LA EDAD DE ORO: VOL. 2, de Roxanne Moreil y Cyril Pedrosa

 

Título original:
L’âge d’or: Volume 2 HC
Sello: Éditions Dupuis
Guionistas: Roxanne Moreil y Cyril Pedrosa
Artista: Cyril Pedrosa
Coloristas: Cyril Pedrosa, Joran Tréguier y Marie Millotte
Publicación Bélgica: Noviembre 2020
Publicación España: Noviembre 2020 (Norma)
Valoración: En tiempos como estos, segunda parte

 

«Ansiedad de tenerte en mis brazos, de tener tus encantos…»

Así andaba yo musitando cual Nat King Cole desde hace cosa de poco más de dos años, momento en que caí rendida ante la sugerente portada del cómic que os voy a hablar hoy. Pero la cosa no quedó allí. No fue el típico flechazo superficial: no solo era bonito por fuera, también por dentro. El tebeo encerraba una narrativa consistente y un espectacular apartado gráfico. Extasiada quedé tras su lectura y quise compartir con vosotros mis impresiones desde este mismo espacio. Pero, ¡ay, desdichada de mí!, unas palabras me sumieron en la más honda melancolía: “Volumen 1”. Sé que muchos habéis padecido de ese mal y por eso me entendéis a la perfección. Esa insondable angustia de saberos inconclusos, como ese tomo que tenéis en las manos. Una insoportable zozobra que provocan los verbos “continuar” o “concluir” conjugados en su incierta forma futura. Ese chequear webs en busca de noticias en las que se informe sobre la tan esperada continuación de ese tomo que se espera como agua de mayo.

Y, por fin, se produce el tan esperado anuncio. Después de leerlo, disfrutarlo y haberlo ubicado en un lugar privilegiado de mi biblioteca personal, por fin puedo hablaros de…

LA EDAD DE ORO, VOL. 2
de Roxanne Moreil y Cyril Pedrosa

Cyril Pedrosa y Roxanne Moreil terminan lo que comenzaron en aquel primer volumen dando forma en este segundo volumen de La edad de oro a una redonda epopeya impregnada de esa aura que solo adquieren las grandes narraciones, ambientada en una suerte de Edad Media europea con un interesante trasfondo social, político y de lucha de clases, con una protagonista sobre la que recae todo el peso de los momentos históricos y todo el poder de un texto perdido y legendario.

Pedrosa y Moreil repiten la fórmula del guion a cuatro manos. Para Moreil esta es su primera incursión en el mundo de la creación, aunque lleva muchos años involucrada en otros aspectos relacionados con el noveno arte: la Maison Fumetti de Nantes, el proyecto editorial La Vie Moderne o el comisariado de la exposición feminista “Une BD quand je veux si je vex”. Cyril Pedrosa, con trabajos en el mundo de la animación (su paso por los estudios Disney han dejado huella en su estilo), la ilustración y la historieta (entre sus tebeos aquí en España publicados, Portugal, Norma, 2012) es el responsable absoluto de la plasmación gráfica, aunque en este volumen ha contado con ayuda en el apartado del color.

No puede faltar un mar enfurecido en un relato épico.

El color es, sin lugar a dudas, uno de los aspectos que más llama la atención del cómic. Sucedía en el primer volumen y también en este segundo. Y es que se repite el tratamiento de tonalidades, los juegos cromáticos y la intencionalidad del uso de colores fríos y cálidos que imprimen una magia especial al resultado y una efectiva iluminación. No obstante, se aprecian ligeras variaciones en algunos instantes y con respecto al primero, debido seguramente a los derroteros por los que lleva la trama, esa beligerancia argumental implícita y cómo afecta a los diversos personajes, así como quizá también a esas manos ajenas a Pedrosa. El ritmo narrativo viene impuesto nuevamente por la composición predominante de dos por tres y sus variaciones por pisos, viñetas a página completa y dobles páginas. En el trazo de Pedrosa, en las composiciones y la combinación y utilización de elementos del medio se percibe ese sabor a la iconografía de la Edad Media, a los tapices de esas épocas y a la pintura flamenca de Bruegel que el historietista concibió para este trabajo.

