LA NOCHE ES MI REINO, de Claire Fauvel

 

 

Título original:
La nuit est mon royaume HC
Sello: Rue des Sèvres
Artista: Claire Fauvel
Publicación Francia: Febrero 2020
Publicación España: Septiembre 2020 (Astronave)

Valoración: El retrato de una obsesión

 

 

El otro día leía en redes, a propósito de un cómic, una opinión sobre el poder curativo que emana de la música y de cómo es capaz de sanar a las personas. Seguro que habréis experimentado en algún momento esa sensación de conexión total con un tema, de sentirte acompañado en eso que estás sintiendo en ese preciso momento, como si esa persona que compuso ese tema lo hubiera hecho pensando en ti. Pero también podemos verlo desde otra perspectiva: la música, un arte a través del cual el/la creador/a exorciza sus demonios, comparte con el mundo qué siente o lo que le provoca una situación determinada, estableciendo una comunión inmediata contigo, que acabas de darle al play y que te sumerges extasiado en una melodía con la que te identificas nota a nota.

Al igual que se habla de la inmensa capacidad de las letras para unir a personas en las antípodas personales, socioeconómicas o geográficas, la música también posee esa capacidad para conectar no solo creador y oyente, sino también oyentes. Quién les iba a decir a Nawel y Alice que ese nexo que forjaría su amistad se convertiría también en el motor de sus vidas en…

LA NOCHE ES MI REINO
de Claire Fauvel

Tras su debut en nuestro país junto a Julia Billet en La guerra de Catherine, Astronave publica La noche es mi reino, un cómic en el que la francesa Claire Fauvel se ocupa del guion, dibujo y color y de una historia que aunque geográfica y temporalmente se localice en el París de nuestros días, los temas son tan universales que podría haberse llevado a cualquier otra localización y momento. El cómic es un viaje iniciático hacia la edad adulta, ese amanecer que con su luz define los bultos que se atisbaban en la noche, ese abrir los ojos a la realidad que nos rodea, ese percatarnos del esfuerzo y sacrificio que requieren lo sueños, ese descubrir cómo funciona el mundo.

La magia de la creación.

La música es el epicentro, el leitmotiv, la causa y la consecuencia de las viñetas de este cómic dirigido a lectores desde 14 años (epígrafe de la colección en la que se encuadra dentro de Astronave), imbricándose armoniosamente en la vida y el entorno de Nawel, una joven de Mont-Mesly (distrito de Créteil, una ciudad al sur de París) con inquietudes, personalidad, talento para su pasión -la música- y un prometer grupo fundado junto a su mejor amiga Alice, “Nuit Noire” (Noche negra). Sí, efectivamente, ese grupo es el reino al que hace referencia el título. Pero también es en esa parte del día cuando se recibe la visita de las musas, se experimenta como no puede hacerse bajo la luz del sol o en una calle atestada de viandantes en pleno ajetreo diurno. La noche es, pues, el momento en el que sentir plena libertad.

La historia se construye en torno al personaje de Nawel, en sí ciertamente atractivo aunque esté formulado desde una serie de estereotipos (que no por ello dejan de representar una realidad) y que sirve de excusa para abordar un buen número de cuestiones socioculturales y de corte personal que van aportando, construyendo y dando solidez a la trama, desencadenando lo que me parece un interesante ejercicio de reflexión sobre la sociedad en que vivimos.

Nawel, como hija de padres argelinos, pone cara en la ficción a las segundas generaciones y sus implicaciones sociales. La autora refleja con mucha sensibilidad y precisión esta cuestión, desde la búsqueda de la identidad personal intentando dejar de lado la identidad de comunidad presupuesta y heredada (sobrevolando el hecho de ser mujer), los pequeños conflictos de convivencia o la segregación. Pero también habla de respeto y de la importancia de contar con personas que nos quieren y nos apoyan en todo momento, que comparten con nosotros sueños, esperanzas y decepciones. Creo que si algo destaca por encima de todo en esta historia es la forma en que influyen las convicciones y los sentimientos sobre nosotros y cómo afrontamos las relaciones personales.

Maldito miedo escénico…

En el cómic se habla de música en cuanto a su concepción como arte y herramienta de creación capaz de canalizar emociones, trasmitir eficazmente y unir a personas de todo tipo y condición. El producto final de esa creación artística es fruto de un gran esfuerzo y de horas de modelar y pulir. Apasionarse es sinónimo de implicarse al máximo, de invertir todo tu ser, de querer ofrecer lo mejor de ti, de seguir adelante aun cuando sabes que no puedes ofrecer más o que no hay marcha atrás. ¿Próxima parada? Obsesión. Pero la música no es el único elemento que vemos en las viñetas que recorre este trayecto. ¿Qué sucede cuando entra de repente en nuestra vida una persona que nos deja K.O., provocándonos tal fascinación que ya no nos la podemos sacar de la cabeza? Ese sentimiento tan fuerte que en un primer momento parece darnos alas, e incluso liberarnos de aquello que éramos hasta ese momento, puede acabar por apresarnos.

Y entre todas esas cuestiones, maquetas, instrumentos musicales, conciertos, Paul McCartney, CDs, críticas de medios especializados, concursos musicales, festivales o productoras discográficas. Fauvel exprime los recursos propios del medio para transmitir la explosión de sentimientos que tienen su zona cero en lo más profundo de Nawel: primerísimos planos, onomatopeyas (esos latidos del corazón que rompen el silencio), viñetas que con su tamaño desbaratan la distribución habitual, los juegos de cadencias y ritmos en los tamaños de viñetas, composiciones a página completa o a doble página a sangre. El sonido y su ausencia está muy trabajado, desde los diálogos a las letras musicales que ponen melodía a viñetas y páginas completas, sin olvidar los silencios que traspasan la cuarta pared y contribuyen a la dramatización y exaltación de una serie de instantes clave.

 

La música se nutre de la vida y de nuestras experiencias. Escuchar un tema es participar de las ilusiones y decepciones de quien lo ha compuesto, encontrando en muchas ocasiones nuestra propia melodía. Nawel está componiendo la banda sonora de su vida. Y es que los mismos sentimientos que mueven el mundo son los que dan fuerza a la creación artística, los que imprimen un significado y los que posibilitan una conexión emocional con el receptor. Estas viñetas son sus primeros temas, ¿os apetece escucharlos?

¡Nos vemos en la Zona!

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