LA TETERÍA DEL OSO MALAYO, de David Rubín

 

 

Título original:
La Tetería del Oso Malayo TPB
Sello: Astiberri
Guionista: David Rubín
Artista: David Rubín
Publicación España: Noviembre 2006 (Astiberri)
Valoración: Siéntate y hablemos mientras tomamos un té

 


Todos tenemos una historia a nuestras espaldas
de la que poca gente se entera realmente. Problemas familiares que afectan tanto a padres como a hijos, desamores y rupturas, recuerdos que nos terminan matando por dentro, reproches a uno mismo por haber actuado mal… Y la vida, por desgracia, no es como un cuento con final feliz. Muchas veces hay que sobrellevar los fatídicos desenlaces de la mejor forma en que podamos. Pero es duro. Es por eso que necesitamos que haya una persona que sea capaz de escuchar nuestras desavenencias y problemas.

Hoy vamos a reseñar una obra capaz de llegarnos a emocionar en cada uno de los relatos que la componen; un tebeo que brilla por la calidez humana y la empatía que desprende y con el que fácilmente nos podemos llegar a sentir identificados en algún momento de nuestras vidas. Se trata de…

LA TETERÍA DEL OSO MALAYO
de David Rubín

Esta novela gráfica nace como una recopilación de varios relatos escritos y dibujados por David Rubín para la revista Dos veces breve. Muchos de ellos han sido retocados para esta edición además de incluir páginas e historias inéditas que completan aún más la edición, dándonos un tebeo con un aroma a cotidianidad, soledad, confusión, amargura, desamor y dolor.

El punto en común es Sigfrido, un oso que regenta una tetería. Aunque no es sólo un lugar donde tomar té y licor de café, sino también un consultorio psicoanímico en el que todos los personajes que pasan por allí cuentan sus desventuras y vivencias. Todo esto sirve para que Rubín haga un despliegue de todo su talento, mostrándonos distintas temáticas, géneros y estilos en cada uno de los capítulos que componen el tomo.

¡¡Este té está frío!!

A la hora de afrontar esta reseña dudaba sobre si analizar cada historia, una a una, o no. Finalmente deseché la idea porque me parece algo mágico poder disfrutarlas por primera vez, soltar algunas lágrimas al llegar a sentirte representado en ciertas situaciones y darte cuenta de que no somos los únicos a los que nos suceden desgracias.

En el sentido narrativo, Rubín consigue apelar a nuestras emociones y recuerdos con cosas totalmente cotidianas en diversos personajes, que van desde hombres normales y comunes, a superhéroes basados en Batman y Superman, a seres antropomórficos. El dolor de una ruptura, la culpabilidad, la pérdida, el miedo… Todo se da cita aquí de manera extremadamente solvente, cumpliendo su misión en pocas páginas. Conseguir que alguien llore sin tener que recurrir a la sensiblería barata y fácil merece todos los elogios posibles. Acertar tan de pleno a la hora de retratar las situaciones, llegando a parecer que están sacadas de nosotros mismos o de alguien de nuestro entorno, hablar sin necesidad de crear bocadillos con palabras en algunas páginas… Todo esto es magia.

Magic Rubín.

A nivel gráfico todas las páginas gozan de un impacto visual muy fuerte y tremendamente atractivo para nuestros ojos. Son dinámicas y vistosas. A veces pensamos que para que unas imágenes sean llamativas depende mucho del color. Sin embargo, en este cómic todo es en blanco y negro, haciendo uso de la tinta y cambiando el espesor para realizar unas composiciones sublimes. Y no se echa en falta en ningún momento esa fantástica paleta de color del autor que tantas veces nos ha deslumbrado en sus otras obras.

Hay algunos conocidos que a la hora de puntuar cómics hacen uso de “la regla del llanto”, consistente en que si consiguen llorar, ese tebeo pasa automáticamente a tener un 10. El problema es que muchos autores buscan el objetivo de hacer llorar al lector adrede, y para eso buscan crear la atmósfera idónea para dar rienda suelta a las lágrimas, dejando de lado aspectos tan importantes como el realismo, la coherencia narrativa, la ilustración u otros factores. Rubín en ningún momento cae en esto. Los tebeos pueden ser usados para emocionar al lector, para transmitir sensaciones como hacen la música, la literatura o el cine. El cómic es arte, pero no debe primar la imposición que nos pone el autor por sentir algo por encima de la obra. En La Tetería del Oso Malayo es una reacción natural; Rubín nos agarra de la mano y nos acompaña en todos esos relatos para que volvamos a sentir y a tener empatía con los personajes, en vez de empujarnos y llevarnos a rastras.

¿A qué? A un café.

Por último me gustaría comentar al personaje que sirve de ancla para todas las diégesis narradas: el oso Sigfrido, dueño de la tetería. Hace algo que hoy día se ha perdido: saber escuchar y ponerse en el lugar de los demás. Vivimos en una sociedad cada vez más egoísta que ignora a aquellos que están pasando por una mala racha e incapaz de poder ofrecer un mínimo de consuelo y ayudar. Sigfrido me parece un ejemplo de lo que deberíamos ser con las personas que nos rodean o que simplemente vemos sufrir. A veces algo tan sencillo como ofrecer una bebida caliente y sentarte a oír atentamente los problemas de las personas puede ser una de las mayores muestras de apoyo. Quizás cuando volvamos a esas costumbres recuperaremos la humanidad que se ha ido perdiendo por el camino.

En resumen, puedo afirmar que La Tetería del Oso Malayo, pese a ser una de las primeras obras de David Rubín, puede llegar a ser considerada una obra maestra. Se puede notar en algunos aspectos la evolución de un autor que no deja de reinventarse y aprender, pero eso no quita todo el talento que tiene y que ha sabido demostrar cada año de su exitosa carrera. Un tebeo imprescindible, con un gran valor artístico y narrativo y que no dejará a nadie indiferente.

¡Nos vemos en la Zona!

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