LA PATRULLA X: DIOS AMA, EL HOMBRE MATA, de Chris Claremont y Brent Anderson

 


Título original
:

X-Men: God Loves, Man Kills HC 

Sello: Marvel Comics 
Guionista: Christopher Claremont 
Artista: Brent Anderson 
Colorista: Steve Oliff 
Publicación USA: Diciembre 1982 
Publicación España: Agosto 2018 (Panini
Valoración: Dios aprieta, pero no ahoga… /10 

 

El reverendo William Stryker está en plena campaña anti-mutante, alertando a los confiados ciudadanos del país del peligro que supone la aparición de los autodenominados homo superior. Mientras el discurso de Stryker se radicaliza por momentos, la comunidad mutante empieza a sufrir ataques cada vez más despiadados, lo que hará que la Patrulla-X empiece a cuestionarse su papel en la sociedad, sus métodos de actuación e incluso sus alianzas. Señoras y señores, hoy hablamos de…

DIOS AMA, EL HOMBRE MATA
de Chris Claremont y Brent Anderson

El odio llama al odio…

Aunque parezca difícil de creer viendo los tiempos que corren, hubo una época en que la Patrulla-X solo tenía una serie mensual. Era sin duda la serie estrella de Marvel y mientras un maestro como Chris Claremont llevaba más de 5 años, y los que le faltaban al frente de los guiones, el plantel de artistas no podía ser mejor: Dave Crockum, John Byrne (todos en pie) y Paul Smith, entre otros. No es de extrañar, pues, que fuera la serie favorita de gran parte del fandom, especialmente entre finales de los 70 y principios de los 80.

El éxito de la cabecera permitió la aparición de otros proyectos especiales relacionados, bien con algún personaje en particular (Lobezno: Honor), bien con personajes de otra compañía (ese cruce con Los Nuevos Titanes sigue siendo una joya de la que algún día alguien tendría que hablar), o como en el caso que nos ocupa: una novela gráfica con un tono más oscuro, realista y crítico que se alejaba del pijameo. Tanto es así que no fue canon hasta muchos años después, para centrarse en el pilar sobre el que se construyeron los mutantes: el temor a lo desconocido.

Yo también creo que estos son extras de The Warriors.

Cuando en pleno fervor creativo Stan Lee y Jack Kirby parieron a los X-Men dejaron bastante claro que aquellos jóvenes inadaptados con poderes querían ser un espejo tanto para sus homónimos estudiantiles de la vida real como para aquellos colectivos que sufrían la ira de aquellos que los temían y odiaban por el mero hecho de ser diferentes. Con el paso del tiempo ese reflejo se fue diluyendo y la serie pasó a ser una más, pero con la llegada de Claremont la llama volvió a prender y estuvo más viva que nunca. Quizás lo de juntar miembros de (casi) todas las razas y nacionalidades en el nuevo equipo fue pasarse de frenada con el mensaje, pero es indudable que estos personajes iban a sufrir en sus carnes el hecho de ser diferentes.

La sociedad americana de entonces ya no era la misma que la de los 60 y Estados Unidos daba la sensación de estar siempre sumido en un estado de alerta continua contra un enemigo que amenazaba al país desde dentro. No es raro que los mutantes se convirtiesen en un objetivo en el que se fueran a fijar los fanáticos defensores del maravilloso estilo de vida americano, pues no dejaban de ser diferentes tanto en aspecto como en genética. Poderosos y a menudo inestables, suponían un peligro ante el que el hombre de a pie nada podría hacer. Si bien este argumento se ha usado cientos de veces con personajes de todo tipo, desde Batman a Superman pasando por todo el universo Marvel y de ahí la Civil War, cuando el mensaje se centra en los mutantes está claro que hay un poso de temor, de odio incluso, del racismo del “yo no soy racista pero…” y eso, si se sabe aprovechar, puede ser muy beneficioso para que salga un gran cómic.

A Tapón no parecerle divertido, Sr. Jones.

