LADY MECHANIKA, de Joe Benitez

 


Título original
:
Lady Mechanika: Mystery of the Mechanical Corpse TPB

Sello: Benitez Productions
Guionista: Joe Benitez
Artista: Joe Benitez
ColoristaPeter Steigerwald
Contenido: Lady Mechanika #0-5 (Oct. 2010 – Mar. 2015)
Publicación. USA: Noviembre 2015

Public. España: –
Valoración: Nadie es perfecto /10

 

A veces no tengo claro si lo mío es puro vicio o todo se basa en una deformación estructural sufrida por largos años de martirio e incontables páginas de castigo y sufrimiento. Aunque intento extirpar de mi ser esa parte sin alma que sigue mostrando una artera inclinación por la bazofia, laten en mis entrañas impulsos que apenas soy capaz de domeñar. Por mucho que trate de reeducar mis sensibilidades estéticas, hay una parte de mí que sigue arraigada a ese arte vacuo, explosivo y vacío que me llenó la cabeza de paja (y de pajas) en los 90. Yo, tierno e impresionable adolescente revenido, fui una de las víctimas propiciatorias del terrorismo sin mente de esa primera y magnética Image llena de hormonas y onanismo. Una Image ante la que caí rendido y me causó lesiones neuronales por los que, a día de hoy, todavía sigo pagando.

Y para muestra, un botón. Bienvenidos a…

LADY MECHANIKA
de Joe Benitez

Junio. 1995. Una portada llena de gente guapa con armaduras molonas y empuñando armas gigantescas captó como un electroimán nuclear la atención de mi testosterona veinteañera. Era un tomo editado por World Comics (el sello con el que planeta publicaba los cómics de Image en España) que recopilaba los números de una serie limitada (y luego, aunque breve, colección regular) llamada Weapon Zero. Como bálsamo para mi conciencia culpable que necesitaba justificar la gran cantidad de lecturas descerebradas que consumía por aquel entonces, aquellos tebeos estaban guionizados por el maestro Walter Simonson, lo que me daba la excusa perfecta para dignificar mi compra y lanzarme a la masturbación estética compulsiva que prometían los dibujos de una joven promesa de nombre hispano llamada Joe Benitez.

No sé muy bien por qué, pero flipé con aquellas ilustraciones. Vistas con la perspectiva de la vejez eran otra demostración pirotécnica llena de una gran nada a la que nos tenían acostumbrados los cómics de los renegados de Marvel. En cierta forma, aquella avalancha de dobles páginas espectaculares que no servían para nada y se insertaban en historias de mierda tan clónicas como aleatorias, llegó en el momento adecuado para toda una generación ávida de papel satinado y colores cegadores. Weapon Zero estaba compuesto por jóvenes que, de repente, adquirían poderes estupendísticos; un líder viejuno y curtido en mil batallas; la tía buena con poca ropa y muchas garras; el monstruo masivo y superfuerte indispensable en cualquier supergrupo que se precie… Todo era dolorosamente formulario, pero había algo redondo, indefinible y de perfecta falsedad en el arte de Benitez que me empujaba a mirar una y otra vez aquellas viñetas.

Esos pantalones deben ser harto incómodos.

Sin embargo, no había satisfacción final al acabar. Es difícil de explicar. Lo que hacía Benitez me encantaba, pero se quedaba a medias, como un gatillazo recurrente. Siempre me dejaba con un hueco, con un vacío que no se llenaba. Había algo que nunca encajaba en sus tebeos y no sabía lo que era. Volvía una y otra vez a aquel tomo de Weapon Zero para develar la imposible incógnita, pero jamás me atreví a seguirle en sus posteriores, erráticas e intermitentes aventuras editoriales. Miraba en las librerías especializadas alguna de sus grapas, y la doble sensación de maravilla y descontento seguía ahí. Imperturbable. No podía con ella. Por mucho que me esforzara, era algo contra lo que no podía luchar. Así pues, cerré lo ojos y lo dejé marchar. Nunca quise volver a saber mucho de él o de su obra.

Hasta ahora.

Amazon es una bestia despiadada. Basándose en tus compras es capaz de trazar un algoritmo que te lee la mente. Te radiografía. Te desmenuza. Te despedaza. Lo sabe. Tus más íntimos secretos. Tus pecados inconfesables. Tu mierda mas escondida. Lo coge todo y lo coloca en una base de datos cruzada y te lanza compras sugeridas con la precisión de un íncubo demoníaco. Con una sonrisa. El muy cabrón.