Si bien se puede hablar de continuismo gráfico y formal en los dos volúmenes, el ritmo parece acelerarse desde el lapso transcurrido entre la última viñeta del primer volumen y la primera del segundo. La historia de traición y ambición, y de lucha por la dignidad y la libertad, avanza sin inercias injustificadas, con celeridad y de manera orgánica a partir de las decisiones y actos de sus personajes, notándose un cambio en la cadencia. El elenco de protagonistas y secundarios -de variadas y ricas personalidades- que han ido evolucionado al ir tomando partido por aquello en lo que creen, son los encargados de hacernos notar a través de sus acciones y sentimientos que el incierto desenlace a esa lucha encarnizada que presenciamos desde la primera página de este segundo volumen se halla cada vez más cerca. Las guerras cruzadas entre quienes ansían ser cabeza visible del poder (recordemos que a la princesa Tilda le habían usurpado el trono) y aquellos que pretenden acabar con la pleitesía feudataria impuesta porque creen en la igualdad, en el valor de la sociedad del esfuerzo y del trabajo y en la extinción de la meritocracia hereditaria, son el escenario en el que culmina la trama iniciada y desarrollada en el primer volumen.

El invierno es lo que tiene, temporales.

La oscuridad del rigor invernal se cierne en las páginas del interior ya desde la misma ilustración de la cubierta, más sombría que la del primer volumen pese a predominar los tonos cálidos. Si en esa primera se atisbaba un aura de leyenda, enaltecedora y misteriosa en torno al papel que Tilda estaba llamada a desempeñar, en esta segunda la escena se presenta épica, sí, pero despojada de cualquier otro matiz que la idealice. Después de ver esta segunda, casi sentimos que en su momento no interpretamos bien aquella primera visión. Y ya que sale a relucir su presencia, qué gran personaje el de Tilda, una luchadora con sus luces y sus sombras que, aprendiendo día a día, ha de forjar no solo su propio destino, sino el de toda una comunidad. Casi se podría hablar de ella en términos de superheroína; ya se sabe aquello de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Cada uno de los personajes que han ido apareciendo van encajando en su lugar. Independientemente de lo insignificantes que pudieran parecen sus existencias (esos campesinos a través de cuyos ojos vemos las más grandes miserias, como el trío que conforman Pouderigne, Languille y Pablito) o del peso que soportan en el argumento (la princesa Tilda, sus fieles y leales caballeros Tankred y Bertil o ese soberano en un trono que no le corresponde), son pieza y condición necesaria para componer ese mosaico simbólico y con aires de leyenda que entraña tantas cuestiones aplicables a cualquier temporalidad y geolocalización. A la actual, sin ir más lejos. Como la importancia de conocer la sabiduría reposada de los textos y reconocer el poder que supone el conocimiento.

Por cierto, que con este segundo volumen se ha repetido la estrategia de promoción orquestada con el primero, programándose a modo de aperitivo en el blog L’age d’or un avance de un capítulo por semana hasta la fecha de aparición del cómic. Todavía se puede consultar el material extra e interesante información sobre la obra y sus creadores.

Recuperando fuerzas antes de volver a hacer la guerra.

La verdad es que no soy muy dada a las obras por partes. Huyo de ellas como de la peste por esa sensación de dependencia y de desazón al comprobar el tiempo de espera entre publicaciones. Pero con este título ha sido diferente. Además, lo concibo como una historieta unitaria dividida en dos partes por cuestiones de volumen y legibilidad.

La edad de oro me parece en su conjunto una obra cautivadora, redonda y de magistral factura. Una fascinante historia en dos cuidados volúmenes en cartoné, a los que solo les falta la cabezada y el registro para darles la máxima excelencia formal (este segundo volumen incluye a doble página tras las guardas delanteras y la portadilla la ilustración que figura en la edición especial de Dupuis), que plantea una épica ficción y una epopeya social, en una narración muy evocadora, con unos personajes sumamente atractivos y una secuencia en viñetas que es un verdadero deleite para los sentidos. Maravillosa e imprescindible.

¡Nos vemos en la Zona!

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