Por suerte para todos, ahí estaba Chris Claremont para explotar todas las posibilidades de un proyecto tan especial como este, empezando por presentar a un villano excelente. William Stryker es el protagonista de la obra y personaliza todos aquellos temores que albergan en el corazón de sus compatriotas. Defensor de Dios por encima de todo, afirma que los mutantes no son obra del señor, sino una aberración que debe ser controlada por el hombre. Con un pasado trágico y definitorio para ser quien es, Stryker no se detendrá ante nada para llevar la paz a la Tierra por orden divina, demostrando que el villano más poderoso al que jamás se hayan enfrentado los Hombres-X no tiene más poderes que el odio y el fanatismo.

Hablando de villanos poderosos, Magneto es otro de los personajes de peso en la historia, protagonista de la secuencia con la que arranca el cómic, una escena brutal en todos los sentidos y que ya dejaba entrever que ese no era un cómic más. El antaño enemigo jurado de Xavier y sus alumnos es el primero en tomarse en serio la amenaza de Stryker y tiende la mano a la Patrulla para unir sus fuerzas. La presencia de Magneto agitará las filas de los mutantes, que no se acabarán de sentir cómodos con sus métodos pese a que la gravedad de la situación les haga replantearse si quizás no tenga más razón de la que pensaban cuando lo veían como un enemigo. Sé lo que estáis pensando, esto lo hemos visto decenas de veces pero… ¡Ey, estamos hablando de una historia de hace 36 años! Y por aquel entonces todo parecía más original, más real, podías llegar a creerte las dudas de esos personajes porque todavía no había muerto y vuelto a la vida o cambiado de bando veinte veces. Sep, eran otros tiempos.

Chimenea y pantalla de plasma, lo retro y lo futurista se dan de la mano en este comic.

Tanto es así que, pese a seguir siendo una obra referente para los mutantes, incluso para Marvel diría yo, se le empiezan a ver algunas costuras. Hay varias situaciones durante la obra que Claremont las plantea de manera demasiado artificial, como buscando un efecto sorpresa que la obra no requería. Del mismo modo algunos personajes pasan totalmente desapercibidos siendo meras comparsas y las escenas de acción están puestas con calzador, pareciendo que ambas presencias tengan el único propósito de cumplir un cupo editorial.

Pero sin duda donde más cojea la obra es en el apartado gráfico (y pensar que Neal Adams podría haberse hecho cargo del proyecto) que cayó en manos de Brent Anderson, autor más que competente, pero con más oscuros que claros. Su trazo me parece flojo, inconsistente y descuidado tanto anatómicamente como en expresiones faciales, No todo es malo, ni mucho menos, ya que consigue narrar con fluidez pese al gran número de viñetas por página y plantea brillantemente más de una escena como la de ese Charles crucificado y torturado por sus alumnos. El color de Steve Oliff consigue una atmósfera tétrica que enfatiza el tono duro, áspero, de la historia, no en vano fue uno de los mejores coloristas de su tiempo.

Para los que no sepáis alemán, ahí dice “Tantruuuuuuuuuuuuuum”

Dios Ama, el Hombre Mata, uno de los mejores títulos de la historia para un cómic, es una historia atemporal sobre la condición humana, sobre la fragilidad del pensamiento cuando se afronta lo desconocido, sobre el odio y la vergüenza que alberga en nuestra alma. Una reflexión acerca de quiénes somos como sociedad y hacia dónde vamos. Abriendo Twitter cualquier día podemos comprobar que el camino que marcaba el cómic es, desgraciadamente, más real hoy que nunca. Seguimos siendo temerosos, intolerantes y agresivos con aquello que nos disgusta, seguimos siendo idiotas y, en definitiva, seguimos siendo humanos.

Asimismo el cómic sirvió de base para la que es considerada por muchos la mejor película de mutantes, X-Men 2 de Bryan Singer. Estando de acuerdo en esta afirmación tengo que deciros que a mi la que me flipa de verdad es X-Men 3: La Decisión Final, pero eso amigos, es otra historia…

¡Nos vemos en la Zona!

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CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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