Bienvenidos a las splash-pages de los noventa.

Y sí. Ahí estaba. En mi fila de sugerencias. Un tomo titulado Lady Mechanika dibujado por un viejo conocido. Ahí estaba. Joe Benitez. Su nombre marcaba como una resplandeciente etiqueta de calidad la portada. Un reclamo casi irresistible que se vio rematado con la temática steampunk del conjunto. Tía buena y pechugona con partes mecánicas repartiendo estopa entre engendros impulsados a vapor y pesadillas salidas de las leyendas tradicionales. Un cebo perfecto. Algo a lo que, simplemente, no quieres renunciar.

La palabra que buscáis tiene cinco sílabas: inevitable. Yo. La cesta de la compra. El puto tomo. El envío premium. El hipnótico botón de tramitar pedido. Click. Y en un día lo tenía en la puerta de mi casa.

Una parte de mí esperaba cierta evolución en mis sentimientos. Una especie de madurez que algunos autores alcanzan con los años y consolida las virtudes mientras atempera los defectos. Lástima. Lady Mechanika es una expresión casi perfecta de exactamente lo contrario. Un mucho de nada. El epítome de la burbuja sin contenido. Un enorme contenedor lleno de aire. No solo eso. Es un intento forzado de demostrar cualidades. Una llamada de atención desesperada. Un monstruo hipertrofiado lleno de diálogos superfluos que parecen esforzarse por probar a base de amontonar palabras en bocadillos que el Benitez dibujante es además un más que digno Benitez guionista, pero que se quedan en tediosos circunloquios que no aportan nada a una trama ya de por si manida, simplona y mil veces vista.

No os fiéis de la gente circense. Nunca.

En cuanto al dibujo, la oportunidad perdida para deslumbrar es casi bochornosa. Tirar por la borda una temática tan dada al juego y la variedad como el steampunk victoriano es casi un crimen. Centrarse una y otra vez en el abultado pecho de la protagonista, esquivando tuercas y engranajes con redondeados tubos que mimetizan miembros con la estética demasiado moderna del cyborg del siglo XXX, es un grave error de concepto de alguien que confunde elementos porcinos con distancias divididas entre tiempos. La magia primitiva de aquel Benitez que me encandiló con puños brillantes y curvas mareantes sigue estando ahí, pero se mantiene incólume la sensación de agujero negro, de estado incompleto, de fracaso imposible de ocultar; una frustrante impresión de que estás a punto de llegar y, en el momento del clímax, un cambio de ritmo desafortunado te aleja del premio para siempre.

Suspiro.

A pesar de los años, hay elementos que no evolucionan. Es una idea lastimosa, pero indiscutible. Aunque realizamos un esfuerzo sobrehumano por convencernos de lo contrario. Aunque nos repitamos una y otra vez mantras que afirmen lo opuesto. Por mucho que cerremos los ojos pidiendo al dios de turno que nos conceda un deseo y reconvierta aquello que nos decepcionó en el pasado. Algo que no va a pasar. Jamás. Porque, como he dicho antes, hay cosas que nunca cambian. Y Lady Mechanika me lo ha recordado con la inevitable constancia del aburrimiento absoluto.

¡Nos vemos en la Zona!

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4 Respuestas

  1. Joe Runner dice:

    Lo gracioso de todo esto es que a mí me sucedió algo parecido. Todavía tengo un buen recuerdo de Weapon Zero (no pienso releerlo, me temo lo peor) y cuando vi lo de Lady Mechanika, comencé a leerlo. Me quedé a medias, porque tardó cinco años en terminarlo, pero me di cuenta de que era el típico cómic noventero totalmente vacío. Supe huir a tiempo…

    Eso sí, me consta que va por el cuarto volumen. Quizá en todo ese tiempo se halla dignado a narrar alguna historia o algo, quién sabe xD. Gran artículo maestro, aunque sea sobre un coitus interruptus en forma de cómic.

    • Gracias por los halagos, jefe. Que sepas que aunque cabe la remota posibilidad de que el guión mejoré, no me la pienso jugar para comprobarlo. Con volver a los noventa una vez al año me sobra…

  2. Manuel B dice:

    No podemos lamentarnos que nos gustaran aquellos dibujos ( que ni nos atrevemos a mirar hoy en día). Eramos jóvenes e inocentes..Y más de uno picó con los 4F de Lee y el Capi de Liefeld

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