o prácticamente imposibles en un mundo que los asume con total normalidad. Los lectores (y las personas, en general), tenemos la capacidad de discernir en qué consiste un texto de ficción, cómo se integran los diferentes factores que lo componen en aras de potenciar la narración y de disfrutar un relato sin cuestionar a cada instante qué implicación o consideración podría tener en la vida real tal o cual detalle.

¡Eso por no poner el intermitente!

La diversión y el placer por la lectura están implícitos en sus novelas y relatos, pero también se cuelan ciertas cuestiones realmente interesantes y de calado que pueden despertar reflexiones a los más pequeños. En Las brujas se habla de muerte, por ejemplo. Muerte como argumento. Muerte como suceso. Muerte como medio de exterminar a los enemigos. Pero también muerte como parte de la vida. No sólo sirve de ingrediente a la ficción, sino que también se plantea como algo inherente al ser humano.

Trasladar una obra de un medio a otro no es tarea sencilla. No consiste en limitarse a traducirlo a partir de las herramientas y del lenguaje propio de un medio, palabra a viñeta o viñeta a fotograma. Se trata de saber crear una obra sustanciosa, con entidad per se, que sin perder la esencia aporte algo al destinatario, independientemente de que este conozca la historia en su medio original.

Fumando espero a la bruja que yo más quiero.

Las Brujas, de Pénélope Bagieu supone una personal interpretación de la obra homónima de Roald Dahl. Tomando como premisa tal texto, Bagieu realiza una traslación del momento de la historia a nuestros tiempos, una suerte de actualización de elementos. Si bien la base es la de la novela y el fondo permanece inalterable, la historietista se toma una serie de licencias y libertades a la hora de incorporar una serie de elementos, insertar cuestiones de nuevo cuño, modificar acciones argumentales y personajes, así como adaptar ritmos a lo que su propia narración le pide.

Pénélope Bagieu. Seguro que su nombre os suena. Y si os digo Valerosas. Mujeres que solo hacen lo que ellas quieren, inmediatamente ataréis cabos. Ella es la creadora de esas breves biografías de mujeres que Dibbuks publicó en nuestro país en 2017 en dos tomos, una lectura entretenida e ilustrativa comprometida con la herstory que sirvió para seguir impulsando el devolver a diferentes mujeres a la memoria colectiva y que inicialmente fueron publicadas semanalmente online en Le Monde. Aunque este trabajo es el más conocido, no es el único publicado en nuestro país (Mi vida es lo más, Cadáver exquisito o California Dreamin’, que en septiembre estará de nuevo disponible en una nueva edición de la mano de Ponent Mon).

Si vuela a la cazuela, y si no también.

Su característico trazo suelto, vibrante y muy expresivo, sus dibujos poco preciosistas con aire caricaturesco o la alternancia de viñetas con o sin marco, el personal tratamiento del color o la tipografía empleada son constantes que otorgan ese toque identificativo a sus trabajos y que en este tebeo cobran relevancia. Salvando todas las distancias, quienes hemos crecido viendo representados en los dibujos de Quentin Blake las palabras de Roald Dahl, no podemos dejar de notar cierta armonía y continuidad entre estilos en esta adaptación. Sí que es cierto que el color es una novedad con respecto a mis libros, pero el trabajo de Bagieu lo pide: colores brillantes, principalmente cálidos, de una paleta variada que se pone al servicio del momento narrativo.

La composición de páginas, al igual que los diferentes planos utilizados y los espacios en blanco a modo de dramáticas pausas, contribuye a crear un ritmo y una atmósfera acorde a cada instante de la trama. Pequeños detalles del lenguaje verbal utilizado (desde los múltiples diminutivos cariñosos con la que la abuela se refiere a su nieto, hasta la forma en que las brujas detallan sus maliciosos planes), caracterizaciones de los diferentes personajes o situaciones puntuales derivadas de la trama, contribuyen a crear una simpática atmósfera, quitándole algo de hierro al asunto. No quiero hacer spoiler, pero eso de querer acabar con todos los niños del mundo, pues como que no es algo demasiado divertido ni parece algo con lo que se pueda hacer chanza, ¿no os parece?

Pues a estas señoras les hace mucha gracia.

Las onomatopeyas y las metáforas visuales funcionan y se integran estupendamente en el relato, complementando la información implícita a las escenas dibujadas por Bagieu. También son destacables los globos de texto y la tipografía empleada, con esas mayúsculas de tamaño variable (hay algunas brujas que gritan mucho). Un buen número de recursos bien empleados que se conjugan equilibradamente en una aparente sencillez con el resultado de potentes páginas.

Casi una edición de lujo la de Alfaguara (cartoné) para las 300 páginas de la adaptación de un título que permanece en la memoria de muchos lectores y que tuvieron su primer contacto con Las brujas cuando aún eran público implícito de la LIJ.

La mano que mece la bruja.

Espero que os animéis a leer Las brujas, tanto el excepcional trabajo de Roald Dahl con las ilustraciones de Quentin Blake como la adaptación que ha llevado a cabo Pénélope Bagieu. Más que nada porque hay que estar preparados. Nunca se sabe si nos vamos a topar con una bruja en alguna ocasión. Y es que Roald Dahl nos brindó la mejor descripción posible: está en nuestra mano recordarlo. Ya sabéis: “Las brujas de verdad visten ropa normal y tienen un aspecto muy parecido al de las mujeres normales. Viven en casas normales y hacen trabajos normales. Por eso son tan difíciles de atrapar.”

¡Nos vemos en la Zona!

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