LA NOCHE QUE LLEGUÉ AL CASTILLO, de Emily Carroll

 

 

Título original:
When I arrived at the castle TPB
Sello: Koyama Press
Artista completo: Emily Carroll
Publicación Canadá: Abril 2019
Publicación España: Noviembre 2019 (Sapristi)
Valoración: Te como la cara

 

 

Lo dice bien claro en la bio que hay ahí abajo: “si es creepy, es para mí”. La gran mayoría de mis lecturas contienen sangre, violencia, mafiosos, monstruos, fantasmas o vampiros, y muchas de ellas han llegado a mi estantería por el fastuoso poder de atracción que desprenden sus portadas. Y sí, me he comido truños como puños porque es lo que tiene comprar a ciegas, pero así me enamoré de Crossed, conocí a Shintaro Kago o, medio hipnotizada por ese color amarillo chillón, me hice con Pudridero. De la misma forma, sin saber siquiera quién lo firmaba, vi la portada de esta maravilla hecha cómic y tuve que hacerme con ella. Y, al igual que los antes mencionados, este tebeo formará para siempre parte de mis referencias favoritas porque nunca olvidaré…

LA NOCHE QUE LLEGUÉ AL CASTILLO
de Emily Carroll

Una vez superado el éxtasis inicial de ver una portada tan bonita y tan sangrienta, me fijé en quién era su autora y pensé, he dado en el clavo. Y efectivamente, no tuve que pasar de la primera página para saber que había encontrado uno de esos cómics con los que estableces una conexión especial. De los que recomiendas hasta a gente que no se acercaría ni con un palo porque trasciende más allá del género al que pertenece.

No quisiera contar mucho de la historia porque esta obra merece la pena descubrirla por uno mismo, pero básicamente una chica-gata llega de noche a un castillo en el que la espera una condesa que esconde más de lo que enseña, y eso que mucho pudor no tiene. La visita se convierte en un laberinto de sombras alargadas, pasillos infinitos, puertas misteriosas y cerraduras a las que es mejor no asomarse.

Esta secuencia es magia.

Nos encontramos ante una especie de versión del Drácula de Bram Stoker con el toque lésbico de la Camille de Sheridan Lefanu, repleto de imágenes desconcertantes que apelan al body horror y a las vampiras de la Hammer Productions. Pero también ante un homenaje, tanto a los cuentos clásicos de terror como al folklore y mitología vampírica, en el que no faltan colmillos, sangre y sexo. Un imprescindible para los fans de los chupasangres y, atención, del ero-guro.

Y es que Emily Carroll parece incidir en las narrativas del miedo en cada una de sus obras. Miedos que nos acechan desde dentro (Cuéntalo), desde fuera (Cruzando el bosque) y, en este caso, desde el más allá. Desde lo más profundo de un castillo que parece que tiene vida propia y que atrapa en su interior a todo aquel que lo visita. Y, aunque esta vez hablemos de miedo en su sentido más cinematográfico, lo que ha hecho Carroll con este relato de terror gótico-erótico es para quitarse el sombrero.

En esta splash page me maté yo.

Más allá de la pulcritud con la que refleja todo el romanticismo y el erotismo que rodea a la figura del vampiro, la experiencia que supone voltear cada página y participar en el juego metanarrativo que nos propone la autora, de puertas dibujadas e historias escritas que nos llevan de la viñeta a la prosa sin contemplaciones, imprime al relato un ritmo narrativo que hacía mucho que no disfrutaba con tanta alegría.

La noche que llegué al castillo es un relato muy visceral y, a la vez, comprende un sinsentido onírico del que sólo puedes salir boquiabierto. Un paraíso de dobles páginas que te explotan en la cara, salpicando sangre por doquier y dando el auténtico sentido a eso de llamarlas splash pages. Un guión perfectamente desplegado, con un cliffhanger casi a cada vuelta de página que se complementa con un apartado gráfico del que debería escribir con letras de oro…

Lo de la insistencia.

…o de sangre. La tricromía y, sobre todo, la elección de tipografía roja sobre fondos negros, no me pueden parecer más acertadas para un relato de vampiros que acechan en la oscuridad, y si a eso le sumas que la composición de las páginas viene dada por el propio dibujo y no se distribuye de forma convencional en viñetas, el resultado es que Emily Carroll se ha hecho un hueco bien grande como autora de cómic de terror y no hay nadie que lo pueda discutir.

La noche que llegué al castillo es toda una experiencia erótico-grotesca, que comienza antes incluso de abrir el tomo, que te atrapa sin remedio y te arrastra violentamente, entre relatos, puertas y estancias, hasta lo más profundo de la oscuridad. Un cómic con una potencia narrativa y gráfica que nadie debe pasar por alto y una autora de la que estaremos muy pendientes en próximos trabajos. Hasta que Emily Carroll publique su siguiente joya

¡Nos vemos en la Zona!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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