LA TUMBA DE LAS LUCIÉRNAGAS. La historia más triste

Título original:
Hotaru no haka (火垂るの墓)
Año: 1988
Director: Isao Takahata
Guión: Isao Takahata (Novela: Akiyuki Nosaka)
Fotografía: Nobuo Koyama

Reparto: Animación

Valoración: Un mal trago que querrás evitar, pero por el que hay que pasar /10

Sinopsis: A finales de la Segunda Guerra Mundial, en los bombardeos de Kobe, Seita y Setsuko no consiguen llegar a tiempo al búnker donde su madre los espera. Cuando después buscan a su madre, la encuentran malherida en la escuela, que ha sido convertida en un hospital de urgencia.

Hablar de películas de animación japonesa muchas veces deriva o decae en hablar de Studio Ghibli. La influencia que ha tenido este grupo de personas y sus trabajos, tanto en el séptimo arte como en el conjunto de la sociedad, ha sido abrumadora. Hasta hace no mucho, ha logrado hegemonizar el mercado de las películas de animación japonesa tanto en el país nipón como en el mundo occidental, dejando una ristra de títulos en la que destacan las aventuras mágicas, los personajes atrevidos y la simbología japonesa. Pero no todo puede ser bonito, alegre y precioso siempre, también hay historias menos inspiradoras, aunque quizás más conmovedoras y relevantes, como La tumba de las luciérnagas.

No me mires así, no te pienso dar un solo caramelo, cría.

Ambientada durante los últimos coletazos de la Segunda Guerra Mundial, la película narra las desventuras de Seita y su hermana pequeña Setsuko. Hijos de un comandante de la armada japonesa, viven el día a día de la guerra, con bombarderos en sus ciudades y con los planes de emergencia, evacuación y refugio más normalizados que el comer. En una de estas maniobras, tanto su casa como su barrio, son arrasados por las bombas de los aviones estadounidenses. Para más inri, su madre se ve afectada fuertemente por las quemaduras de estas, y tanto los hermanos como ella van en busca de cobijo y ayuda al colegio más cercano. En base a esta situación, ambos hermanos tendrán que cuidar de sí mismos hasta la recuperación de su madre, proveyéndose de comida y todo bien que les sirva, pero no podrán dejar de ser lo que son, dos infantiles víctimas.

La narración y, sobre todo, los hechos acontecidos en la misma escapan por completo de las temáticas o el enfoque típico de la mayoría de las películas de animación nipona y, en especial, de las películas de Studio Ghibli. En toda la historia no encontramos ningún elemento que podamos catalogar como mágico o místico, no tenemos ninguna aparición de algún extraño animal o ser que emerja de entre los cielos o los bosques para enseñarnos la moraleja filosófica de la aventura de la protagonista… Lo único que hay es realidad, drama y más realidad. Es de esperar de una película ambientada en una época tan convulsa como fue esta para Japón sea cruda, pero resulta especialmente dura y directa la transmisión de cómo esa niñez se ve truncada por los ataques, la naturalidad de tener que seguir creciendo como persona a la vez que tu casa, tu barrio o tu colegio son destrozados por unos aviones comandados por personas que no podrías ni llegar a imaginar, tan ajenas a tu realidad, pero que a la vez te la condicionan por completo.

Vale que estamos en guerra y tal pero, ¡no me pises lo sembrao!

Como ya he comentado, es cierto que en la historia no se utilizan simbologías típicas japonesas, pero eso no le quita ni una pizca de ideología o mensaje detrás de los hechos. El padre de los protagonistas es un militar de la armada japonesa y eso quedará muy reflejado no sólo en la cabeza del pequeño Seita, sino también en los conocidos a la hora de ofrecerles ayuda. La recurrente idea de la veneración de aquella persona que lucha y defiende a su país y a cada una de las personas que lo habitan está reflejada en la obra. Pero no nos equivoquemos, queda como una idea falsa, como un ídolo con pies de barro. Al fin y al cabo, un comandante está en el frente de batalla, lucha por un país, pero la gente de a pie es la que sufre los ataques a los puestos de ayuda civil, la que sufre las hambrunas, la que se ve despojada de sus casas destruidas por el enemigo, la que lucha cada día, no por una idea casi ilusoria como lo es la patria o el país, sino por ellas mismas, para mejorar sus condiciones físicas y sociales mermadas por toda esa barbarie. Esta realidad queda reflejada absolutamente en la película, y pese a que es cierto que corresponde a la ambientación de la misma y a la realidad de Japón en la Segunda Guerra Mundial, no podemos olvidar que dentro de 40 años podríamos hablar de una obra con un mensaje idéntico sobre la realidad de Siria, de Iraq, de Libia o de muchos otros países que han sufrido y sufren consecuencias parecidas a las descritas en la película.

Los niños de la guerra. Ay.

Estamos ante una película majestuosa, un relato costumbrista y fiel de la realidad sufrida en Kobe durante la Segunda Guerra Mundial. La historia durante la guerra de dos niños que lucharán por sobrevivir día a día. Incluso las menos avispadas se habrán dado cuenta ya… Esta película os va a hacer pasarlo mal, fatal más bien, y sufriréis con los protagonistas… Pero amaréis cómo está contada y odiaréis las guerras, así que vosotras mismas.

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. ManuelBR dice:

    La vi en un ciclo de cine japonés en Sevilla y creo que pocos allí no salieron llorando..Pero hay que visionarla…

Deja un comentario, zhéroe

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.