LA TIENDA DE LAS ILUSIONES, de Pascal Rabaté

 


Título original:
Le petit rien tout neur avec un ventre jaune
 HC
Sello: Futuropolis
Guionista: Pascal Rabaté
Artista: Pascal Rabaté
Colorista: Isabelle Merlet
Publicación Francia: Agosto 2009

Publicación España: Noviembre 2010 (Norma)
Valoración: La vida, esa auténtica broma asesina

 

 

¿Sabéis qué es lo mejor de venir del mundo de los superhéroes? ¿De leer la enésima batalla contra el mal que amenaza la existencia? Que cuando abro las páginas de algo tan alejado como La Tienda de las Ilusiones, afloran en mí sentimientos de desolación y admiración por cosas que yo mismo he vivido. De pensar que hay autores que debería leer más, de dejarme llevar por la forma de ver la vida de todos ellos y declinar el próximo intento de invasión de la Tierra. Ay Taniguchi ¡cuántos te echan de menos y cuánto tengo que leerte aún!

Patrick es un vendedor de artículos de broma en horas bajas. Muy bajas. Bajísimas. Abandonado por su mujer, a la que le profesaba un amor tan fuerte como dependiente, no sabe seguir viviendo y ni se esfuerza por intentarlo lo más mínimo. Patrick es un zombi emocional, depresivo en todos los aspectos de su vida, pero quizá todo cambie cuando el circo Nauge aparezca en la ciudad. Acompañemos a nuestro protagonista en esta montaña rusa de sentimientos en…

LA TIENDA DE LAS ILUSIONES
de Pascal Rabaté

«así es nuestra sociedad…
sale más caro llorar que reír»

Rehacer una vida no es fácil. Empezar de cero cuesta horrores y mentalmente es una de las pruebas más duras a las que estamos expuestos como seres humanos. Somos animales de costumbres y eso juega en nuestra contra. Tanto, que a veces bordamos en oro el refrán “más vale malo conocido que buena por conocer”. Nos acomodamos, no arriesgamos y cuando es la vida la que te tira por el precipicio, no sabemos hacer otra cosa que arrinconarnos como un animal herido, hundidos como la cara de un boxeador en el último asalto. Bebemos hasta alcoholizarnos. Nos narcotizamos hasta dejar la realidad de lado. Y un largo etcétera.

Esa delgada línea que separa dos sentimientos tan opuestos, distantes a más no poder. Esa risa contagiosa frente a la oscura desesperación de un rincón de tu casa. El mismo vino barato que se menciona en el cómic como ejemplo perfecto de autoperdición. Esa maldita delgada línea que yo mismo he experimentado es lo que Rabaté nos enseña, narra e ilustra. La vida no es buena ni mala, justa o injusta. La vida no te da lo que mereces o te castiga. La vida lo es todo a la vez y al mismo tiempo. Aprendamos a vivir y no a querer comprenderla.

Sufrir es el modo de estar activo sin hacer nada.

«Prefiero hacer reír a los hijos de los demás
que ver llorar a los míos»

Y aquí el autor francés consigue engañarnos con su forma de narrar. La elegancia con la que normaliza cada situación, cada derrumbe emocional. Te convence que es lo más normal del mundo, que quizá hasta no duela y cuando te quieres dar cuenta tienes el corazón en un puño para, inmediatamente después, arrancarte una sonrisa con un simple baño y un pato de goma. Algo tan sencillo y con tanta vida. Contrastes, sólo contrastes. Y la vida sigue. Porque aquí no todo es negro y ni mucho menos blanco. Rabaté se deleita en los miles de grises.

Y a pesar de que el día a día de Patrick no confunde al lector, nada es lineal y nos hace partícipes de la esencia de la lección que nos enseña. La sorpresa, la emotividad hecha momento, la risa que no esperas o el abismo que te engulle. En la vida no hay guiones que valgan y aunque todo sea una broma de mal gusto, cualquier cosa, cualquier persona puede convertir todo eso en la mejor experiencia del mundo. Ya sea durante un solo segundo o para toda la vida. Y esa sorpresa, esa inesperada espontaneidad forma parte de todo. Si la existencia se convierte en un chiste sin gracia, ríete igualmente.

Emborracharse no sustituye la falta de compañía…

El dibujo de Pascal Rabaté me ha recordado a Bastien Vivès, ya sea porque le tengo reciente en mi retina o porque ese trazo desdibujado, no necesitado de florituras de ningún tipo, acaba transmitiendo tanta fuerza. Quizá más detallado, pausado, dentro de esas obras franco-belgas que llevan en el mensaje todo el peso, siendo el dibujo un mero trámite necesario para el medio, de una calidad innegable, pero que no deja de estar en un segundo plano frente al propio relato.

Un dibujo abocetado, deliciosamente irregular donde la responsabilidad recae en la enorme capacidad del autor para trabajar en la expresividad de los personajes. Un estilo que casa a la perfección con una lectura serena, sin prisas y que no necesita ensalzar los colores para transmitir lo que quiere. Justo lo contrario ya que Rabaté repite tonalidades a grandes rasgos y aún así elimina por completo la sensación de monotonía haciéndolos partícipes de los estados de ánimo de la historia.

… pues de soledad te llenas conforme la botella se vacía.

Esta Tienda de las Ilusiones de Pascal Rabaté no deja de ser una de las lecciones más importantes y universales de la vida: dejad de intentar comprenderla y vividla. No queráis aprender a la fuerza, dejaros enseñar y, sobre todo y más importante, nunca, nunca os rindáis. Si la vida lo merece, vosotros lo merecéis más.

¡Nos vemos en la Zona!

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