LA VISIÓN, Vol. 2: “Poco mejor que una bestia”, de Tom King y Gabriel Hernández Walta

 


Título original
:

The Vision, Vol. 2: “Little better than a beast” TPB

Sello: Marvel Comics
Guionista: Tom King
Artista: Gabriel Hernández Walta y Michael Walsh
Colorista: Jordie Bellaire
Contenido: The Vision #7-12 (May. – Oct. 2016)
Publicación USA: Noviembre 2016
Public. España: Febrero 2017 (Panini)
Valoración: La esfera inigualable/10

 


Vaya.

Lo siento.

De verdad.

Lo siento mucho.

Lo digo porque me voy a tomar un montón de libertades. De licencias. Voy a romper un par de reglas.  Voy a pasarme unos cuantos convencionalismos por la alargada sombra de mi perineo. Llamadlo mala educación. Llamadlo osadía. O estupidez. Qué más da. Llamadlo X. Voy a ir a mi puta bola, y creo que es lo que procede para hablar de…

LA VISIÓN, Vol.2
de Tom King y Gabriel Hernández Walta

Sé que esta no es mi casa, pero ocasiones excepcionales merecen medidas excepcionales. Y me disculpo por anticipado. Por los tacos. Por la sinceridad. Por la incontinencia. Por el estrépito.

Puede parecer un acto de rebeldía o de egomanía, pero os aseguro que es todo lo contrario. Es una muestra de respeto. De admiración. De asombro. De humildad. Además, no me veo con fuerzas para afrontar una reseña argumentada que analice este cómic sensacional. Ni con ganas, para qué engañarnos. Bastante rutina tenemos en este mundo de mierda. Tampoco tengo en la cabeza la estructura necesaria para expresar todas las cosas que me gustaría decir del tebeo parido por Tom King y Gabriel Hernández Walta. Creo, incluso, que es necesario hacer lo opuesto: callarse; mantenerse en silencio; establecer una burbuja de adoración sin letras o sonido como una especie de homenaje inverso, de monumento místico al impacto de una obra redonda. Caos para ensalzar un orden inmaculado. Desorden para llorar por tanto orden perfecto y planificado. Vacío para destacar tantas piezas insertas en una composición deslumbrante. Porque si queréis aprender de estructura, de emociones y de dirección acertada a todos los niveles, leeros los dos tomos de La Visión. Sí. Eso deberíais hacer. Sin esperar un solo segundo.

Reunión entre los hijos de Ultron.

Ahora, lo que queda claro es que no se debería afrontar ningún tipo de reseña embargado por la emoción o el entusiasmo. Queda mal. Te hinchas. Te creces. Adquieres un cariz más propio del marido de tu hermana que de alguien que trata de hacer algo serio. Lanzas una bengala que ciega y luego, víctima de tu propia desproporción, eres carne de cañón fácil para todos aquellos que gustan de frases como “no es para tanto”, “pues a mí no me ha gustado”, “ya sabía yo que esto era todo pose” o “vaya puta mierda”. En el género humano es imposible contentar a todos y siempre habrá candidatos dispuestos a mancillar a tus ídolos con la hez de la desilusión, la desmitificación o el simple ánimo de llevar la contraria por sistema. Los llamaría gilipollas, pero estaría cayendo otra vez presa de ese forofismo lastimoso que te lleva a insultar a los que piensan distinto a ti. Y, la verdad, no es plan. Bastantes heraldos de la verdad absoluta he conocido ya en mi vida como para transformarme yo mismo en uno.

Por esta razón, no voy a decir que es indiscutible que La Visión es una obra maestra, y es que en la vida todo se puede discutir. Si hay gente a la que no le gusta el jamón de pata negra, es obvio que va a haber personas dispuestas a desmontar cuantos argumentos dé a favor de la monumental tarea de King y Walta. No importa, dicen que en la diversidad anda oculto el buen paladar, y no hay nada mejor que discrepar para afianzar tus gustos a base de descubrir pequeñas incoherencias en los mismos. Dicho esto, tengo que anunciar que hacía décadas que no disfrutaba tanto de una serie de superhéroes y que, además, pocas veces un final tan cerrado, redondo, coherente y perfecto me ha dejado un sabor de boca mejor que el que me ha proporcionado la historia del que es, desde ahora mimo, mi sintezoide favorito.

Ejemplo de autocontrol y meditación sintética.

Así que ya sabéis, si queréis saber de qué va esto, os podéis hacer un gran favor y comprar los dos tomos en los que Panini ha publicado en España los 12 números de la serie limitada americana. Será lo mejor para vosotros y para mí, que así me ahorro el coñazo total de resumir una trama que es mucho mejor vivir para apreciar todos sus matices. Para reseñas del tipo “uso el noventa por ciento del texto para contarte lo que pasa y al final te digo si me ha gustado o no en dos líneas y me quedo más ancho que largo porque soy un mediocre”, tendréis que buscar en prados más ocres y agostados por el ego necrosado de los que tienen poca vida.

Me sería muy difícil resumir la gelidez robótica que La Visión transmite en cada uno de sus diálogos, desmontando con un simple chiste décadas de amor imposible, sexo computerizado y procreación demoníaca. Como una enorme esfera que no deja de girar sobre su eje, los hilos trazados por King van enredándose con cada revolución, presos de una precisión inevitable que acaba estallando en una furia triste, fría y lógica. Se mantiene la sensación aterradora que late tras los párpados artificiales de los protagonistas, que comportándose como educados ciudadanos, dejan en evidencia una horrible falta de emociones convencionales. En La Visión nos encontramos con una familia atípica, distópica. Una familia que siente, pero que lo hace de una manera tan diferente que el único calificativo que le podemos aplicar es horrible. Todo encaja, todo funciona, todo está colocado con una intención que no entiende de azar. Son dioses procesando información a millones de teraflops por segundo; tan rápidos, que apenas necesitan moverse. Al igual que el propio guión, son una maquinaria de excepcional belleza, casi alienígena por su perfección desprovista de emociones y que, sin embargo, acaba por resultar evocadora y demoledora en su dramatismo. La Visión es un tebeo en el que casi no existen onomatopeyas; sin ruido de fondo; silencioso como la placa base que te observa curiosa mientras aporreas el teclado. Anticlimático. Emocionalmente insoportable. Carente de entropía y, sin embargo, irrevocablemente condenado al desorden más absoluto. Brutal en su sinceridad total e inconsciente, como la del ser que en su sistema operativo no encuentra lugar para computar la mentira.

Estrés familiar.

En la parte gráfica, el tandem Hernández Walta – Bellaire es, simplemente, inigualable. El lápiz transmite de manera prodigiosa lo que cada palabra requiere, llenando el hueco que ni un millón de letras lograrían expresar con imágenes de un poder visual que deja sin aliento. Cada viñeta nos dirige, como pilotados por un autómata, hacia los puntos claves que necesitamos ver, centrando el foco en las pequeñas cosas que acabarán siendo claves en la resolución final. Cada imagen estática es un prodigio que congela el movimiento para que contemplemos lo que sucede, como espectadores callados de un drama monumental. La belleza helada con la que el dibujante melillense nos deleita no se limita a ser el engranaje necesario que el reloj necesita para marcar las horas, sino que se funde con los colores de la siempre acertada Bellaire en un todo que, de nuevo, nos recuerda al círculo sin taras que sirve como metáfora de este tebeo. Incluso el episodio de interludio con el que se abre el tomo y dibujado por Michael Walsh, encaja sin chirriar y aporta información decisiva en lo que pasará luego. No hay azar cuando posees una mente capaz de calcularlo todo.

Perfecto. Perfecto. Perfecto. Estoy intentando encontrar sinónimos o símiles para evitar repetir una y mil veces la única palabra que me viene a la cabeza al intentar describir todo esto. Perfecto. Preciso. Prodigioso. Asombroso. Brillante. Luego comienzo a pensar en las emociones y me avergüenza admitir que me dejo llevar por el entusiasmo. Puede ser. Dada la ocasión, creo que es lo más oportuno. Porque a veces, cuando algo te despierta y te mueve, lo mejor que puedes hacer es levantarte de tu butaca y aplaudir mientras los títulos de crédito van cerrando la sesión de una maravillosa película.

¡Nos vemos en la Zona!

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2 Respuestas

  1. Carlos Pereira dice:

    Rara vez una reseña me “obliga” a gastarme el poco dinero que me queda libre para vicio y subcultura, pero esta es una de esas excepciones que confirman la regla. Bravo por el artículo y saludos desde Galicia. (Lo que pasa en Barcelona, se queda en Barcelona) Un abrazo.

    • Lo primero, muchas gracias por comentar y peor el halago, por la parte que me toca. No creo que te arrepientas de las compra, más bien todo lo contrario. Espero que llegaras vivo a casa, que después de dejarte con el taxi en medio de la nada no lo teníamos del todo claro. Un placer haberte conocido!

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